La música del aire
Air es un grupo francés de música electrónica formado en 1995 por Jean-Benoît Dunckel y Nicolas Godin. Yo los descubrí gracias a una grabación de su segundo CD, Moon Safari, que me hizo un amigo, grabación que llegó a mis manos coincidiendo con un número de la revista musical gratuita Mondo Sonoro que cogí en un pub un sábado por la noche en donde ponían al citado álbum por las nubes.
El sonido de Air, a pesar de encuadrarse dentro de la música electrónica, destila calidez y frialdad a partes iguales. Se olvidan de los ritmos machachones y del maquinismo, consiguiéndolo de varias formas. La más importante es que dejan de lado los samplers y los sintetizadores digitales, para buscar su sonido en la utilización de sintetizadores analógicos (aquellos iniciales Moog y los posteriores Korg y Roland), lo que proporciona un tono aterciopelado, redondo y nada seco a sus texturas; si recuerdan el primer disco de éxito de Jean-Michel Jarre (Oxygene), allí aparecía ese tipo de sonido.
Otro manera es la inclusión de sensuales voces, normalmente femeninas, con palabras medio susurradas, medio entonadas. Seda para los oídos.
Que sean una banda electrónica no quiere decir que se olviden de los instrumentos tradicionales (bajos, guitarras,…). Pero su integración en las canciones es tan acertada que no choca absolutamente nada oír de repente una guitarra acústica acompañando al sintetizador. ¿Será que las voces hacen de enlace entre estos últimos y los instrumentos acústicos más propios de la chanson?
Con estas y más cosas (como por ejemplo, ciertos toques de jazz), Air consiguen hacer algo muy especial, que no es tampoco chill-out ni ambient (músicas que me parecen más frías y vacías), sino un mundo sonoro relajante, calido (así es, lo repito), con un regustillo nostálgico y un indudable aire de languidez de somnolienta tarde de verano.
El primer disco de Air es más una recopilación de singles y EPs cuyo título ya lo dice todo, Premier Symptomes (Primeros síntomas): el germen de lo que sería su segundo disco (de hecho, esta recopilación fue editada como tal en 1999, después del segundo CD). Están todavía encontrando y rebuscando para definir mejor su estilo. Y entre esos ensayos destacan Les Professionnels y, sobre todo, Modular Mix, que después de una introducción de más de un minuto se adentra en territorios ya cercanos al sonido Air definitivo. Me hubiera encantado que existiera un vídeo de esta canción; el que he encontrado es el de Le soleil est prè de moi. Pero añadiré el enlace a la correspondiente lista de reproducción Spotify de cada disco, para que el que tenga cuenta en este servicio, pueda escucharlos directamente desde internet.
El bombazo no se produce con estos singles, sino con Moon Safari (1998), con su engañosa portada medio en plan comic. Quien no conociera a Air, al verla en la tienda de discos uno esperaría una banda de rock divertido y fresco y, claro, se llevaría una sorpresa. Y fue una sorpresa que trajo cierta frescura a la música electrónica, dominada por la densidad, el hipnotismo, cierta vacuidad y la dureza de los ritmos de discoteca derivados del acid-house, el trance y el trip-hop, el tecno o el dub. Sólo gente como Massive Attack, Primal Scream, Orbital o Portishead eran capaces de hacer algo original y de calidad.
Pero llegan los chicos de Air y con Moon Safari se posicionan en un limbo que no es ni lo anterior ni el chill-out. Pequeñas sinfonías sonoras a medio camino entre el baile, el paisaje sonoro y la improvisación, como La femme d’argent, quizás el mejor tema del CD y un ejemplo de cómo poner un bajo eléctrico al mismo nivel que los otros instrumentos, se intercalan con alegres y pegadizas canciones como Sexy Boy con sus voces ligeramente desafinadas o temas que gracias a su simplicidad instrumental casi pudieramos decir que son de cantautor (All I need y You make it easy). Kelly watch the stars fue un éxito en el mundo musical de Francia y de fuera de allí (aquí, como en los 40 principales o en M80 esto les daba igual, en general nos lo perdíamos y teníamos que recurrir al boca a oreja y a otras emisoras minoritarias), Ce matin là nos transportaba a una película de los años 60 con colores desvaídos y Le voyage de Pénelope era la pieza que en sólo poco más de tres minutos de improvisación organística conseguía dar brillante colofón al disco. Moon Safari está, por derecho propio, en ese pequeño grupo escogido de los mejores discos de los años 90.
En el año 2000, con Air en lo alto de la cresta cool, Sofia Coppola les llamó para realizar la banda sonora de la película que la lanzó a la escena internacional, Las Vírgenes Suicidas (The Virgin Suicides), una banda sonora que, aún con esfuerzo y grandes dosis de buena voluntad por mi parte, no llega al aprobado. No me convence ni dentro de la película ni fuera de ella.
2001 es el año en que Air, confiados en su asombrosa entrada en la escena internacional, lanzan 10.000 Hz Legend, que muchos consideraron que caminaba por el sendero de la experimentación y que no consiguió tan buenas críticas como Moon Safari. Es lo malo de empezar tan bien, que continuar no deja de ser cierta tortura, con los críticos y los oyentes siempre esperando que superes aquella joya. Vale, yo también creo que Moon Safari es mejor, pero 10.000 Hz Legend me parece bueno sin más… pero no por ser experimental, cosa que no me parece (Dazzle Ships de O.M.D., o Spirit of Eden de Talk Talk sí que lo eran, como ya mantuve en un par de entradas), sino porque creo que no es un álbum equilibrado; da la impresión de ser, más que un disco, un conjunto de canciones puestas juntas. Hay canciones que no son dignas de estar allí (The Vagabond y Wonder Milky Bitch)… aunque hay otras que nos traen de vuelta a los Air que me gustan: Electronic Performers (con un vídeo que no está nada mal), Radian, Lucky and Unhappy y People in the City.
En 2003 se alían con el escritor italiano Alesandro Baricco para darnos lo que es hasta el día de hoy el punto más bajo de su discografía, City Reading, disco donde Baricco lee parte de su novela City con fondo musical de los franceses. Un disco que suena pedante y soporífero. Yo les pongo el enlace de spotify, pero allá ustedes si se arriesgan a escucharlo.
Se podría considerar Talkie Walkie (2004) como la “resurrección” de Air. Después de la decepción de 10.000 Hz Legend y los pestiños de Las Vírgenes Suicidas y City Reading, al dúo francés se le hacía imprescindible volver a conectar con el público, y Talkie Walkie viene a ser la encarnación de esa reconexión. Olvídense de la penosa portada (en general no soy fan de aquellas en los que aparecen fotos de los cantantes) y concéntrense en la música. A medio camino entre Moon Safari y 10.000 Hz Legend, Talkie Walkie suena más placentero que este último y tiene en mente la afabilidad del primero, tomando un camino que les lleva a simplificar un tanto sus texturas… algo que no estoy seguro de que me parezca acertado del todo, a pesar de que Alone in Kyoto, incluido en la banda sonora de Lost in Translation (también de Sofia Coppola), nos confirme que se puede simplificar todo lo que se quiera siempre que se conserve la esencia y permitiéndose además mantener la electrónica al mínimo. Para mí, las canciones más recordables del CD son Alpha Beta Gaga y Another Day. De la primera sólo puedo decir que si ellos pueden simplificar, yo también: la melodía silbada (homenaje al Morricone de las películas de Sergio Leone) que es su corazón es increíblemente pegadiza por encima del acelerado ritmo de la canción (y yo, ¡cómo no!, también la continúo silbando cada vez que la oigo). La segunda es recordable por su tono lleno de misterio y, ¿por qué no? por ese parón dramático que se produce alrededor del minuto 2:25.
Para ver el vídeo de Alpha Beta Gaga, pinchen aquí.
Pocket Symphony (2007) no es un disco que me guste mucho. No está mal, pero peca de estar demasiado volcado hacia los tempos lentos y tristones, y entre ellos el disco no acaba de encontrar su camino (o a lo mejor soy yo, que el sendero elegido no me produce ni frío ni calor). Menos mal que se incluyen Mer du Japon, Space Maker y One Hell of a Party.
A continuación los enlaces de dos vídeos de este álbum (no tienen activada la opción de inserción en webs, así que hay que verlos directamente en Youtube): Once Upon A Time y Mer Du Japon.
El último disco de Air acaba de editarse hace muy poco. Se llama Love 2 (2009) y, a falta de que pase cierto tiempo, me parece bastante más interesante que sus últimos trabajos. Un disco en cierto sentido más duro y seco que el lírico Pocket Symphony. Empezando por Do The Joy, un tema que tiene tánto de vuelta a los orígenes como de evolución hacia un nuevo sonido dotado de más épica y menos equilibrio (La Femme d’Argent y Le Voyage de Pénelope de su Moon Safari surgen aquí como referencias más destacadas), Sing Sang Sung es tan refrescante y naif como quieren (y pueden) ser los Air, Be a Bee recupera el ritmo acelerado que no deberían tener miedo en prodigar, Night Hunter, cuyo comienzo me recuerda al Psycho Killer de los Talking Heads, pone el ritmo hipnótico y psicodélico a la segunda parte del disco, que tiene su continuación en el juego entre un riff guitarrero que no me esperaba y los saltos espaciales del sintetizador en Eat My Beat. Vaya, que parece que al fin los Air han salido de la cueva.
Pueden ver el vídeo de Sing Sang Sung pinchando aquí. (Al fin un vídeo de similar calidad al de Electronic Performers).
De Do The Joy pueden ver un extracto en la web del grupo (pinchen aquí y busquen en la parte inferior).











