Afinación

Puede que algunos de ustedes ya conozcan la historia (yo la leí en Fogonazos), pero por su doble relación con la ciencia y la música no puedo resistirme a que sea parte de este blog.

Eddie Adrock, de 70 años, es un “banjista” (que a saber si se dice así)… o sea, que toca el banjo, ese instrumento típicamente americano con ese peculiar sonido metálico que asociamos inmediatamente con el country, el jazz y el bluegrass. Mr. Adrock se gana la vida así. Vamos, que es un “banjista” profesional. Y de reconocido prestigio.

Pues bien, Mr. Adrock tenía un problema. Uno tan simple como trágico: padecía de temblores en sus manos.

Los médicos del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt le propusieron una operación a la que supongo que un músico debía atraerle (dentro de lo poco tremendamente atractivo que es operarse, claro). Mr. Adrock, vamos a afinar sus manos, como si fueran las cuerdas de su amado banjo. Seguro que no se lo dijeron así, pero lo que hicieron se parece bastante a eso.

Lo que llevaron a cabo los profesionales del bisturí fue una cirugía DBS (Deep Brain Stimulation, Estimulación Profunda Cerebral), que consiste en introducir unos electrodos en el cerebro y aplicar pequeñas descargas eléctricas para, digamos, “desconectar” temporalmente las células nerviosas ocasionantes de los temblores. Para poder comprobar si las descargas eran efectivas, le pidieron a Mr. Adrock algo ciertamente inusual: que tocara el banjo mientras le operaban. Vamos, que lo iban a anestesiar localmente y así podría estar tumbado en la mesa de operaciones tocando el banjo tan ricamente. Ellos verían cómo respondía a las descargas viendo cómo variaba su forma de tocar el banjo. Así que se puede decir que estaban afinando sus manos tal y como se afina la cuerda de una guitarra: giro en uno u otro sentido el tornillo (aplico las descargas) y escucho el sonido de la cuerda para comprobar su afinación (escucho la interpretación al banjo para comprobar la desaparición de los temblores).

Lo que no sé es si se admitían peticiones musicales al personal que participó en la operación.

Aquí tienen la noticia tal y como fue emitida por el programa Good Morning, America:

La operación “musical” de Eddie Adrock

Dobla que te dobla

Este post está especialmente dedicado a los cocinillas. Seguro que alguna vez se han quedado sin algún ingrediente esencial de ese plato con el que quieren sorprender a la familia o a los amigos. Por ejemplo, ¿qué pasa si quieren hacer un plato que contiene espaguetis y, oh sorpresa, no hay en la despensa? Hombre, los puede hacer frescos y ya está.

Sí, vale, pero ¿y si hay un gran número de invitados y hay que hacer muchos, pero muchos espaguetis? Entonces recurrimos a las matemáticas y a la topología. Por ejemplo, podemos hacer 4.096 espaguetis en un pis-pas como hace el cocinero Kin Jing Mark en el vídeo que van a ver a continuación (vía Boing-Boing). Simplemente haciendo 12 dobleces (salen exactamente 4.096 porque 212 = 4.096).

Una curiosidad, los espaguetis son un tipo de noodles, palabra inglesa que engloba tanto los fideos como los espaguetis, los tallarines, los gnocchis y muchos más tipos de pasta. A su vez, noodles proviene del alemán nuden (nudos), elemento básico en la topología (ya les dije que esta rama de la matemática tenía algo que ver).

Otra curiosidad: el comentarista del vídeo nos informa que si el cocinero hubiera doblado la pasta 30 veces más, los noodles hubieran tenido el grosor de unos simples átomos.


Una noche de niebla

Como está bien hacer publicidad de aquello que nos gusta, ahí van, brevemente, dos películas.

La primera, La noche es nuestra (We own the night, 2008), de James Gray, que está resultando un tipo con un universo muy compacto (aunque se echa en falta un poco más de variedad) y con un estilo personal de aunar el cine negro con la modernidad sin necesidad de estridencias experimentales, pero tampoco sin tener que filmar de forma clásica; y lo hace marcándose una historia de dos hermanos mucho más interesante que lo que hizo Scorsese con un par de amigos en Infiltrados (The Departed, 2006). Lo que comparte con el italoamericano es su cuidado en la dirección de actores, consiguiendo interpretaciones de altura.

20080115

Sólo comentarles dos detalles que me gustaron mucho. Uno: la música de Wojciech Kilar (que ya me llamó la atención hace tiempo con la banda sonora del Drácula de Coppola). Música de gran intensidad emocional: las simples pulsaciones maquinales de la persecución en medio del temporal, que se originan en los limpiaparabrisas del coche, dicen bastante de cómo conseguir ser efectivo sin ser efectista. Esta persecución es el segundo detalle, una escena que gracias a la elección de la azulada fotografía, las (falsas) condiciones climatológicas y los encuadres desde el interior del coche, la hacen poderosamente claustrofóbica y, por qué no, deprimente. Mientras no la retiren del Youtube, pueden verla pinchando aquí. Eso sí, les advierto que contiene unos enormes SPOILERS. Avisados quedan.

La otra película es la nueva adaptación de Frank Darabont sobre un relato de Stephen King: La niebla (The Mist, 2008) (nada que ver con la de John Carpenter). Una claustrofóbica (sí, otra vez) y asombrosa película que yo califico como thriller sociológico. No me atrevo a decir que es una película de terror, ya que aunque hay situaciones de libro para etiquetar así al film, lo que la aparta de tal categoría es su crítica de la sociedad, su desesperanzado posicionamiento totalmente antiroussoniano y una mezcla curiosa que parte de las apariciones de los diferentes monstruos, que van de lo terrorífico a lo (y esto es lo que me llama la atención) asombroso. Pienso en la aparición del mastodóntico animal en la carretera, una visión más propia del cine de aventuras y el descubrimiento de una (peligrosa) maravilla desconocida que del cine de horror. Por si fuera poco, el final es uno de los mejores (y más arriesgados) de este año.

20080116
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Categorías: Cine & TV