Oh, what a beautiful morning (o así)

Mi más profundo agradecimiento a los de la obra de al lado, que, estando yo de vacaciones, puntualmente me despiertan a las 8 de la mañana con la taladradora industrial, un aparato salido del infierno que apenas necesita asistencia humana y, por lo tanto, pica y pica sin descanso la masa rocosa sobre la que está construido el barrio. Eso sí, para que dicha maquinita no se sienta sola, hay otra picadora-excavadora que le ayuda a dar los buenos días a los vecinos con su dulce sonido.

Hala, todo el mundo en pie (MP3 – 00:19 – 19 KB)

¿No podrían las ordenanzas municipales decir que las obras que sobrepasen un determinado nivel de ruido no se empiecen hasta una hora prudencial (las 9 de la mañana, por ejemplo)?.

Ah, ya puestos, los de la cafetería del centro les agradecen que hagan que uno de sus clientes (un servidor) tenga que desayunar allí todos los días por no aguantarles.

Como va de ruidos, voy a agradecer también a los señores del del Ayuntamiento que hace 1 mes decidieron levantar mi calle para reasfaltarla (repito, levantar la calle, no el reasfaltado en sí, que eso no produce mucho ruido). Como pensaron que cortar el tráfico durante el día era una putada (argumento que, faltaría más, no utilizan cuando el motivo es un evento festivo o deportivo), se dedicaron a joderles el sueño y el descanso a los residentes de unas cuantas manzanas de edificios. Vale, fue una sola noche, pero la de ojeras que se vieron a la mañana siguiente (por no hablar del humor que se gastaba el barrio).

Eso sí, luego los políticos se cansarán de hablar de mapas de ruido, de contaminación acústica, de lo primero es el ciudadano, de calidad de vida, de bla, bla y bla (ja, que se lo cuenten a quienes sufren el botellón).

Así que pemítanme que me desahogue:

¡¡¡Me cago en todas las putas obras en un radio de 100 metros!!!

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Categorías: Miscelánea

3 comentarios »

  1. Yo llvo un año y medio sufriendo esto. Y que mi edificio se cimbre a cada picotazo de la taladradora. Antes, veía desde mis ventanas la sierra de Collserola. Era una gozada. Ahora me han metido un mamotreto horroroso, que es el nuevo Ayuntamiento de Sant Cugat. Ése ya está construido, con el sacrificio de mis sábados y vacaciones, y con el agravante de que picaban hasta las 8 de la noche. Ahora hacen el parking: en total, dos años de tortura sonora y vibratoria.
    Yo también escapaba por las tardes a leer a un café, porque no podía estar en casa.
    Te mando mi solidaridad y afecto.
    Abrazos.

  2. Gabriela: Ah, qué bonita es la imagen del ladrillo-vista cuando uno se levanta por la mañana y abre la ventana. ;-)

    Por lo menos, yo no tengo el cimbreo… aunque a mí me da que los del edificio al lado de la obra (está enfrente del mío en el mismo patio de manzana) siídeben tenerlo, porque veo dónde están picando y, yo soy ellos, y tranquilo no estaría.

    Coño, yo espero no tener tan mala suerte y que la obra dure menos que la que te ha tocado sufrir a ti. Pondré velas a cuantos santos haya para que así sea (¿cuál es el patrón de los albañiles?).

    En fin, seguiremos sufriendo, Gabriela. ¡Ánimo!

    Ferre

  3. SI al menos fuese un edificio visible ¡qué sacrificios no haría yo por el arte!, pero Ferre, encima es horroroso.
    Besos.

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