Sopresa inesperada

Hay personajes que nunca me han caído simpáticos. Dentro del mundo del comic, uno de los que menos me ha gustado es el “marvelita” Capitán América. Yo diría que siempre me ha sido un tanto desagradable, tan recto y patriotero él. Así que las pocas veces que lo he leído ha sido cuando formaba parte de una gran saga que agrupaba varias colecciones o bien dentro de su formación madre, Los Vengadores.

Yo podía haber mantenido esta opinión hasta el fin de los tiempos, pero hete aquí que un guionista llamado Ed Brubaker se pone a escribir Capitán América y como el bueno de Ed es un tipo que, sin hacer obras maestras, es capaz de montar tensos thrillers con personajes nada planos y maniqueos, sino llenos de matices y dudas (si no han leído Sleeper o Criminal, ya pueden buscarlos en la biblioteca más cercana), hice de tripas corazón y le di una oportunidad al tipo de las Barras y las Estrellas.

Y saltó la sorpresa, justo allí donde menos la esperaba. Brubaker, ayudado por un simplemente correcto, pero apropiadamente oscuro, dibujo de Steve Epting, ha montado una extensa saga para contarnos apenas una sola historia, el enfrentamiento entre el Capitán América y su némesis Cráneo Rojo… sólo que con un detalle muy importante: las consecuencias de la Guerra Civil en que se vieron involucrados los personajes del universo Marvel hace un par de años.

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Portada de Capitán América vol.5 nº12 USA

Atrás quedaron las definidas líneas morales del Capitán América volcado en ese patrioterismo que aquí en España nos parece tan extraño, el del triunvirato “Dios, madre y patria”. Brubaker sabe que el mundo ha cambiado (¡y mucho!) desde que el personaje empezó su andadura y que las actitudes, los sentimientos y las actividades humanas en general apenas se mueven en los extremos del blanco y el negro, sino que se apelotonan en una zona intermedia. Más que nunca, el mundo es aterradoramente gris. Aterrador porque ya nadie es de una pieza, todos tienen secretos y los personajes ya no son definidos por sus superpoderes, sino por aquello que queda cuando éstos desaparecen: por su falible humanidad. El acercamiento tradicional al comic mainstream de superhéroes ha muerto hace tiempo. Yo diría que muerto y enterrado. Si surge alguna obra interesante es precisamente porque sus guionistas despojan la historia de la parte superheroica y se centran en lo que de común tienen esos personajes con nosotros, los “simples” humanos.

Brubaker tiene en cuenta eso y decide que la historia debe contarse desde la óptica que él mejor controla: una combinación entre thriller y novela negra. La novela negra se aprecia en el tono, en las zonas de sombras, en los enfoques casi en primera persona, en cierto sentido de encontrarse perdido en medio de una trama de la que no se alcanza a comprender su engranaje. El thriller en los latigazos de acción, el amplio ángulo de visión de la historia, la macroestructura, las maquinaciones, el suspense y las sorpresas.

Y, por supuesto, están los secundarios, que en toda gran serie marcan algunas de las diferencias con las “del montón”. Aquí uno de ellos está por encima de los demás, por carisma e importancia dentro de la saga: el Soldado de Invierno. Su nombre ya es lo suficientemente atractivo y evocador como para darle cierto empaque. Pero es que está creado con mimo y cuidado, y, claro, eso se nota en su evolución a lo largo de la historia. Desde su misteriosa y amenazadora aparición al final del primer arco argumental (Otro Tiempo), aparición que ha venido preparándose gracias a los flashbacks del propio Capitán América, hasta su transformación o aceptación de su rol (prefiero no revelar ningún spoiler) a lo largo del operístico amplio arco final (La Muerte del Sueño). Y todo gracias al pivote, al punto de inflexión que es el nº25 USA del Vol.5, que Brubaker aprovecha al máximo y que convierte en la viga maestra sobre la que reparten fuerzas los distintos elementos su guión-armazón.

En resumen, no es que sea el mejor tebeo de la historia (no voy a exagerar), pero asegura una buena porción de oficio y entretenimiento. ¡Quién me iba a decir que un día yo iba a disfrutar de lo lindo con una historia del Capitán América!


Troles

Hasta el año 1979 por las calles de Coruña circulaban los troles. La palabra deriva de trolebús, que a su vez es una apropiación del inglés trolley bus. Este sistema de transporte esta a medio camino entre el autobús y el tranvía. Comparte con este último el que no posee un sistema de energía própio (depósito de gasolina, gas natural o batería eléctrica), sino que tiene que tomarla de un medio externo: dos cables eléctricos paralelos que se encuentran por encima del trole a lo largo de todo su recorrido. Para recoger la electricidad que portan, el trolebús se sirve de un trole (también llamado pluma), que es un enorme palo metálico que contacta continuamente con los cables. Por sinécdoque popular, este trole servía para denominar al trolebús entero. Al contrario que los tranvías, que sólo pueden circular por las vías, el trole puede circular por toda la calle mientras la pluma haga contacto con los cables, con lo que llega a tener una libertad de movimientos similar a la del autobus convencional.

En Coruña había dos tipos de troles: los de un piso y los de dos. Estos últimos, que fueron adquiridos a la ciudad de Londres, pasaron por el taller de pintura para cambiar su rojo característico por los colores propios de mi ciudad (el azul y el blanco) y comenzaron a circular por ella. Recuerdo que a todos los niños nos gustaba montarnos en ellos y subir al piso superior; yo lo hacía sobre todo en los troles de la línea 2, que iba de Puerta Real a Los Castros (debe ser la única línea que no ha variado ni un ápice su recorrido) y para un chaval era una gozada poder recorrer la ciudad desde esa altura.

El mantenimiento de los tendidos eléctricos, su incomodidad, sus continuos retrasos (no se podía circular rápido para evitar que se soltaran las plumas)y, todo hay que decirlo, cierta inseguridad (eran instalaciones al aire en medio de la ciudad, a pocos metros de las ventanas, que soportaban grandes tensiones eléctricas) hicieron que el sistema quedara obsoleto en favor del autobús, cuyo único inconveniente es su dependencia de los combustibles fósiles. La próxima revolución, espero, será cuando todos los sistemas urbanos puedan moverse gracias a eficientes baterías eléctricas.

Me han pasado dos vídeos en los que unos ingleses filmaron los troles coruñeses en los años 60 y 70, y son de esos raros documentos gracias a los cuales a los humanos nos es posible viajar en el tiempo. Les dejo con ellos.

Categorías: Miscelánea

Luz blanca, lluvia negra

Entiendo que el mundo es como es y es difícil que sea de otra forma. El mundo es así y la televisión también, así que en las horas de máxima audiencia en nuestro país las cadenas televisivas nos “regalan” con las aventuras de los gente famosa por estupideces, chorradas o braguetazos en programas que luego los espectadores pondrán a parir luego, pero antes bien que lo vieron con morboso placer (muchos con excusas tan peregrinas como “no había otra cosa” o “yo estaba haciendo zapping y vi un rato”). No pasaría nada si estos programas constituyeran el 95% de la dieta catódica del 90% de los habitantes de este país. Es una pena y una desgracia que el nivel del personal sea éste… pero es el que es. Hay veces en que me encantaría que, en vez de salsasrosas, grandeshermanos o la mierda que sea que esté de moda ahora, emitieran ciertos programas en horario de máxima audiencia, que la gente los viera y pensara sobre lo que ha visto, para sacar posteriormente sus propias conclusiones (las que sean, pero que saquen alguna).

Y una de esas veces es el documental de la cadena norteamericana HBO White Light, Black Rain (Luz Blanca, Lluvia Negra), dirigido en 2007 por Steven Okazaki. Tiene un subtítulo: La destrucción de Hiroshima y Nagasaki.

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Hay mucha, pero mucha gente a la que estos documentales literalmente se la trae al pairo. Argumentos como “bastantes desgracias tenemos ya en nuestra vida” son utilizadas para ocultar el estado vegetativo en el que tanto desean estar al ver la última entrevista exclusiva a Pochola de Zunzunegui, (pen)última novia de Fefo Valdecuencielles, supuesto algo de alguien (o similar). Y es una pena, porque ver este documental debería ser obligatorio para todo ciudadano, no de España, sino del mundo.

Okazaki se propone una cosa: entrevistar a unos cuantos supervivientes de las bombas atómicas lanzadas por el ejército estadounidense el 6 y el 9 de agosto de 1945 en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, respectivamente. En estas entrevistas, estas personas describen qué hacían justo antes de los estallidos, cuál fue su experiencia personal durante éstos y en los momentos posteriores a ellos, para más tarde contar cuáles fueron las consecuencias físicas y morales que tuvieron que afrontar.

Este propósito no parece baladí, vista la introducción que el director hace: pregunta a unos jóvenes japoneses qué sucedio en aquellos lejanos días de mediados del siglo XX. Todos, sin excepción no lo saben. Soy consciente de que habrá escogido sólo aquellos que no supieron la respuesta, pero ustedes mismos podrían hacer una encuesta similar a nuestros jóvenes españoles, por supuesto escogiéndolos al azar e inquiéranles acercaalgún suceso importante de nuestra historia. El resultado será parecido: los pueblos van olvidando su historia particular y también la colectiva mundial.

Mas es imposible olvidar las memorias que estos supervivientes (niños, adolescentes o jóvenes en 1945, ya que los adultos ya hace tiempo que murieron) comparten con los espectadores. No necesitan de histrionismos sentimentales para que su relato, combinado con la horrorosa fuerza de las imágenes de destrucción, llegue a nosotros en su estado más puro: esto es lo que sucedió. No hay apenas resquemor y, desde luego, tampoco hay odio en sus palabras. Ni siquiera tratan de dar un lección moral. Simplemente se trata de no olvidar lo que se desencadenó dos días de verano de hace casi 64 años.

El problema de las armas atómicas sigue con nosotros, como un nudo gordiano que somos incapaces de deshacer. Combina perversamente elementos políticos, científicos y humanos que, no seamos ingenuos, son tremendamente difíciles de resolver. Puede que eso fuera fácil en un mundo utópico, pero el mundo en el que vivimos es un mundo real, habitado por personas reales. Así que como mínimo, tengamos claras las consecuencias de nuestras acciones gracias aquellos que las sufrieron, puesto que, aunque sepamos más o menos de esta tragedia, a veces se nos escapa la escala de semejante desastre, algo que este documental nos ayudará a descubrir.

NOTA: Pueden acceder a la web que la HBO ha dedicado a esta producción, con imágenes y una entrevista al director: White Light, Black Rain: The destruction of Hiroshima and Nagasaki.

Categorías: Cine & TV

Hey, Jude, ¿dónde estás?

La respuesta es: en Trafalgar Square. La empresa T-Mobile organizó un megakaraoke en dicha plaza londinense para cantar el clásico de los Beatles Hey Jude, que reconozco que es una canción que siempre se me ha hecho un poco pesada, pero como es muy conocida, tiene una letra fácil y su velocidad de interpretación es adecuadamente moderada, va que ni pintada para que la canten a la vez aquellas personas que se acercaron a Trafalgar Square el pasado 20 de abril a las 18:00, que fueron alrededor de 13.500.

Vale, sí, la canción me resulta pesada, pero si llego a haber estado yo allí, palabra que también la hubiera cantado.

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Los penúltimos embajadores rock británicos.

Hay que reconocerles a los músicos del Reino Unido que en cuestiones rockeras, saben crear estilos y tendencias. Engullen lo que escuchan bien en la calle de al lado o en el país más lejano, lo unen al evidente oficio que poseen y luego regurgitan una música con un estilo inconfundiblemente británico y avasalladoramente fresca. Y encima lo hacen con una terrible e intimidante facilidad.

En el último lustro han sido tres grupos los que se les ha dado por hacer un rock que, sin ser vanguardistas, son sin lugar a dudas un soplo de frescura en el mundo de la música moderna. Un sonido anguloso y lleno de aristas, contundente, pero que a la vez es tan alegre como saltarín (deberían ser obligatorios en cualquier juerga casera o pública que se precie), un sonido gracias al cual han traído al rock parte de una luminosidad que hacía tiempo que no veía:: Franz Ferdinand, Kaiser Chiefs y Arctic Monkeys. Son sus penúltimos embajadores musicales. Los últimos todavía no los conocemos, pero apostaría a que seguro que ya están ensayando en algún local para su primer concierto.

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Franz Ferdinand

Los Franz Ferdinand (el grupo toma el nombre del Archiduque del mismo nombre cuyo asesinato fue una de las mechas de la Primera Guerra Mundial) vienen de Glasgow y, de las tres bandas mencionadas, son la más afianzada y con un reconocimiento más amplio. Hasta el momento han editado tres discos, de los que aconsejo especialmente el segundo: You Could Have It So Much Better (2007). Vamos a ver unos cuantos vídeos (pinchen en el título de la canción):

  • Take Me Out (CD Franz Ferdinand, 2004): Un homenaje al constructivismo ruso de Rodchenko y cia. y al dadaísmo que hubiera hecho las delicias del Terry Gilliam que hacía los episodios animados de los Monthy Python. Atentos al frenado de la música en a los 48 segundos y cómo emerge a continuación de forma distinta: ese ritardando, que sirve para separar la introducción de la canción en sí, no lo verán por estos lares poperos o rockeros mediterráneos de forma tan descarada. [Letra de la canción].
  • This Fire (CD Franz Ferdinand, 2004): Sigue el homenaje visual al que le añaden un toque de del diseño de anuncios de los años 50 de esta parte del Muro y unas vestimentas y maquillajes cruce entre Kraftwerk y Human League. [Letra de la canción].
  • Do You Want To (CD You Could Have It So Much Better, 2005): Vídeo semigamberro localizado en la inauguración de una exposición de arte en el que los componentes del grupo juegan a ser los chicos malos (uh, qué miedo) entre gente refinada. [Letra de la canción].
  • The Fallen (CD You Could Have It So Much Better, 2005): Excelente canción con un vídeo simple pero efectivo gracias a al montaje, la elección de planos y el constante movimiento de los cantantes. Y la parte de la música más acelerada, que no se sabe bien si es el estribillo en si o simplemente hace de puente justo antes de él, también tiene parte de culpa de la impresión de revuelta que adquieren las imágenes. [Letra de la canción].
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Arctic Monkeys

De Sheffield vienen los Arctic Monkeys (gran nombre para un grupo), que son los más jóvenes de los tres grupos y lo demuestran haciendo el rock más acelerado de ellos, con evidentes rasgos punk, pero sin su negro nihilismo. Como en Franz Ferdinand, musicalmente tienen cosas que me encantaría que que asumieran las bandas más acomodaticias; entre ellas (de nuevo) esa capacidad para hacer que una canción tenga varias fases y sorprender al oyente. Sólo tienen dos discos, pero ¡qué dos discos!

  • The View From The Afternoon (CD Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, 2006): La canción que más me gusta del grupo, precisamente por lo que decía antes: no es plana, como la mayoría de las que pueden escuchar ustedes en casi cualquier radio española. Por ejemplo, fíjense en esas guitarras desfasadas la una de la otra y y el largo silencio en la parte final de la canción (silencio que no es exclusivo del vídeo, porque en el CD también está: vamos, que es parte de la canción). Y reconozcan que ese solitario y obsesivo batería tocando como si le fuera la vida en ello, allí, en medio del barrio, les cae más simpático de lo que en un principio esperaban. [Letra de la canción].
  • Leave Before The Lights Come On (EP Leave Before The Lights Come On, 2006): Aquí se van a los tempos moderados… bueno, moderados hasta donde puede pedirse a estos chicos. Eso sí, el vídeo, bastante sencillo, no deja de tener su punto de angustia existencial. [Letra de la canción].
  • Teddy Picker (CD Favourite Worst Nightmare, 2007): El vídeo está rodado en el propio estudio de grabación. Ya se sabe que este tipo de vídeos no suelen ser gran cosa y éste no es una excepción. Menos mal que la canción lo salva. [Letra de la canción].
  • Brianstorm (CD Favourite Worst Nightmare, 2007): El primer single de su segundo disco no puede empezar más directamente. Si no escuchan aquí ecos punkies de hace dos décadas es que han nacido más tarde o han estado enterrados en alguna cueva. Vuelven las pausas dramáticas… y, joder, no se me va de la cabeza ese condenado riff. [Letra de la canción].
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Kaiser Chiefs

Kaiser Chiefs son naturales de Leeds y son la menos radical de las tres bandas, lo que no quiere decir que no les den sopas con ondas a buena parte de la música comercial del momento. Pero es indudable que los afilados tonos y riffs de Franz Ferdinand y Arctic Monkeys no son aquí tan evidentes, sino que comparten protagonismo con un clara tendencia a cuidar más la melodía (a veces incluso rozando ese pop percusivo y rítmico denominado power pop).

  • I Predict A Riot (CD Employment, 2005): El vídeo de esta canción con este título que tanto me gusta (¡qué mejor que predecir una revuelta como presentación musical!) tiene dos versiones: la británica y la internacional. He elegido la segunda por su homenaje al cine mudo. Por cierto, me parece estupenda la inclusión del saltarín sintetizador para apoyar el estribillo. [Letra de la canción].
  • Never Miss A Beat (CD Off With Their Heads, 2008): En esta canción es bastante evidente la convivencia de potente rock “riffero” y gusto melódico. Atentos al apunte de la guitarra en las estrofas, nada zalamero, y al pequeño toque del sintetizador/órgano en el estribillo. Reconozco que son cosas así las que hacen que una canción me guste. [Letra de la canción].
  • Everyday I Love You Less and Less (CD Employment, 2005): Miren, no les voy a engañar: pongo este vídeo sólo porque el estribillo de la canción es tan contagioso que dan ganas de ponerse a saltar (y de acompañarles a berrido limpio cuando se ponen a gritar). [Letra de la canción].
  • The Angry Mob (CD Yours Truly, Angry Mob, 2007): Para terminar, un magnífico vídeo en el que no sé quién me cae peor, si las plastas pasadas de vueltas de las despedidas de solteras (todos las habremos soportado más de una vez) o los estirados clientes del restaurante (sí, a estos también lo hemos soportado más de una vez). La parte final de la canción, precisamente donde suena el título, empieza (minuto 2:55) cuando se produce un cambio de humor, un ensombrecimiento tanto en la música, propiciada por una mayor pesadez de la instrumentación, como en la imagen, donde la meditabunda señora va acumulando rabia y fustración en su interior y al final estalla en un conato de pelea que es observado por los clasistas comensales del restaurante con una mezcla de evidente desprecio e inmundo goce. El final no puede ser más negro: la confianza en el ser humano queda bastante, bastante lejos. [Letra de la canción].
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