Obituario: Maurice Jarre

20090013

Nos ha dejado Maurice Jarre, uno de los grandes compositores de bandas sonoras, con un estilo que era capaz de aunar el gusto por la melodía y la creación de atmósferas, dos aspectos muy importantes a la hora de poner música a las películas. No sé en la de ustedes, pero en mi memoria quedan grabados un puñado de músicas que enseguida asocio a imágenes.

Categorías: Cine & TV, Música

10 meses

10 meses es el tiempo que he estado a salvo de los fallos informáticos (¡coño, ni siquiera 1 año entero!). Hace casi 2 semanas el disco duro del sistema de mi ordenador se puso en huelga ad libitum, lo que en el más colorido idioma que suelo emplear cuando ocurren estos luctuosos hechos se traduce en: ¡No me jodas que se ha muerto el disco duro! ¡No lo detecta ni la BIOS! ¡Será cabrón!.

Pues eso, que entre que me he asegurado de que era sólo el disco duro, me he acercado a la tienda, he encargado uno (porque nunca tienen el que tu buscas en ese momento), me lo han traído y lo he instalado, he llegado al día de hoy: un fin de semana de lo más divertido instalando programitas, oigan. La mano izquierda abriendo un libro para leer mientras la derecha descansaba sobre el ratón pulsando el consabido “OK” innumerables veces en las instalaciones.

Ahora mi temor es cuánto tiempo durará el nuevo disco. Se admiten apuestas.

Categorías: retroklang

Respeto

- ¡Soy tu padre, respétalo, maldita sea!
- Yo no respeto a los accidentes de la biología.
La investigadora privada Dakota North, respondiendo a su padre al final de la primera página del comic Daredevil vol.2 nº109.
Categorías: Citas

La BBC y el nada sonriente Smiley

Los libros de espías del británico John Le Carré se caracterizan, entre otras cosas, por ser acusadamente anti-acción. No hay grandes persecuciones, ni explosiones, ni tiroteos, que es lo mismo que decir que se hayan en las antípodas del Bourne de Ludlum/Greengrass. También se hayan bastante alejados de las complejas y tensas tramas internacionales que nos ofrecía Frederick Forsyth en La alternativa del diablo, El negociador o El manifiesto negro. Y ya no digamos del tecnoespionaje de masas de Tom Clancy. No es que sean mejores ni peores, simplemente son distintos (e incluso compatibles y complementarios).

John Le Carré es diferente a estos otros autores porque los peligros y amenazas derivados del enfrentamiento entre potencias, ideologías o empresas que pueblan sus novelas acechan la vida cotidiana de sus personajes y se colapsan en la conciencia de éstos. Sobre todo en las novelas previas a la desaparición de la Unión Soviética y la subsiguiente disolución de la Guerra Fría. Lo importante no es el Gran Juego, como lo llamaba Rudyard Kipling, sino las decisiones que toman los implicados, por qué las toman y cuales son sus consecuencias, en sus vidas y en las de su círculo familiar o laboral (y no incluyo amigos porque la amistad en LeCarré a veces parece no existir cuando retrata la vida de sus espías).

El personaje más famoso de Le Carré es George Smiley, que recorre, bien como protagonista, coprotagonista o personaje secundario y lateral, muchas de sus novelas desde la incicial Llamada para el muerto, pero cobra especial importancia por la profundidad de su caracterización y por la densa trama que él enreda/desenreda en la Trilogía de Karla, compuesta por El topo (simplón título español que echa por tierra el juguetón inglés Calderero, sastre, soldado, espía), El honorable colegial y La gente de Smiley.

Le Carré sabía algo, si no bastante, de la vida de los espías, una vida que tiene su puntal en pasar desapercibidos. Él mismo trabajó en el MI5 y el MI6 en los años 50 y 60. Y fruto de esa experiencia nace George Smiley, un señor en el que no repararíamos si nos cruzáramos con él en la calle, pero que posee una mente analítica de primer orden y una aterradora frialdad a la hora hora de llevar a cabo su trabajo, que no es el de James Bond, sino más bien el de un oscuro funcionario que desentraña misterios y teje implacablemente telas de araña para atrapar en ellas a topos, desertores y a agentes amigos o enemigos.

En la Trilogía de Karla, Smiley se enfrenta, de forma indirecta, a su reflejo soviético, al que sólo se le conoce como Karla, un personaje todavía más en la sombra que el propio Smiley que, siendo sus artes tan similares, resulta tan peligroso como él.

En 1979 la BBC decidió que era el momento adecuado para llevar alguna novela de Smiley con Smiley de protagonista a la televisión. Se puso en contacto con el productor Jonathan Powell y éste con Le Carré, el guionista Arthur Hopcraft y el director John Irving (que, miren por dónde, un año después dirigiría la muy estimable adaptación cinematográfica de Los perros de la guerra, de Frederick Forsyth, con Christopher Walken como actor más destacado) y dio el banderazo de salida para la producción de Calderero, sastre, soldado, espía (o sea, de la novela El topo).

Por supuesto, todo iba a depender en gran parte de elegir bien al actor que daría vida a George Smiley. Y la elección no pudo ser más acertada, pues el camaleónico Alec Guinness iba a componer el Smiley perfecto: una caballero retirado de ademanes lentos y mirada peligrosamente inquisitiva.

La jugada salió redonda, pues los 7 episodios de que se compuso la miniserie fueron un ejemplo (otro más) de cómo los ingleses pueden hacer espectáculos televisivos de primer orden con no demasiados medios, pero apoyándose en guiones impecables y en actores que da igual si tienen que recitar un monólogo, ser protagonistas o simplemente decir una frase… juegan en una liga superior.

Tres años más tarde, la BBC vuelve a dar en el clavo al acercarse de nuevo a una novela de la Trilogía de Karla, La gente de Smiley (ni idea por qué no se hizo otra de El honorable colegial). El guionista que ayudó a Le Carré sería esta vez John Hopkins, mientras que la dirección corrió a cargo de Simon Langton. Tanto da: volvieron a acertar en la diana.

Por si fuera poco, ambas series gozan de unos títulos de credito simples, ingeniosos, aclaratorios y que señalan el tono de los capítulos. Y además la música de Geoffrey Burgon (para Calderero) y Patrick Gowers (para La gente) se adaptan como un guante a ese tono, desarrollando en sus compases el aura de gravedad, nostalgia, tristeza, hastío y complejidad que las subsiguientes imágenes y guiones explorarán a fondo.

Y con esos títulos les dejo hoy. Vamos poco a poco.

Primero los iniciales de Calderero, sastre, soldado, espía, con esas matrioshkas que representan a la vez a los espías encubiertos (los topos) y a las capas de mentiras que rodean las verdades en su mundo (Churchill dijo de la U.S.R.R. que era un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma). Unas muñecas rusas que van agriando sus facciones hasta desaparecer por completo en la última, el topo del que no conocemos su rostro, pero al que queremos cazar, romper y dejar tambaleante.

Ahora los títulos finales de esta misma serie. Sobre una cámara fija, que no imagen fija (las nubes pasan), una órgano y un trompeta sirven de acomodo a la voz de un niño que entona un himno (algo tremendamente inglés) basado en el Nunc dimittis, que son las palabras de Simeón cuando tomó en sus brazos al pequeño Jesús cuando los padres de éste lo llevaron al Templo. Simeón decía que el Espírito Santo le anunció que no moriría hasta haber visto al Salvador. El por qué de utilizar el Nunc dimittis como conclusión de cada capítulo de la serie… en fin, mi opinión es que bien pudiera cantarlo Jim Prideaux, el personaje cuya historia abre la caja de Pandora y que acaba siendo profesor en un colegio (siendo esto el enlace con el intérprete, un niño).

Y para terminar, los títulos de crédito inciciales, seguidos de los finales, de La gente de Smiley, donde la marca de tiza amarilla utilizada por los espías para ponerse en contacto juega a esconderse y a seguir un camino hacia un objetivo… por más que al final sea destruida. Especial mención a la música de los títulos finales, ampliación de la de los iniciales, en la que el carácter de la magnífica música inglesa del pasado siglo asoma por entre las notas (tiene un cierto aroma a Britten y Vaugham Williams).

Pueden ver este vídeo (y se lo recomiendo) en HQ (Alta Calidad), sin más que pulsar el botoncito con esas letras (HQ).

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