Galina Ustvolskaya
Tengo curiosidad por lo desconocido. Bueno, hay aficiones peores, así que en la lista de vilezas humanas no está entre las primeras. Esa es una de las razones por las que de vez en cuando, ante las estanterías de CDs de los comercios, al ver el nombre de un compositor del que no había oído hablar en mi vida o del de una obra con un título que capte mi atención, mi mano la agarra mientras me pregunto cómo demonios sonará la música que encierra en su brillo metalizado. En ese momento el azar entra en juego: en ocasiones me llevo una tremenda decepción, pero en otras descubro pequeñas o grandes maravillas.
Creo que fue hace 2 años o quizás un poco menos cuando en uno de esos paseos por la sección de discos de ciertos grandes almacenes cortados a la inglesa (en mi ciudad no hay otro sitio donde adquirir música clásica en condiciones medianamente potables.. y si lo hay y yo no me he enterado, ¡por Dios, ¿a qué esperan para decírmelo?!)… continúo… iba yo deambuleando entre los expositores de CDs, pasándolos con mis dedos, a la caza de tesoros, cuando veo lo siguiente:
Tanto Rihm como Zimmermann eran de sobra conocidos por mí, pero ¿quién demonios era esa Galina Ustvolskaya? (Nota: transcribo el nombre a la española… la de la portada del CD es a la alemana). Ya ven: lo desconocido. Y yo, como el perrito de Pavlov (guau, guau, arf, arf), agarrando fuertemente el CD y dirigiéndome a la caja a pagarlo.
Estuve casi 24 horas preguntándome qué escondería la Sinfonía nº3 de la tal Ulstvolskaya; ese día cené fuera y, claro, tuve que demorar la escucha hasta que salí de trabajar al siguiente. Y así, después de darle las suficientes vueltas al nombre en mi cabeza, tratando de poner sonido a esas palabras, al día siguiente coloqué el CD en el reproductor, me senté, cogí el mando a distancia y pulse “Play”.
Este comienzo no es que sea una maravilla, e incluso entra más o menos dentro de lo previsible. Una especie de triple llamada con un inequívoco carácter obsesivo, que viene determinado por tres cosas: el tiempo que permanece sonando cada una de las tres (unos 12 eternos segundos, superior al que quizás pudiera considerarse habitual), la utilización de las maderas en un registro seco y la división de ellas, haciendo que algunas se quedan pegadas a un nota, mientras que otras van ascendiendo. Bueno, es una interpretación personal y, no nos engañemos, a lo mejor estoy viendo más cosas de las que hay. Mejor dicho, quiero darle más sentido a elementos basándome en una escucha a posteriori (yo ya he oído la pieza y mi percepción ha cambiado desde ese primer instante).
Lo que sí que les puedo asegurar (enciendan un fuego y pondré mi mano sobre él) es que no estaba en absoluto preparado para lo que vendría después. No podía imaginar la violencia, la aspereza y la angustia que Galina Ustvolskaya podía concentrar en su música. Miren que he escuchado cientos y cientos de obras de todos los géneros y pelajes. Pues ni aún así: la sorpresa fue mayúscula. Y para bien.
Lógicamente, empecé a buscar información sobre esta compositora, empezando por las notas que acompañaban al propio CD. Lo primero es ponerle rostro a ese nombre, que pertenece a alguien que nació en San Petersburgo en el ya lejano año 1919. Si hasta hace poco, oír su música era difícil, por no decir imposible, conseguir una foto de ella es una tarea de titanes, ya que apenas sale de su minúsculo apartamento de la Perspectiva Gagarin, no concede entrevistas, no viaja,… vamos, que su contacto con el resto de la humanidad es casi nulo. No se extrañen si sólo he conseguido cinco fotos de Ustvolskaya. Bueno, ustedes dirán que son más de las que habitualmente pongo en post sobre un compositor… y tienen razón. Pero es que aunque quisiera haber puesto más, no hubiera podido: estas cinco son las únicas que encontré. Es como tener una imagen de una animal rarísimo que vive en lo más profundo de la selva, así que cada una de ellas es de lo más interesante para intentar echar un poco de luz a esta elusiva mujer.
Las dos primeras fotos son bastante antiguas, de sus años mozos. La tercera es la minúscula foto que viene en uno de los cuadernillos de los CDs que tengo con música de ella. Luego damos un salto temporal inmenso para llegar al 6 de enero de 1996, fecha en la que, cual regalo de Reyes Magos, se celebró en el Concertgebouw de Amsterdam un concierto dedicado a ella y auspiciado por dos admiradores suyos: Mstislav Rostropovich y Reinbert de Leeuw (que aparecen en la imagen aplandiéndola). Creo que es la única vez que Ustvolskaya se desplazó al extranjero para asistir a un concierto de su obra. La última foto es la que ella misma autorizó para que la empleara su casa de edición músical: Sikorski.
Poco se sabe de la biografía de Galina Ustvolskaya. Apenas unos pequeños retazos. El más comentado es el de sus estudios con Shostakovich, con el que tuvo un affair amoroso en los años 50, algo que parece seguro (poniéndonos en plan prensa rosa, quién cortó con quién es ya otro tema, las versiones varían según el testigo que cuente la historia). Shostakovich veía en Ustvolskaya su alumna con más talento y una gran compositora que daría mucho que hablar en el futuro. Es conocido su reconocimiento sobre la influencia de la música de Ustvolskaya en él, a pesar de ser su maestro, aunque a mi me da la sensación de que la influencia es muy ligera y que son más unas amables y elogiosas palabras sobre ella, ya que aparte de ciertas semejanzas en la querencia de ambos por los semitonos no parece que haya una conexión más fuerte. Puede que algunos temás sean comunes, en concreto la oposición a la tiranía estalinista, pero en Ustvolskaya no aparece ni el carácter humorístico y sarcástico de buena parte de la obra de Shostakovich ni tampoco su utilización de temas populares (danzas, marchas, etc.), por especificar dos ejemplos. Bueno, quizás el hecho de que ambos mantuvieran una relación amorosa haya influido en desatar la imaginación musical en este caso.
En fin, sea como fuere, a Shostakovich le impactó fuertemente la música de Ustvolskaya: Triste y excepcionalmente hermosa, se aproximó al piano tímidamente para tocar su nueva obra a Shostakovich y repentinamente golpeó las notas graves con tal fuerza, al mismo tiempo que se lanzaba en un estallido como de ametralladora al registro agudo, que involuntariamente di un respingo ante el contraste de su modestia como persona y su música increiblemente poderosa
Poderosa es una palabra adecuada para describir la música de Ustvolskaya. No es bella, por lo menos de la forma habitual. Es algo macizo, pétreo, sólido. No es una grácil escultura de translúcido mármol, sino un tosco monumento granítico.
De la misma forma que rehuye casi todo contacto humano, mantiene una actitud sobre su obra vagamente semejante. Su música debe escucharse pero no analizarse. No es que lo recomiende, sino que literalmente ruega a todos aquellos que realmente aman su música que no intenten analizarla. A pesar de esta imploración, y a pesar de que su música me gusta mucho, voy a cometer el “pecado” de dar unas pequeñas pistas sobre ella (en absoluto analizarla, algo que está por encima de mis conocimientos). Bien, ¿quién dijo que tenemos que seguir ese ruego?
- Timbre seco y áspero. Desde luego, no busquen en Ustvolskaya ni música delicada ni que posea una extensa paleta de colores. Vamos, que ni es una Debussy, ni una Ravel, ni una Rimsky-Korsakov. Aquí se van a dar de bruces con notas que raspan como si fueran papel de lija. Entre otras cosas, es debido a las peculiares combinaciones instrumentales que elige la compositora rusa. Por ejemplo, para su Sinfonía nº3 “fabrica” el siguiente conjunto: 5 oboes, 5 trompetas, 1 trombón, 3 tubas, 2 bombos, 1 tambor, piano y 5 contrabajos. Fíjense en que el timbre esta decantado hacia los extremos: lo muy grave y lo muy agudo. Y también en que ha eliminado todo sonido aterciopelado, suave o, dicho de otra fortma, humano, ya que han desaparecido los violines y las violas, las flautas, los clarinetes y las trompas. Bueno, he mentido, si hay un sonido humano. Es más, más humano, imposible: la voz. Y no una voz estilizada que canta, sino una voz terrestre que recita.
¿Algún ejemplo más? Su Sinfonía nº5 tiene similares características, pero en un formato más reducido, ya que sólo hay un representante de cada instrumento: recitador, violín, oboe, trompeta, tuba y percusión.
Último ejemplo: su Composición nº3 vuelve a plantear un juego de extremos, ya que recurre a 4 flautas y 4 fagotes, que son los extremos naturales de la familia de las maderas (digo naturales para indicar los instrumentos básicos, sin recurrir a sus “ampliaciones”, como los flautines y los contrafagotes). Pero Ustvolskaya añade otro instrumento más a los ocho anteriores. Uno cuyo rango es enorme y que servirá de puente entre flautas y fagotes: el piano. Además, le servirá como sustituto perfecto de la inexistente percusión en esta obra.
- Es una música de extremos dinámicos, pues pasa de lo inaudible (ppppp) a lo estruendoso (fffff) y viceversa. La música, en estas condiciones, golpea más que acaricia. Y golpea fuertemente, sin medias tintas. Ya vieron que las combinaciones instrumentales son reducidas en comparación con dispositivos orquestales más normales. Da igual, a Ustvolskaya le llegan y le sobran para construir abrumadores y sobrecogedores fortissimos y para dejar que la música se ensimisme de forma que casi es nuestro cerebro el que tiene que imaginarla, de tan débiles que son sus pianissimos.
- Construcción rítmica obsesiva. Ustvolskaya emplea el obstinato con tanta profusión y facilidad como la que demostraban los Strauss creando una miríada de valses y polkas. Unan ustedes este “martillo” rítmico al timbre seco y a la dinámica extrema y el paisaje que se dibuja rebosa desolación. Aterrador.
- Corto rango de tempo. Para que el anterior obstinato rítmico sea más efectivo, Ustvolskaya casi siempre situa la velocidad de sus obras en la brumosa zona entre el adagio y el andante. No es ni rápido ni demasiado despacio. Más bien parece un ejército que marcha morosamente.
Si las anteriores eran unas características musicales, hay otras extramusicales que conviene mencionar para comprender el estilo de Galina Ustvolskaya.
- La primera es el carácter religioso de gran parte de la obra musical de Ustvolskaya. Si bien la propia compositora afirmó que su concepción de la religión está muy ligada a la naturaleza, creo que no me equivoco si señalo que es uno de los aspectos que da sentido a su estilo. En este caso, lo religioso no es algo misterioso pero alegre y benéfico, como sucedía con la música de Messiaen (¿recuerdan?), sino que muestra un rostro severo, anguloso y ciertamente terrorífico. ¿Y cómo, además de en los textos, se muestra ante nosotros esta religión? Principalmente a través de un fuerte carácter ritual que se percibe cuando escuchamos sus obras; una especie de teatralización de la religión que nos llega desde muy antiguo, con elementos musicales simples (ritmos básicos, pocos instrumentos, lecturas de textos,…) que da a los pentagramas un aspecto ascético y ceremonial. Y esto no es sólo algo abstracto, no: tanto es así que incluso ella requiere que sus obras sean interpretadas con ese sentido de ritual, no sólo en lo musical, sino también en ciertas exigencias visuales (por poner un ejemplo, en su Sinfonía nº5 indica que el recitador debe ir vestido de negro).
Es a partir de los años 70 cuando Ustvolskaya comienza a poner nombre a sus varias de sus obras, dándoles títulos religiosos. Así, sus sinfonías nº 3 a 5 se llaman, respectivamente, Verdadera y Eterna Bendición , Jesús Mesías, Sálvanos, Plegaria y Amén, mientras que sus Composiciones nº1 a 3 se denominan Dona Nobis Pacem, Dies Irae y Benedictus, Qui Venit. Ojo, no se engañen, un título aparentemente beatífico no conlleva necesariamente una música de igual carácter; ya les dije que esta señora tiene un estilo tremendamente personal.
La relación entre el estilo y la religión, ¿podría ser una pista para dar sentido a tamaña desespeción que refleja su música? Yo creo que sí, que interviene en una hipotética ecuación que intentara desentrañar su sentido. No sé en qué grado de importancia, pero que tiene que considerarse como variable a introducir en ella es seguro.
- Una segunda variable extramusical es la propia historia de la URSS. Más concretamente, cómo el sistema impuesto por la cúpula del poder afectó a la vida de sus ciudadanos y, en concreto, de sus artistas, llámense Mandelstam, Mayakovsky, Ajmatova, Pasternak, Shostakovich, Vainberg, Gubaidulina o Ustvolskaya (hay cientos donde escoger, desgraciadamente). Esa terrible historia parece transmitirse entre las notas y silencios de la música de Ustvolskaya, quizás en sus obstinatos, pueder ser que a través de su parquedad tímbrica, a lo mejor por el silencio con que se vivía, sin querer llamar la atención, una vida en ppppp, y el momento en que los servicios de seguridad del estado cerraban su mano de hierro, un dolor insoportable, un grito en fffff. Se me acaba de ocurrir que he de probar a leer algún capítulo de ese excelente libro-documento que es Archipiélago Gulag, de Alexandr Solzhenitsyn con el fondo musical de Ustvolskaya.
Ambos aspectos (represión y religión) puede que también estén relacionados, ya que es un hecho que el refugio en la religión (en privado, claro) permitió a algunos de sus ciudadanos sacar fuerzas de flaqueza y sobrevivir a esas espantosas décadas; es algo natural mirar a lo espiritual cuando la vida terrenal es tan insoportable. No es el único caso dentro mismo de los compositores rusos: Gubaidulina, Pärt y Karamanov también vuelcan varias de sus composiciones sus composiciones hacia el aspecto religioso (no en igual grado), bien formalmente, bien como fuente de inspiración.
- Pero por encima de todo esto, represión y religión, o quizás como consecuencia de ello, la soledad que necesita Ustvolskaya para sobrevivir en este mundo. Quizás sea lo más importante para desentrañar su sonido. Una soledad sin apenas concesiones. No encontrada fortuitamente, sino buscada con tenacidad. Casi absoluta. Eso hace su música más importante, ya que sin declaraciones, sin escritos, sin entrevistas, esa música se convierte por tanto en su medio de comunicación con el mundo.
Al hilo de esto, es curiosa su elección de textos para tres de sus sinfonías, las números 2, 3 y 5: acude a Hermann de Reichenau (también conocido por Hermannus Contractus), un monje alemán del S.XI, compositor y estudioso del arte musical. ¿Por qué es peculiar esta elección? Porque este monje sufría una parálisis desde niño, una tal que incluso le impedía hablar. No creo que los textos sean tan magníficos como para superar a otros muchos de miles de poetas o literatos que bien podían haberle servido. Lo que creo es que escogió estos textos precisamente por quien los escribió, porque quiso decir algo con ello. Quizás el titánico esfuerzo que debió ser para ese monje ser paralítico y mudo en pleno S.XI, para seguir profesando su fe en esas condiciones, para escribir obras musicales y científicas,… Y es que las obras de Ustvolskaya también parecen ser producto de enormes esfuerzos, que podemos percibir cuando suena.
Bien, dejémonos ya de palabras y pasemos a escuchar alho de la música de Ustvolskaya. Ya saben, una imagen (un sonido en este caso) vale más que mil palabras.
Por ejemplo, aquí tienen el inicio de su Sinfonía nº2. Poca cosa, sólo un piano y dos golpes de la percusión, pero Ustvolskaja ya ha puesto en marcha el ritmo que dominará (¡y de qué modo!) la obra:
Hay más instrumentos en esta obra: seis flautas, seis oboes y seis trompetas; un trombón trombone, una tuba y la voz de un narrador. Pero no se preocupen, el martilleo obsesivo continuará en ese andante infernal más que divino. Por ejemplo, en la entrada de los instrumentos de viento:
Ustvolskaya irá así construyendo alineando uno tras otros bloques de este tipo… y en medio de ellos colocará la voz que implora (y que parece no obtener respuesta, por lo que podemos deducir de la línea descendente de la última llamada): Gospodín! (¡Señor!)
El efecto de un grupo pequeño de instrumentos tocando fortissimo el ritmo obsesivo, quedando callados de repente y dejando que el silencio sea el eterno tapiz sobre el que la voz murmulla ¡Señor! es sobrecogedor y, por qué no, desasosegante:
A partir de ese clímax, la música se hace menos agresiva, aunque el ritmo continúa sigue ahí, pero no tan tenebroso como antes (sólo aparecerá una vez más en un pequeño bloque que incluye 6 golpes sordos), y terminará en un casi inaudible pianissimo.
Ahora vayamos a la siguiente sinfonía, la nº3. Casi al principio del post les puse el enlace de audio de cómo empezaba. Óiganlo de nuevo:
Bien, ¿cómo sigue la cosa? Así:
Sí, es un ritmo obsesivo similar al de la anterior obra, ¿y se han fijado en que el tempo (la velocidad) es también parecidísima? En esta sinfonía volveremos a encontrar el contraste de pasar de un fortissimo a un pianissimo y también volveremos a encontrar un voz suplicante. Esta tozudez, o perseverancia (como prefieran), me parece fascinante. El limitarse a unos pocos materiales de partida y poder crear una música tan angustiosa, tan poderosa, me parece asombroso.
Así es la música de esta mujer desconocida entre nosotros hasta no hace mucho. Dice el compositor ruso David Suslin que Galina Ustvolskaya es como un agujero negro. Bueno, quizás no sea negro del todo, ya que permite que algo de luz escape de su campo gravitatorio: su cegadora y angustiosa música.









