Chuuunda-chuuuunda

Es cierto: el pecado de los españoles es la envidia. Si no no se explica que después de tantos tantos años quieran poner letra su himno nacional. Y es que se ve que a algunos les daba envidia ver a los súbditos de otros países emocionarse entonando su himno respectivo, así que se dijeron ¡Yo quiero ser como ellos!.

Oigan, que a mí, que se emocionen los demás me da igual. Es problema (o no) de ellos. Incluso ya he dicho alguna vez por estos pagos que oír el himno gales en Cardiff durante un partido de rugby tiene su punto. Debe ser lo único que lo tiene dentro de los himnos nacionales, porque no es que yo los aprecie mucho (eso sí, cuando suena alguno en alguna competición deportiva, uno se pregunta si eso era un himno o notas dadas por casualidad, no pudiendo evitar una pequeña carcajada). El español (la música, claro) me lo sé a fuerza de haberlo escuchado miles de veces, mientras que el gallego (donde nací y vivo) o el madrileño (donde residí más de dos décadas)… en fin, ni los reconocería. Al fin y al cabo, nacer en un sitio o en otro es algo casual.

Yo pensaba que lo único que tenía bueno nuestro himno era que no había que aprenderse la letra, que se tarareaba juerguísticamente en plan chuuuunda-chuuuunda y que podías gritar de lo lindo cuando lo ponían en un estadio, sin tener que quedarse parado mano al corazón (lo que era muy conveniente cuando se habían tomado un par de copas de más). Vamos, que en eso era distinto, particular.

Pues ahora le ponen una letra cursi y ñona (como todas) simplemente para poder decirles a los franceses, a los estadounidenses, a los italianos y a los alemanes que nosotros también la tenemos. Hay que ser estúpido.

Pos fale, pos fien, pos m’alegro. Que se lo aprenda Rita.

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Categorías: Miscelánea

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