Números primos durante las vacaciones

Este es el último post de la temporada, pues retroklang entra en su tradicional stand-by de un mes veraniego. Aprovecharé para volver a activar los ficheros de audio y, si me apetece y me da tiempo, cambiar la plantilla del blog para que se base en una que esté preparada para la utilización de widgets. Por supuesto, todo esto es una hipótesis de trabajo: ya veremos cuánto tiempo tengo entre las distintas actividades estivales.

Pero antes de irme de vacaciones, permítanme recomendarles el último libro que he leído: el ensayo La música de los números primos, del matemático inglés Marcus du Satoy (Ed. Acantilado, nº143, 29,00 €), que a lo largo poco más de 500 páginas nos cuenta la historia de un desafío. Y no uno cualquiera, sino uno matemático: la búsqueda de los números primos.

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Supongo que la mayoría de ustedes, si no todos, saben a qué números me refiero: aquellos que sólo son divisibles por la unidad y por sí mismos. Estos números son como los átomos del mundo numérico, ya que cualquier otro se puede poner como producto de ellos. En esta propiedad de generación numérica radica su importancia.

Ya conocidos por los griegos, los números primos, bajo su aparente docilidad, han escondido una rebeldía que se ha convertido en mítica, rebeldía que puede hacerse visible si intentan responder a la siguiente pregunta: ¿cómo podemos determinar cuándo aparecerá el siguiente número primo? En el siguiente enlace pueden ver el listado de los números primos existentes entre el 1 y el 1000 [enlace]. ¿Logran ver algún patrón? ¿Atisban alguna lógica?

Parece una pregunta inocente, ¿verdad? Pero lo que en principio parece fácil es, en realidad, uno de los problemas matemáticos más solidamente resistentes que ha dado tal ciencia en su larga historia. Todos los matemáticos, en uno u otro momento, se han sentido atraídos por los desafíos que encierran los números primos. Fermat, Fourier, Gauss, Euler, Riemann, Hardy, Ramanujan y docenas de otros importantes matemáticos se han estrellado contra el muro que parece protegerlos.

David Hilbert, en su famosa conferencia de 1900 (un día hablaremos sobre ella) incluyó la Hipótesis de Riemann (relacionada misteriosa e íntimamente con los números primos) como octavo problema a resolver por las matemáticas del S.XX. Estamos en el año 2009 y todavía no se ha demostrado tal hipótesis ni tampoco se obtenido un contraejemplo que la desmienta. Los números primos resisten los diversos embates a que han sido sometidos.

Matemáticas… la palabra inspira reverencia y temor por igual, y puede que les haga creer que La música de los números primos es un libro lleno de extrañas y arcanas expresiones incomprensibles. No voy a negar que alguna tiene, pero céanme que son muy, muy pocas y la mayoría bastante asequibles al lector que haya cursado el BUP o la ESO. Porque lo importante del libro es cómo recorre la historia de parte de la disciplina (en concreto, la Teoría de Números) a lo largo de la historia, cómo nos presenta a los matemáticos que algo han tenido que decir acerca de los números primos, en qué condiciones desarrollaron su trabajo, sus éxitos o fracasos, su personalidad.

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Marcus du Sautoy

Du Sautoy nos lleva de la mano desde el Hueso de Ishango, que es la primera referencia que conocemos de los números primos en la historia de la humanidad, hasta los intentos de Alain Connes a final del siglo pasado, pasando por Eratóstenes, quién confeccionó las primeras tablas de núemros primos, por Gauss y su aproximación a la cantidad de éstos que se pueden encontrar por debajo de un número dado, por el mundo imaginario de Riemann, que se convirtió en la clave para desentrañar el misterio que los rodeaban, el asedio a su hipótesis al que le sometieron Landau, Hilbert o Hardy y la amistad que unió a éste último con Ramanujan, uno de esos pocos genios que aparecen con cuentagotas, por la importancia del mundo del cálculo automático puesto en práctica por Turing y el equipo de criptoanálisis de Bletchley Park (los que rompieron el código Enigma alemán durante la Segunda Guerra Mundial) a la hora de ir más allá en la búsqueda de un contraejemplo que derrumbara la Hipótesis de Riemann que permitió conectar de forma imprevista dos ramas de las matemáticas, por la posición clave que los números primos tienen en las transacciones electrónicas tan comunes hoy en día,… en fin, un apasionante y didáctico viaje por uno de los aparentemente más simples misterios matemáticos, escrito de forma tremendamente amena por Marcus du Sautoy, un libro que debería ser obligatorio para todos los alumnos de matemáticas de bachiller (y no digamos para sus profesores). Porque las ciencias no son sólo teoría-y-problemas, su historia casi no se explica y eso me parece un grave error en unas disciplinas que, por su estructura, se van construyendo poco a poco, poniendo una piedra sobre la que otro puso antes que nosotros.

¡Felices vacaciones a todos y nos vemos en septiembre!


Oh, no, otra vez no

Nietzsche tenía más razón que un santo con aquella putada existencial que era el eterno retorno. De nuevo los ficheros de audio de este blog se han vaporizado: el servidor donde los alojaba (Orbitfiles) los ha debido trasladar a otra dimensión, porque ya no están donde debían estar. Conservo la estructura de directorios, pero los ficheros se han convertido en un mero recuerdo.

Visto lo cual, aprovecharé el ya cercano tradicional descanso vacacional del blog para volverlos a cargar en otro servidor, que bien puede ser Goear o un alojamiento propio que no me imponga restricciones de transferencia.

En fin, mientras tanto, mis disculpas mientras me retiro a llorar desconsoladamente.

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Romano

Vincent “Enzo” Romano es un polifacético italiano que ha reunido un archivo de miles de horas de vídeos históricos, cubriendo la historia de EE.UU. desde el S.XIX a 1970, además de otros relacionados con al historia europea (la mayoría se pueden comprar). De entre ellos destaca una serie en color dedicada a la Segunda Guerra Mundial llamada Unknown WWII In Colour: 310 vídeos que poseen esa sensación de urgencia y cercanía que es propio de las imágenes documentales.

A veces los libros no logran transmitir esas sensaciones; en ellos la historia aparece como congelada, como un objeto del pasado sobre el que se reflexiona, pero que está, por decirlo de alguna manera, muerto; algo que no parece tener relación con nosotros. Las imágenes documentales suplen eso llevándonos a un momento concreto. No nos muestra el conjunto, pero ver a personas reales moverse, correr, saltar, conversar, luchar, dormir, comer,… es otra cosa. Comprendemos que son (eran) como nosotros, con virtudes y defectos parecidos a los nuestros. En fin, nos acerca a ellos como ningún libro (o muy pocos) puede hacerlo.

A continuación les muestro un par de ejemplos de este magnífico archivo: la defensa del Monte Belvedere, que es una cota al norte de Cassino (lugar célebre por ser escenario de una de las batallas más recordadas) y un soldado americano entrando en el bunker privado del refugio de montaña de Hitler en las cercanías de Berchtesgaden.


Bone to read

Hace ya la friolera de 12 años un compañero de trabajo en otra empresa anterior me recomendó un tebeo del que al principio desconfié un poco (yo diría que hasta hice algún amago de mueca despreciativa). No fue hasta leer 3 ó 4 números que agradecí la recomendación: detrás de su aspecto un tanto infantil se escondía un comic sencillamente fantástico. Su nombre, Bone. Su autor, Jeff Smith.

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Jeff Smith

Bone descoloca un poco al empezar a leerlo. A mí me pasó por dos motivos. El primero consiste en que parece un típico tebeo de animalitos parlantes, un poco en la vena de Walt Disney (por cierto, Planeta-DeAgostini está editando unos integrales de Carl Barks… y puede que continúen con Don Rosa y Floyd Gottfredson), pero también en la de Pogo, de otro Walt, Walt Kelly. En segundo lugar, la historia tiene tufillo al género de la fantasía, que es un genero que no me atrae (excepción hecha de Tolkien y algún Moorcock). Nuevamente mis prejuicios iban a ser derrotados por la calidad y el carisma de la obra de Smith.

Porque Bone no es sólo esas dos cosas. Entre sus páginas podemos encontrar tanta diversión como en un buen tebeo de gags, tanta emoción como en un drama y no pocas dosis de imaginación, aderezadas por unos personajes que en unos cuantos números se hacen tan queridos por el lector que éste no puede hacer otra cosa que esperar con ansiedad la continuación de la historia.

Bone nos cuenta la aventura de tres seres, primos entre sí: Fone Bone, Phoncible P. “Phoney” Bone y Smiley Bone, cada uno con una personalidad completamente definida. Fone Bone es amable, considerado, honesto y un tanto ingenuo, Smiley Bone es torpe, alocado y eternamente optimista, mientras que Phoney Bone es rastrero, materialista, egoísta y constantemente está maquinando planes para hacerse rico (no es casualidad que nos recuerden respectivamente a Mickey Mouse, a Goofy y a Donald/Gilito). Los tres han huido de Boneville después de un incidente consecuencia del desmedido amor por el dinero de Phoney Bone, y en su huida llegan a un valle desconocido que ni siquiera aparece en los mapas. Es en ese boscoso valle donde se encontrarán a la bella Thorn, a su abuela Ben y al tabernero Lucius, todos ellos humanos… y a otros seres no tan humanos: un pequeño insecto hoja llamado Ted, unos bebés musarañas y los malos de la película: las estúpidas estúpidas monstrorratas.

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Portada del nº1 USA de la serie regular de Bone

Una vez instalados en la aldea de Barrelhaven, la historia circula entre la lírica a la vida campestre y los episodios picarescos, de los que la carrera de vacas y la apuesta de la taberna son los más memorables… pero poco a poco el relato va adquiriendo tonos más oscuros y ominosos: las monstrorratas dejan de aparecer aisladas y descubrimos que hay un ejército de ellas, comandadas por un horrible ser gigantesca cabeza y cortos brazos llamado Kingdok y de un terrible encapuchado que esconde una historia que cobrará importancia conforme vayamos pasando más y más páginas. Los mitos, la magia y la fantasía pasan a un primer plano y la historia vuelve a dar un giro hacia un sprint final lleno de una épica similar a ciertos episodios de la obra de Tolkien (OJO, SPOILER: uno siente el mismo acechante peligro en el asedio de Atheia que en en el del Abismo de Helm o en el de Minas Tirith. FIN DEL SPOILER). Y en todo momento Smith se toma su tiempo en la presentación de los personajes, nos los muestra pausadamente y, dejándolos respirar, los va integrando pausadamente en la trama general, lo que agradezco en una obra que en conjunto casi tiene 1.500 páginas.

Pero lo más importante, lo que más me llama la atención como lector, es la capacidad de Jeff Smith de dibujar de forma engañosamente simple toda esta historia. Porque al ver una de sus páginas da la impresión de que se podría dibujar en 10 minutos. Es más, no es que él la pudiera dibujar tan rápidamente, es que cualquiera de nosotros lo podrí­a hacer. ¡Qué más quisiéramos!. Ese trazo limpio, luminoso en la mayoría de las ocasiones, pero lleno de fuertes y amenazantes sombras cuando lo requiere, la expresividad de los bones, unos seres que en el papel son tremendamente esquemáticos y a los que Smith logra exprimir sus pocos rasgos para expresar múltiples emociones, un uso de los tamaños de las viñetas que de repente consiguen sobrecogerte (hubo momentos en que recordaba aquello que mantenía Hitchcock sobre que los planos generales hay que guardarlos como oro en paño para que, cuando al fin aparecen, logren ser más efectivos), en fin, tantos buenos detalles consiguen que Bone sea uno de los mejores tebeos que pueden leerse en la actualidad. Y, por si fuera poco, un tebeo para todos los públicos, algo que, como dice mi colega Jeremy Fox, quiere decir que es tanto para niños como para adultos (y no sólo para niños, como mucha gente cree equivocadamente). Un tebeo que, a pesar de su aspecto exterior, no está infantilizado, sino que permite que cada cual lo lea a su manera. Y eso, amigos míos, es es muy, pero que muy difícil (los de Pixar son maestros en esto).

Hace unos días Astiberri el tercer y último tomo de su edición de lujo de Bone, con su blanco y negro original (creo que en este caso muy importante para apreciar la calidad del trazo de Smith… yo me decanto por este blanco y negro que por la edición en color del propio Smith). Son tomos caros, cierto, unos 45-50 euros, pero no es menos cierto que tienen unas 500 páginas cada uno y la encuardernación y el grosor del papel son de lo mejor que hay en las tiendas. Vamos, que si bien son caros, lo merecen con creces, tanto por el continente como por el contenido. El próximo día que pasen por una librería, échenle un vistazo… pero les advierto que más vale que ese día lleven en la cartera la tarjeta de débito/crédito o efectivo suficiente, porque querrán comprarse este tebeo, uno de los pocos que se pueden recomendar sin ninguna reserva a todo el mundo.

(Si quieren leer el primer número, en su edición a color, Astiberri lo pone a su disposición en PDF sin más que pinchar en el siguiente enlace: Bone nº1).

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