La Mafia del Ladrillo

Cuando en algún periódico hablan de la Mafia del Ladrillo, los lectores ya se suponen que el artículo no es la crítica a una película que lleva ese título. También tienen bastante claro que el periodista no ha escrito media página sobre un nuevo clan mafioso siciliano de tan “edificante” nombre. No, el lector sabe que lo que va a leer es la historia de cada día, la del negocio de la construcción: la de los pisos por las nubes y los precios por la estratosfera (para no ser menos, ea), la de las subcontratas, la de las recalificaciones de terrenos, la de la corrupción política, administrativa y empresarial, la de los accidentes de trabajo (obrero de la construcción, sin duda el oficio más peligroso en España), la del “cuidado con la letra pequeña”, la de el euribor y la de unas cuantas cosas más que dan tanto o más pavor que las anteriores.

Por todo lo anterior, es de agradecer que alguien consiga reírse de su propio negocio con tanta gracia como la de los propietarios de una inmobiliaria coruñesa, que han jugado con su afición por el cine y con esa percepción delictiva que tienen del negocio del ladrillo los ciudadanos para, en sendos juegos de palabras y visual, hacer una pirueta en el aire y caer de pie con cierta clase delante de todas las personas que pasean por la avenida en que se encuentra su local.

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Por si alguno ha captado el juego de palabras, pero no el visual (aunque, qué quieren que les diga, es bastante evidente), aquí tienen el póster de una muy famosa película de 1972. Fíjense en la tipografía, las varillas de marioneta que decoran el título y el color blanco sobre negro.

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Categorías: Miscelánea

5 comentarios »

  1. felops — 02/09/2007

    La idea bien vale la publicidad que les haces.

    ¡Un saludo y bienvenido!

  2. Fer — 03/09/2007

    Recuerdo que cuando vi esa inmobiliaria pensé: “Para que disimular”. Y casi me da un ataque de risa; pero quedó en media sonrisa.
    Un saludo.

  3. Afortunadamente para todos, ninguno de mis hijos vive conmigo. Con esto quiero decir que ellos no han optado por la fácil ’solución’ de perpetuar su estancia en la casa paterna (materna, en este caso), para ‘resolver’ el problema de la vivienda. Cada uno ha escogido una forma distinta. La mayor alquila una habitación en casa de una chica que subarrienda; el mediano (que tuvo el ‘valor’ de casarse, con los tiempos que corren), alquiló una antigua portería a un precio bastante asequible, y la pequeña ha optado por okupar en el barrio de Camp del Arpa de Barcelona una casa cuyo techo me quita el sueño. Todas estas ’soluciones’ me parecen infinitamente mejores que seguir viviendo a los treinta y cuarenta con la mami.
    Los precios son imposibles, y aunque haya viviendas de protección, es como una lotería que puede no tocarte nunca.
    Cuando paseas por la calle y por casualidad te miras los precios de las viviendas (no te cuento, en Sant Cugat, lo que llega a costar un simple apartamento de 50 metros), te das cuenta que casi nadie, ni joven ni maduro ni viejo, puede embarcarse en una compra. Al menos, la agencia que nos muestras reconoce los métodos.
    Abrazos.

  4. ¡Qué grande!

  5. Jajajaja. ¡Qué bueno, sí señor…!

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