Las memorias de Speer

¿Se acuerdan de aquel post en que les comentaba una de las últimas escenas de la película El Hundimiento? El personaje que salía del búnker era Albert Speer, que fue primero arquitecto de Hitler y posteriormente Ministro de Armamento del Tercer Reich.

Albert Speer
El verdadero Albert Speer

Su libro de Memorias estaba esperando pacientemente en la estantería hasta que yo me decidiera a hincarle el diente. Pacientemente es la palabra adecuada: hace más de 3 años que me lo regalaron. Al fin, este verano abandonó la balda y pasó a mi mesilla.

'Memorias', de Albert Speer
“Memorias”, de Albert Speer
Ed. El Acantilado (ISBN: 978-84-95359-43-8)

Las Memorias de Speer son un relato apasionante (y, por si fuera poco, ameno) de los años más cruciales de su vida, aquellos que van desde su primer encuentro con Adolf Hitler en un mitin a finales de 1930 hasta su sentencia en los juicios de Nüremberg en 1946. Si en la mayoría de las autobiografías, los autores tienden a contarnos la más mínima peripecia que les ocurrió de niños, así como la anécdota familiar que no le interesa a nadie excepto a los miembros de dicha familia, Speer sabe que su época de “esplendor” es la que hace su vida diferente a la de los demás, por lo que apenas pierde el tiempo contándonos sus primeros 25 años en este mundo: sólo les dedica el capítulo inicial. Es más, tampoco relata su vida más allá de Nüremberg, y eso que salió de la cárcel de Spandau en 1966 y falleció en 1981.

Si bien el conocimiento o desconocimiento de Speer sobre los campos de concentración ha sido un tema que todavía hoy es motivo de debate (como pueden comprobar aquí), por lo que cuenta en sus memorias y sobre todo por cómo las cuenta, no cabe duda de que es consciente de lo que supuso el Tercer Reich en la historia moderna y de su responsabilidad personal como miembro del Gobierno y uno de las personas del círculo más cercano a Hitler. Así que el libro no sólo se convierte en un relato minucioso de los tejemanejes entre los diferentes jerifaltes, de las rencillas entre unos y otros, de la organización de los medios de producción en tiempos de guerra, sino que es un elemento más de la expiación personal de Speer. Él mismo deja claras sus intenciones en el prólogo del libro que transcribo aquí:

“Seguramente ahora escribirá sus memorias”, me dijo uno de los primeros americanos a los que encontré en Flensburg en mayo de 1945. Después transcurrirían veinticuatro años, de los cuales he pasado veintiuno en la soledad de una prisión. Es mucho tiempo.

Ahora presento mis memorias. Me he esforzado por describir el pasado tal como lo viví. A muchos les parecerá desfigurado; otros considerarán que mi perspectiva no es la adecuada. Sin embargo, he descrito lo que viví y cómo lo veo hoy. Para conseguirlo, me he esforzado en no eludir el pasado. No he querido sustraerme a la fascinación ni al terror de aquellos años. Los que también los conocieron me criticarán, pero eso es inevitable. Quería ser sincero.

Estas memorias se proponen explicar algunas de las causas que condujeron casi forzosamente a la catástrofe en que terminó aquella época. Quería mostrar las consecuencias del hecho de que un solo hombre concentrara en sus manos un poder ilimitado, y también aclarar qué clase de hombre era. En el tribunal de Nüremberg dije que, si Hitler hubiese tenido amigos, yo habría sido uno de ellos. Le debo tanto los entusiasmos y la gloria de mi juventud como el horror y la culpa que vinieron después.

Tal y como se mostraba ante mí y ante otros, Hitler despertaba simpatías; así lo describo, y también doy una imagen de él como hombre entregado y capacitado en muchos aspectos. Sin embargo, a medida que iba escribiendo me daba cuenta de que esas eran unas cualidades muy superficiales.

Y es que frente a todas estas impresiones se alza una experiencia inolvidable: el proceso de Nüremberg. Jamás se me borrará de la mente un documento que mostraba a una familia judía caminando hacia la muerte: un hombre estaba a punto de morir con su mujer y sus hijos. Aún hoy tengo esta imagen ante los ojos.

Fui condenado a veinte años de prisión por el Tribunal de Nüremberg. Aunque la sentencia del tribunal militar interpretó la Historia de modo muy limitado, intentó establecer una culpabilidad. La condena, siempre poco adecuada para medir la responsabilidad histórica, terminó con mi existencia burguesa. Aquella fotografía, en cambio, despojó mi vida de toda sustancia. Sobrevivió a la sentencia.

11 de enero de 1969
ALBERT SPEER

La relación de Speer con Hitler se fraguó dentro del campo arquitectónico, campo en el que Hitler dio vía libre a Speer para poner en práctica el modelo de nueva Alemania que el dictador tenía en mente. Así, descubrimos cuáles eran los proyectos que Hitler tenía destinados a las grandes ciudades alemanas, Berlín la primera, proyectos de un alcance tan vasto como la remodelación de París por Haussman en el S.XIX bajo el reinado de Napoléon III (no entraré en sus diferencias en cuanto a estética, diseño técnico o impacto social), proyectos que se hallaban bajo su dirección al ser nombrado Primer Arquitecto del Reich. La confianza que Hitler depositó en él y la especial protección que ello implicaba le permitió vadear con éxito los obstáculos que con frecuencia aparecían en el curso de los trámites administrativos, ya que podía tratarse de tú a tú con la mayoría de los cargos alemanes.

A lo anterior hay que añadir el propio carácter de Speer a la hora de resolver los problemas que se le presentaban y también su punto de vista (anormal en el contexto nazi) sobre las relaciones con sus subordinados. Speer permitía que la gente que trabajaba con él se expresara libremente sobre sus trabajos y la forma de llevarlos a cabo. No sólo eso, sino que escuchaba sus argumentaciones y decidía basándose en la veracidad de cuanto le exponían y teniendo en cuenta la objetividad que debe primar en toda decisión técnica. El resultado de esta actitud emergía en la finalización de los proyectos en tiempo, en la calidad de los materiales utilizados, en el cumplimiento de los presupuestos,… Speer aplicó con enorme éxito los métodos empresariales de organización y decisión que conocía; en el campo minado de la política nazi era una rara avis.

Cuando en febrero de 1942, en un accidente de aviación provocado, falleció el hasta ese momento Ministro de Armamento Fritz Todt, Hitler se dió cuenta de que la capacidad organizativa y práctica de Speer, que, además, había sido amigo y admirador de Todt, podía ser de gran ayuda en el Ministerio de Municiones y Armamento.

Speer, ya ministro, se convirtió en un personaje que podía en algunos momentos incluso pasar por encima de los todopoderosos gauletieres, los jefes regionales que eran los puntales del régimen nazi y a los que incluso el mismo Hitler temía. El Ministerio de Armamento era casi un peligro en el corrupto sistema burocrático y de prebendas nazi: un lugar donde la productividad, las ideas y la objetividad campaban por sus anchas. Tan eficaz fue la gestión del Ministerio que, en el período entre la finalización de la guerra y el internamiento previo a los juicios de Nüremberg, cuando Speer conversó con los enviados americanos e ingleses sobre los efectos que habían tenido los bombardeos aliados, el general F. L. Anderson, comandante en jefe de las unidades de bombardeo de la VIII Flota Aérea americana le transmitió su admiración en el campo profesional con las siguientes palabras, según Speer el cumplido más halagador que había recibido jamás:

Si hubiera conocido antes su capacidad, habría destinado a la VIII Flota Aérea americana al completo al único fin de enviarlo bajo tierra.

De la época en que era Ministro, Speer nos cuenta multitud de detalles que, en conjunto, nos permiten obtener una visión privilegiada y más general de las tripas del régimen y de la organización de la producción en tiempos de guerra. Así, por ejemplo, nos cuenta cómo el flamante revolucionario nuevo caza Messerschmitt Me 262 (primer caza a reacción de la historia) fue un fracaso debido a su utilización como bombardero, cuál fue la clave del fracaso de la famosa Operación Valkiria, el progresivo aislamiento de Hitler debido a su propio carácter y al férreo control impuesto por su secretario Martin Bormann, el “villano” del libro de Speer, o las soporíferas veladas con Hitler y sus allegados después de cenar.

En definitiva, el libro no sólo es esclarecedor sobre esos años al convertirse en una especie de “historia interna” del Reich desde el punto de vista de alguien perteneciente a la clase dirigente, sino que, además, es sumamente entretenido, no un aburrido y abrumador compendio de fechas y datos; Speer narra los sucesos con claridad y de forma amena, intercalando sus pensamientos y sus opiniones aquí y allí. Más de 900 páginas imprescindibles para todos aquellos que quieran saber un poco más sobre los mecanismos del poder en la Alemania nazi y, en general, para quienes sientan una mínima curiosidad sobre la historia contemporánea o sobre el comportamiento humano.

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Categorías: Libros y Revistas

4 comentarios »

  1. Airos — 09/09/2007

    Me alegro de que haya vuelto a la actividad bitacoril, don Ferre.
    Un saludo.

  2. Laura — 18/09/2007

    Gran recomendación. Una de las mejores autobiografías que he leído. Pensar que alguien con talento e inteligencia como Albert Speer se dejara arrastrar por el magnetismo de Hitler y formara parte del engranaje del Tercer Reich, desconcierta más todavía.

  3. Laura: Eso es precisamente lo que debe hacernos reflexionar. Mucha gente ve a los nazis como monstruos salidos del Averno para cometer mil y una tropelías… y no eran eso, eran tipos normales, como todos nosotros. Incluso personas inteligentes y con gran capacidad de análisis y diálogo como Speer.

    Tampoco debemos olvidar la situación en la que se encontraba Alemania antes de la ascensión de Hitler al poder (en unas elecciones, dato fundamental). La República de Weimar no fue precisamente un mundo feliz para las clases inferiores de la sociedad (trabajadores y campesinos vivían al borde de la pobreza).

    Y habría que añadir el funesto Tratado de Versalles con el que se dio carpetazo a la Primera Guerra Mundial. De hecho, los aliados aprendieron del error y no lo volvieron a cometer al final de la Segunda (postguerras diametralmente diferentes si nos limitamos a Alemania).

    Saludos,

    Ferre

  4. CALIGULA — 16/09/2009

    ASESINOS LOS NAZIS ?
    Teddy Rossevelt-Franklin Rossevelt-Harry Trumann-Curtis Lemay-Richard Nixon-Los Bush padre e hijo – y la lista sigue.
    Asesinos los nazis ?
    suerte chicos !

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