500

Podía ser la secuela de 300, pero no, el 500 viene del título de la película que vi ayer: 500 días juntos [ (500) Days of Summer; 2009; Marc Webb].

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Y la vi después de comer, que es uno de los mejores momentos para ver cine (apetece estar en el sofá)… y más ayer sábado, que por la mañana tocó compras navideñas y por la tarde-noche alguna más. Por cierto, un frío día: a las 9 de la noche el termómetro de Cuatro Caminos marcaba 4 grados. A los del centro y norte (no costero) esto les parecerá poco, pero es que la humedad reinante en la ciudad (casi una isla) hace que la sensación térmica caiga unos cuantos grados y que el frío se introduzca en cada resquicio de la ropa.

Tenía ganas de ver la película, porque que una comedia romántica reciba buenas críticas con una relativa unanimidad es cosa rara. Este género cinematográfico está lleno de lugares comunes que circulan por el metraje de esas películas: chico + chica (o sus variantes), enamoramiento, escollos, trabajo, encuentros, desencuentros, enfados, reproches, reconciliaciones, amigos/consejeros, posible familia rarita, historias pasadas, etc… ¡qué les voy a contar!, habrán visto innumerables películas que encajen más o menos con el patrón.

500 días juntos contiene muchos de los elementos citados, pero la historia está contada de tal manera y con tal punto de vista que la convierten en una excelente película, de esas que, como ocurrió a finales de los 80 con Cuando Harry encontró a Sally, se convierte en clásicos del género.

La película protagonizada por Billy Crystal y Meg Ryan era diferente al resto de comedias románticas que hasta aquel momento se podían ver en los cines: no contenía grandes cantidades de almibarada cursilería, era inteligente, tenía unos personajes creíbles y destilaba una cierta dosis de comedia sofisticada basada en unos diálogos brillantes. Además, retrataba la vida en Nueva York casi tan bien como lo haría Woody Allen.

Es lo mismo que le ocurre a la protagonizada por Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel, una historia que da saltos en el tiempo, como también hacía el film de Rob Reiner: en la de éste eran siempre hacia adelante, en la de Marc Webb van en ambos sentidos. Los diálogos supuran la misma inteligencia y chispa, los protagonistas conectan tan bien como Crystal y Ryan, los secundarios, si no tan importantes en la historia de Tom y Summer como en la de Harry y Sally, son igualmente notables. Y, por si fuera poco, da una visión de la ciudad de Los Ángeles completamente diferente al estereotipo de sol, playas y bandas; tanto que hasta bien entrada la película no me di cuenta de que se trataba de la ciudad californiana, algo a lo que ayuda la cuidada fotografía, el vestuario, los interiores y, no menos importante, el trabajo con el que se gana la vida el protagonista.

No quiero contar nada de la historia en sí, aunque supongo que alguno de ustedes ya saben de qué va, pero sí les puedo adelantar que su inversión de roles supone una atractiva variación a lo que ya se ha visto en pantalla muchas, muchas veces.

Y también hay escenas que pueden sonarnos a ya vistas… pero que en este film recuperan la frescura que hace tiempo dejaron de tener. En concreto, me refiero a la escena de la tienda de muebles IKEA y a la de la fiesta, con un inteligente uso de la pantalla partida.

Ah, se me olvidaba, la selección de canciones de la banda sonora… ¡chapeau!


Modelos de negocio

Vía Microsiervos he leído un doble artículo de Javier Candeira llamado Modelos de Negocio: Cómo ganar dinero en un mundo perfectamente copiable, un extenso y muy interesante análisis de cómo los creadores culturales no tienen temer a internet, sino que deben saber buscar los modelos de negocio adecuados. Candeira aporta un buen puñado de ejemplos de artistas (músicos, escritores, editoriales,…) que han encontrado la manera de compatibilizar las encontradas posturas que saltaron a la palestra hace casi dos semanas.

El artículo (incluido en un especial Derechos de Autor de la web de RTVE) está dividido en dos partes que pueden leer en los siguientes enlaces:


Antes del séptimo velo

Decía Richard Strauss (1864-1949) que su casa de Garmish-Partenkirchen (localidad que les sonará porque allí se celebra el día de año nuevo una competición de saltos de esquí) la había pagado con los beneficios que le reportó su ópera Salomé. Dicha ópera fue toda una revolución en su momento y, junto a la siguiente, Elektra, son obras llenas de disonancias, sensualidad, profundidad psicológica, expresividad y una deslumbrante orquestación que hicieron de Strauss una figura dominante en el mundo musical de la época.

Suele ser costumbre establecida que los compositores extraigan de sus óperas o ballets unas suites, unos interludios o una reorquestación para ser interpretadas en las salas de concierto sin la necesidad del aparato escénico que requieren los originales. Strauss extrajo de Salomé la famosa Danza de los Siete Velos, donde la protagonista baila para su padre Herodes aprovechándose de los deseos incestuosos de éste para que le conceda su deseo, que no es otro que que le traigan la cabeza de Juan el Bautista, prisionero de su padre, en una bandeja de plata.

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Gustave MOREAU: Salomé bailando ante Herodes (1876)

Pocas músicas son tan suntuosas como la compuesta por Strauss para esa danza, que combina un efectivo orientalismo con el en principio poco apropiado vals vienés que Strauss acelera vertiginosamente en la parte final. Y es en ese final donde el compositor extrema el suspense y ansiedad creados para, antes de que Salomé deje caer el último velo y se postre rendida a los pies de Herodes, hacer que los violines permezcan temblando después del frenesí precedente y, sobre ellos, el oboe entone el motivo que representa la obsesión de la protagonista con el Bautista. Un momento en el que el tiempo se detiene un instante, un momento de ensimismamiento que agarra el motivo de la escena y le da carácter de punto de no retorno a la historia: a partir de ahí el destino de los personajes queda sellado y la tragedia ya no tendrá marcha atrás.

Richard STRAUSS: Final de la “Danza de los Siete Velos”, de su ópera “Salomé” (MP3 – 00:38 – 448 KB)

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Benozzo GOZZOLI: La danza de Salomé (1461-62)

Les dejo con un vídeo con una versión de la danza. Salomé es Teresa Stratas, la orquesta es la Filarmónica de Viena dirigida por Karl Böhm, mientras que a las cámaras está Götz Friedrich (DVD editado por Deutsche Grammophon que les recomiendo fervorosamente).

Y después, como siempre, el correspondiente enlace a Spotify para que puedan escuchar la danza.


El dirigible

Hará cosa de un mes me compré el DVD de Blade Runner (Blade Runner, 1982, Dir.: Ridley Scott), que he venido postergando mucho tiempo debido al caos de versiones con que nos han inundado (y que cada cierto tiempo nos intentan colar como si fuera la definitiva). Un caos que, en comparación, hace que el que normalmente existe con las sinfonías de Bruckner sea un juego de niños.

Al final he optado por la versión del director de 1992. Para entendernos: la que no tiene voz en off e incluye el sueño del unicornio. Esta versión podría llegar a ser la final… pero la final de verdad.

Cuando le quitaron la voz en off yo era de los que puso el grito en el cielo, despotricando contra la desaparición de ese recurso narrativo. Cuando el film salía en alguna conversación ahí estaba yo dando la chapa abogando por la versión estrenada en cines en 1982.

Lo que pasa es que el tiempo puede hacernos cambiar de opinión sin que nos demos cuenta, así que décadas después comencé a apreciar la versión de 1992 y, vaya, a día de hoy me parece superior a la que yo en su momento consideraba inmejorable. Lo que son las cosas.

Hace un par de semanas me puse el DVD que compré y volví a las calles del Los Ángeles de 2019 y hay una escena que me me sigue gustando tanto como el primer día: la del dirigible que anuncia los viajes a los mundos exteriores.

En realidad es en tres escenas en las que esa enorme nave cruza el cielo nocturno entre los rascacielos mostrando las bondades de la vida fuera de esa contaminada y deprimente Tierra con un fondo de música japonesa que parece sacada de una obra kabuki.

La película está llena de momentos fascinantes, pero a mí me hace tilín esa fantasmal aparición del dirigible que le recuerda a los personajes de la historia y el resto de habitantes de la ciudad (y, por extensión, puede que al propio espectador) que más allá quizás haya lugares mejores que éste.

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El dirigible en su primera aparición, justo antes de conocer al personaje principal (© Warner Bros.)
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El dirigible, en una de las dos ocasiones en que lo vemos a través del techo acristalado del edificio Bradbury (© Warner Bros.)
Categorías: Cine & TV
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Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en internet”

El Gobierno de España ha colado como Disposición Final Primera en el anteproyecto de la Ley de Economía Sostenible un texto que no es más que una cuchillada en el corazón de internet, en el de la separación de poderes y en el de la cultura (por más que venga impuesto por las presiones de parte de la industrial cultural). Este texto ha motivado el siguiente manifiesto que circula por la web del que me hago eco en retroklang (y que les pido que difundan en la medida de lo posible si están de acuerdo).

MANIFIESTO “EN DEFENSA DE LOS
DERECHOS FUNDAMENTALES EN INTERNET”

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red, en España ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
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