Ser un extra
En los rodajes de las películas suelen pasar un montón de cosas. Entre ellas, desgraciadamente, accidentes. Algunos de ellos que quedan recogidos por las cámaras para la posteridad porque el director y/o el montador no lo han descartado en la sala de montaje.
Ayer estaba viendo El León de Esparta (The 300 Spartans, 1962, Dir: Rudolph Maté), de la que hace poco Zack Snyder huzo una nueva versión con elementos del comic 300 de Frank Miller.
A lo que voy. Imagin que alguno de ustedes es un griego residente en el país helénico durante los años 60 y que participa de extra en esta película. Le dicen: Hombre, Iannis, chavalotis, te vamos a poner un uniforme guapo guapo y vas a hacer de soldado de élite del ejército de Jerjes, el rey persa. Mira si vas a ser soldado de élite que pertenecerás a la guardia personal del mandamás. Para que luego le digas a tu mujer, mi hermana, que no te busco curros buenos.
Que sepas que vas a ponerte un uniforme la mar de chulo. Coño, ni el Armani lo diseñaría más elegante. Y para chulo, chulo y medio: el cuerpo al que perteneces se llama “Los Inmortales”.
Iannis, lógicamente está “emosionao”. Él, que no pasó de recluta en la mili y que chupó más guardias que los leónes de las Cortes. ¡Quién se lo iba a decir! En la guardia personal del Jerjes. Inmortal “na” menos.
Total, que llega el día de rodaje y allí va Iannis (un Inmortal) a rodar. Pueden verlo aquí, rodeado con un círculo rojo. (Ah, que sepan que todas las imágenes son © Twentieth Century-Fox).
Ya lo ven. Miren lo contento que avanza para acabar con los 300 espartanos que esperan en el paso de las Termópilas, que, por otra parte, menudo sitio escogieron los mendas, sin un maldito chiringuito en el que tomarse un vino retsina, ni unos chopitos del Egeo, ni “na de na”.
En esto iba pensando Iannis sin saber que lo que podríamos denominar “su destino” se le acerca rápidamente:
Este destino no es otra cosa que una lanza. Sin punta (más exactamente: con punta roma), pero lanza al fin y al cabo:
Hay accidentes inevitables. No culpen a nuestro Iannis. Habría que tener los reflejos de varios miles de monos para poder escapar del castañazo que se va a tragar nuestro querido extra. El momento del impacto, a lo Paco Costas, lo pueden presenciar a continuación, con toda su crudeza (bueno, en realidad es justo una milésima de segundo antes de la catástrofe: la captura de imagen no da “pa” más):
Sí, señor, en todos los piños. Joer, justo ahora que Iannis se los había arreglado para aparecer hecho un dandy en la peli.
Tan fuerte ha sido el golpe que la lanza sale rebotada hacia atrás mientras nuestro héroe (a su pesar) se retuerce del dolor (el físico y también el monetario) echando su cabeza también atrás (y así aprovecha y cumple la conservación de la cantidad de movimiento, que si depués de tantas desgracias dejamos de cumplir las leyes físicas, mal vamos):
Posteriormente sólo queda decir unos cuantos ay, ay, ay, ay ,ay y esconder la ya inexistente blanca dentadura de la cámara de Rudolph Maté.
En fin. Si alguien, cuñado o no, les propone participar de extra en algún film, largo o corto, recuerden a Iannis, que hacía de Inmortal y acabó sin dientes (o sea, un inmortal desdentado, lo que es ciertamente patético) y piénsenselo bien. Avisados quedan.







