Picando, sólo picando
De vuelta de las vacaciones veraniegas verán que el cambio más llamativo es el del aspecto del blog: me he deshecho de la tripulación del Endurance y su gama de azules y grises, que llevaba por aquí ya 3 años, para dar la bienvenida a unos obreros de lo más soviéticos con tendencia a los rojos y marrones (hombre, ya que cambiamos, que se note, digo yo).
En cuanto al problema de los enlaces de audio perdidos, estoy en proceso de recuperación, ya que los estoy subiendo a 4shared: ¡a ver cuánto duran esta vez!
Como primer post de la temporada les quiero hablar de una escena de una película que he visto este verano. Se trata de La Evasión (Le Trou), que dirigió Jacques Becker en 1960.
El argumento del film es más simple que las sopas de ajo: unos prisioneros quieren huir de la cárcel. Lo que hace especial a esta película es cómo Becker lo pone en imágenes. La tensión se trasluce en la pantalla no gracias a las situaciones, sino por obra y gracia del alargamiento de las escenas y el no empleo de la elipsis, haciendo que en ciertas escenas el tiempo fílmico coincide con el tiempo real. Les pongo un ejemplo: cuando uno de los funcionarios de la prisión revisa los paquetes de comida, vemos como abre todas y cada una de las vituallas de las cestas. En otra película, el director se habría conformado con ver cómo revisa una o dos y luego cortaría: dos paquetes son suficientes para que el espectador se dé cuenta del rutinario trámite. Pero para Becker la rutina en esta película era muy importante y pieza clave en la vida carcelaria, así como el lento fluir del tiempo, por lo que el director alarga la secuencia hasta el final de la concienzuda inspección.
Pero la escena en la que mejor se refleja esa negación a reducir el tiempo es la del comienzo de la excavación del agujero que da título (francés) a la película. 7 minutos y 48 segundos en los que el espectador ve poco más que unas manos que pican el suelo con una herramienta. Lo increíble es lo efectivo que resulta el proceso. Supongo que podría ser aburrido en otras manos, pero en las de Becker se convierte en algo que está bastante alejado de los bostezos. Al contrario, es un tiempo que, debido a la creciente tensión, queremos que dure más (para que no los descubran) y que nos habla de la importancia de saber cortar las escenas a tiempo, en el momento adecuado: unas veces puede ser antes, otras después. Y en ocasiones, 7 minutos y 48 segundos más tarde.
