Aleksis Strogonov

Hace un mes les hablaba de Hergé, el creador de Tintín, el ejemplo más perfecto de la escuela de la línea clara belga. Hoy voy a presentarles otro tebeo que entra dentro de ese estilo: Las verdaderas aventuras de Aleksis Strogonov (Las véritables aventures d’Aleksis Strogonov), con guión de Jean Regnaud y dibujos de Emile Bravo, un cómic que desgraciadamente sigue inédito en nuestro país (menos mal que internet nos ha facilitado la compra al extranjero).

La serie consta sólo de tres números y se configura como un pequeño recorrido por algunos de los conflictos europeos de comienzos del S.XX. En concreto, el tomo nº1, titulado Bielo (Blanco en ruso), se centra en la presentación de Aleksis, un revolucionario integrante del naciente Ejército Rojo, que es enviado en el blanco invierno, junto con su hermano Oleg y el comisario político Boulkine, al pueblo de Vobotna, situado en Bielorrusia (la Rusia blanca), para organizar allí un soviet y derrotar a los últimos vestigios de rusos blancos que por allí queden (ya ven, llamarlo Bielo tiene su sentido). Regnaud y Bravo podían haber realizado un tebeo histórico serio y dramático, con gran carga social, pero no, han optado por algo que, en mi opinión, es mucho mejor, satirizar todo aquello que recuadran en sus viñetas, utilizando el humor para dejar en ridículo las ideológicas de los personajes y sus actos. En cristiano, no dejan títere con cabeza… excepto Aleksis, el protagonista, el único que parece tener cierto sentido común, aunque muchas veces se limita a ser un mero observador atónito de los acontecimientos y, cuando no es así, es manejado por ellos como un títere.

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© Dargaud + Regnaud/Bravo 1993

Bielo se parece un poco a aquella novela de Voinovich de la que les hable hace un tiempo: Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin. Como ella, el caos, los equívocos, la sátira se hacen dueños de la situación y los personajes dibujados no son precisamente unos seres humanos buenos y honrados.

Después de esta aventura inicial en la Rusia revolucionaria, Reganud y Bravo se llevan a Aleksis al Berlín post Primera Guerra Mundial, una ciudad efervescente tanto cultural como socialmente. En Kino (Cine en alemán), el protagonista, acompañado esta vez de Dieter, entra a trabajar en los (reales) estudios de cine U.F.A. como tramoyistas, si bien, cosas del destino, Dieter acaba siendo cameraman. Por el tebeo aparecen los rencores de posguerra por el draconiano Tratado de Versalles, la superioridad condescendiente en el trato de los franceses, la aparición de un grupo de locos llamados los Camisas (color) Ciruela que no son otros que los Camisas Pardas nazis. Nuevamente los personajes son rastreros, mezquinos y sólo piensan en sí mismos.

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© Dargaud + Regnaud/Bravo 1995

El último número de la serie, Tamo (Allá en serbio), es un viaje al polvorín de los Balcanes, aunque los autores nunca mencionan ningún país en concreto, supongo que viniendo a decir que da igual quién empezó o no, lo importante es que los odios entre los diferentes pueblos son ancestrales y que, como la historia ha demostrado, sobreviven a las personas. Empieza con un delirante padre de la patria que deja la custodia de su hija a Aleksis al morir en un atentado a un tren y continúa con el desmembramiento de un ejército popular en varias, irracionales e irreconciliables facciones que lo único que saben hacer es aniquilarse mutuamente.

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© Dargaud + Regnaud/Bravo 1998

Ahora que en España se empiezan a editar tebeos en formato Integral (como se ha hecho con el Freddy Lombard de Yves Chaland, en dos tomos, y los Metabarones de Giménez y Jodorowsky), sería una estupenda ocasión para ofrecer este divertido fresco histórico en tres etapas en un único tomo.

Categorías: Comics

Música para un hombre solo

Primero escuchen el siguiente archivo de audio:

Música para un hombre solo (MP3 – 02:17 – 1,58 MB)

Acaban de oír tres de las piezas que Robert Neville escucha en su casa de Los Ángeles mientras su vecino Ben Cortman le conmina a enfrentarse a él y a la oscuridad de la noche californiana: ¡Sal, Neville!

Robert Neville es alguien muy especial. Su particularidad no es que sea muy listo, fuerte, rápido, simpático o cualquier otra característica física o psicológica. No, es especial porque es el último hombre vivo sobre la faz de al tierra.

Lo es por obra y gracia de Richard Matheson, que le dió el papel protagonista de su novela Soy leyenda (I am legend), escrita en 1954.

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“Soy leyenda”, de Richard Matheson. Ed. Minotauro.

En ella nos cuenta que en los años 70 una epidemia se extendió velozmente por el planeta, convirtiendo a las personas en vampiros. Por un accidente en forma de murciélago de su pasado, Neville estaba inmunizado. Eso podría ser algo estupendo en otras circunstancias. En las actuales, es una tragedia: Neville es el único hombre que pisa el planeta.

Su vida es rutinaria. Los días los pasa buscando alimentos y combustible; y aprovecha para matar a los vampiros que descansan alejados de la luz solar. Revisa su casa, que ha convertido en un extraño búnker protegido por cruces, espejos y ajos. Investiga la naturaleza de la epidemia.

Y escucha música.

A lo largo del libro, Neville pone los siguientes discos, por este orden, en su tocadiscos:

  • Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº3 en mi bemol mayor “Eroica”, op.55 (1803)
  • Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº7 en la mayor, op.92 (1811-12)
  • Ludwig van Beethoven: Sinfonía nº9 en re menor “Coral”, op.125 (1817-24)
  • Arnold Schönberg: La Noche Transfigurada, op.4 (1899)
  • Roger Leie: El Año de la Plaga
  • Johannes Brahms: Concierto para piano y orquesta nº2 en si bemol mayor, op.83 (1878-81)
  • Leonard Bernstein: Sinfonía nº2 “La Edad de la Ansiedad”, para piano y orquesta (1948-49, rev. 1965)
  • Wolfgan Amadeus Mozart: Sinfonía nº41 en do mayor “Júpiter”, K.551 (1788)
  • Maurice Ravel: Suites nº1 y nº2 del ballet “Daphnis y Chloé” (1909-12)
  • Franz Schubert: Sinfonía nº4 en do menor “Trágica”, D. 417 (1816)
  • Sergei Rachmaninoff: Concierto para piano y orquesta nº2 en do menor, op.18 (1900-01)

Llama la atención que en su soledad Neville escuche tanta música clásica. Es más, el libro no incluye ningún otro estilo, excepción hecha de un carillón que entona la canción de Irving Berlin The Near Future (inquietante título para incluirlo en esta novela de ciencia-ficción).

Aislado en un mundo hostil y caótico, el orden de la música clásica es un pequeño y refrescante oasis, un alivio para Neville. La música lo entronca con su pasado como parte integrante de la humanidad. Cuando suena en su casa, parece como si nada hubiera ocurrido y su mujer e hija estuvieran a punto de entrar por la puerta.

Al final, en el nuevo mundo que se divisa desde su casa, esta música, como él, no serán más que leyendas.

Nota: Por cierto, no sé cuál es la pieza El año de la plaga, de Robert Leie: no he podido encontrar nada sobre ella o sobre el compositor. Nada de nada. Supongo que tanto el compositor como la obra son invenciones de Matheson para ligar la epidemia que asoló el mundo de Neville con la música. Si Matheson hubiera escrito su libro 10 años más tarde, quizás hubiera eliminado esta obra ficticia y hubiera incluido la cantata La peste de nuestro Roberto Gerhard (basada en el libro del mismo título de Albert Camus).

Categorías: Libros y Revistas, Música

Tontos

Decididamente nuestros políticos son tontos. Ahora suprimen del Código Civil el uso razonable y moderado del cachete.

Lo único que tengo que decir es lo siguiente: por favor, ¿no podría alguien explicarles a los diputados que “dar un cachete” y “moler a palos” son cosas bastante diferentes?

Categorías: Miscelánea

Canon (imposible) a 1 voz, por movimiento contrario

Anteayer fui a la FNAC a comprar unos regalitos y, aprovechando que estaba allí, una tarrina de DVDs. El precio era para asustar: 39,95 €. Considerando que la tarrina traía 25 DVDs, cada uno salía por el “módico” precio de 1,60 € (o sea, un café de Zapatero más una propina de Solbes).

Cuando, a pesar del infarto que me estaba dando, la tenía en la mano, un ángel venido del cielo en forma de compañero de trabajo que pasaba por allí se acercó a saludarme y me dijo que él y unos amigos ya pasaban de de comprar los DVDs, los CDs o los USBs aquí, que hacían pedidos a tiendas del extranjero. Cuando juntaban el suficiente material, hacían el pedido para que los portes salieran gratis. Así, de esa forma, la misma tarrina que a mí me iba a costar 40,00 €, me costaría poco más de 7,00 €.

No le hizo falta argumentar mucho más. Dejé la tarrina en el estante y le dije que me avisara cuando hicieran el siguiente pedido dentro de unos meses. Dios dijo hermanos, no primos.

¿Y por qué cuestan ahora tan caros los DVDs? La razón tienen un nombre: canon digital.

Este mecanismo recaudatorio tiene varios (y sangrantes) agujeros que merece la pena destacar.

Para empezar, se pasa por el forro la presunción de inocencia, que parece ser que en España funciona sólo para asesinos (si un tipo mata a otro ante digamos 2.000 testigos, en los programas de noticias dirán “presunto asesino”). Pagar por algo que puede o no hacerse es una perversión grave del sistema. En la línea del argumento que permite el canon digital, yo propongo que se aplique un canon vital a aquellos instrumentos, artilugios o herramientas susceptibles de ser usadas como arma mortal. Por supuesto, entrarían en tal categoría tanto pistolas como gafas (Joe Pesci ya nos enseñó en Uno de los nuestros que son un arma tan destructiva como un AK-47).

El caso es que usted puede emplear los DVDs o CDs para grabar las fotos de su último viaje (sí, ese en el que las fotos le salieron tan bien), el vídeo de su boda (en el que tiene esas gloriosas imágenes de su suegros con 37 copas de más y que guarda para sacarlas cuando le interese), el proyecto de fin de carrera que tanto trabajo le ha dado, el libro que está escribiendo y toda la documentación utilizada para tal fin o el software que su empresa ha creado. Todas estas opciones son legales y, en cambio, usted le tiene que pagar a los asociados a las diferentes sociedades de gestión de derechos porque sí. O sea, que también ellos se aprovechan de su trabajo, ¿no?

En cuanto a la grabación de música o video, voy a distinguir dos casos. El primero es aquél en el que tengo mi biblioteca de CDs y ahora, como tengo un reproductor de MP3, me la convierto a dicho formato para poderla disfrutar en el coche, en los viajes, dando un paseo por el Paseo Marítimo o sudando en el gimnasio. He pagado religiosamente los CDs, no se olviden. Ahora la Ley dice que tengo que pagar un canon por el reproductor de MP3, así como por los DVDs o el Disco Duro donde guarde nuestros CDs en formato MP3 para el futuro. Resultado: pago tres veces por el mismo concepto, cosa que en mi pueblo tiene un nombre, y no es un nombre bonito.

El segundo caso es cuando se graba música o vídeo que no se ha comprado. Bien se ha descargado de internet, bien nos la ha pasado el vecino del 3º. La Ley especifica que esto no constituye delito, al no haber ánimo de lucro. Y aquí no valen los razonamientos del tipo “lo que usted descarga no lo compra y , por tanto, dejo de ganar dinero”, ya que el no grabar esas músicas o vídeos no quiere decir que se hubieran comprado. El ánimo de lucro debe entenderse literalmente: ganar dinero, enriquecerse.

Por otra parte, si las sociedades de gestión de derechos y los legisladores quieren el canon compensatorio, deben tener en cuenta esta palabra: si ya estoy compensando a los autores, lo que ellos piensan que es delito, deja de serlo y pasa a estar permitido (por ellos), ya que el canon es de obligatoria aplicación.

Otro punto oscuro, y mucho, del lío del canon digital es su gestión. Voy a poner dos casos para que sepan cuáles son mis dudas. Un imaginario cantante que no está asociado a ninguna sociedad de gestión de derechos (llamémosle Menganito Díaz) suena últimamente mucho en los pubs y la gente se descarga su música y la graba. Como Menganito Díaz no es socio, no cobra un duro del canon compensatorio. Las SGDs (es que me he cansado de escribir sociedades de gestión de derechos) dirán que es culpa suya, ya que no se ha asociado a ninguna y, no nos engañemos, tienen su parte de razón. En lo que no llevan razón es en cobrar un canon por los CDs empleados para grabar el disco de Menganito Díaz y los reproductores MP3 utilizados para escuchar los ficheros. No creo que haya que ser un lince para darse cuenta de eso no tiene ningún sentido.

Otro caso: mi vecino del 7ºG se ha bajado de internet el último disco de las Spice Girls. Aparte del hecho de que el verdadero delito es que haya elegido ese disco, yo veo aquí otro problema: las SGDs de España recaudan el canon por el CD y el MP3 empleados para grabar o reproducir este disco, pero ¿hay algún protocolo para que ese dinero lo reciban ellas, que a buen seguro no serán socias de las SGDs españolas, al ser cantantes extranjeras?

Más: El dinero recaudado por el canon, ¿cómo se reparte entre los asociados? ¿Proporcional o linealmente? Me da que lo primero, aunque ya que es un canon por algo imaginario, ¿cómo saben a que cantante estoy “perjudicando”? Por otra parte, ¿el canon digital de los DVDs se reparte entre cantantes, directores de cine y escritores por igual? Porque no parece que les afecte de la misma manera, de la misma forma que el canon que pagan las fotocopiadoras (incluso la que tenemos en la oficina para trabajar, tiene huevos) no debería repartirse entre los cantantes (¿necesita alguien explicación sobre este punto?)

Otro aspecto del que quería hablar es el de la industria. Y esto me toca más de cerca. Verán, un amigo mío tenía una tienda de informática en un barrio. De ella vivían él y su familia (mujer y dos hijos). Después de los duros comienzos, al cabo de un par de años, el negocio ya daba para vivir sin demasiados apuros. En la tienda se vendían ordenadores, impresoras, software, CDs, memorias, DVDs, papel fotográfico para impresoras, ratones, teclados,… en fin, lo que se vende en una tienda de informática. Gracias al canon, que hace que un CD o un DVD quintuplique su precio de venta (acuérdense: 40,00 € o 7,00€), mucha gente dejó de entrar en el local: porque ordenadores no se venden todos los días, paro CDs, DVDs y tintas sí. El mundo de la informática, por si no lo saben, maneja unos márgenes de beneficio irrisorios para el vendedor, por lo que la cantidad de producto vendida es es crucial. Y si no vendes, el negocio se desploma. Y eso es lo que pasó. El resultado: tuvo que cerrar el negocio.

Y es que si a ustedes les venden algo al lado de casa a 40,00 € y luego les dicen que lo pueden conseguir por 7,00 €, ¿qué harían ustedes? ¿Acaso les sobra el dinero? Supongo que no.

Si no lo ven claro, pongan otro producto: un coche. Si les sale en el concesionario de la esquina por 20.000,00 € y en Alemania por 12.000,00 €, ¿no se pegarán un viaje hasta allí para ahorrar la pasta? Creo que el 90% diría que sí, que se pega el viaje a Alemania o a donde haga falta.

De hecho, el Ministerio de Industria ha sido el único organismo, dentro del Gobierno, que ha querido jugar el papel contrario de lo políticamente correcto, argumentando que el canon perjudicará gravemente a la industria del sector. Las SGDs parece que viven en los mundos de Yupi cuando dicen que el canon lo pagan las empresas, como si eso no se repercutiera en el comprador y, por lo tanto, en la demanda del producto. Pero no, no son los mundos de Yupi; eso lo que precisamente quieren. Es el escenario ideal para elas, ya que creen que así la gente no tendrá más salida que comprar a sus asociados a los elevados precios que han venido imponiendo. Esto es, que el mundo se pare, no queremos cambiar. ¡Somos criadores de caballos de tiro, que dejen de fabricar coches!

Muchas veces el problema no es querer tener razón, sino en acercar posturas. En este caso, yo creo que todos los usuarios pasarían por pagarlo si no fuera abusivo. Porque abusar es lo que han hecho las SGD a lo largo de esta última década con su actitud. Recuerdo con un mezcla de risa y profundo desagrado una anécdota de mis tiempos de banda de escuela de música. Dimos, como es habitual en estos casos, un concierto de navidad al que se acercan, como también es habitual, amigos y familia. Tocábamos muy mal, desafinábamos, pero la familia y los amigos son así, eso les da igual, porque lo que les importa y gusta era vernos en el escenario y que surgiera algo parecido a la música. Estábamos calentando antes de que abrieran las puertas para que entrara el público (unas 40 personas, quizás), cuando una señora entró y habló con el director de nuestra pequeña orquestita de escuela. La señora en cuestión era una representante de la SGAE y quería saber qué íbamos a tocar para poder pasarnos la factura. Yo no sé a ustedes, pero a mí esto me parece muy, pero que muy rastrero y miserable: orquestilla de alumnos de una escuela tocando (mal) para familia y amigos y resulta que tenemos que pagar. ¿Qué es lo próximo? ¿Entrar en las aulas para cobrarnos por las piezas que tocamos al aprender a tocar el violín, el piano, la flauta o la zambomba? ¿Ir a la guardería para cobrar por haber representado un trocito de La Bella y la Bestia? (¡Eh, tú, criajo, me debes un Huevo Kinder por haber hecho de Bestia!)

Eso es abusar. Igual que cobrar a una tienda de periódicos o una perfumería por la música que tiene puesta el dependiente para entretenerse (porque hay que ser bastante corto de entendederas y pagado de sí mismo para pensar que la música que se pone el tipo es lo que hace que venda más, en vez del trato, la calidad y el precio). Igual que es un abuso cobrar por un MP3 incluso cuando compras la música a, por ejemplo, iTunes, o sea, pagar dos veces. Igual que es de mal gusto ponerme en la película que me compré el otro día un anuncio sobre la supuesta piratería (yo también se usar la palabra supuesta, igual que los telediarios, mireusté) y que me lo tenga que tragar a narices (ya le puedes dar a los cien mil botones de tu mando, que no hay tu tía), cuando he pagado por ella.

Me hace gracia, y mucha, que por un lado las SGD y sus asociados pidan la supresión del IVA para los artículos relacionados con la cultura y por otro, en cambio, impongan un canon que hace que se quintuplique el precio de un DVD. Con un par, sí señor. Porque si algo no debería tener IVA debería ser la comida, la vivienda y las medicinas, que me parecen bastante más importantes que los artículos culturales, por mucho que digan lo contrario cantantes, cineastas o escritores.

Lo que deberían hacer las casas editoras de música, cine y libros es abaratar los precios de sus productos y aumentar la calidad de los contenidos, porque para mí es evidente que el quid de la cuestión está ahí. Por ejemplo, hace un mes me compre una lata con 10 películas del director japonés Kenji Mizoguchi por el irrisorio precio de unos 36,95 €. O sea, que cada película me salió a, redondeando, 3,70 €. Por ese precio ¿quién cojones va a perder tiempo bajándosela de internet, cuando la tienes en el DVD original con igual calidad y en versiones original y doblada? Hombre, los habrá, pero les aseguro que muchos, mucho menos. ¿Y si hablamos de contenidos adicionales, como los famosos documentales del making of u otros elementos que proporcionen información y conocimiento adicional sobre lo que vamos o hemos acabado de ver? Y les recuerdo que las 10 películas por 36,95 € dan beneficio a la tienda, la distribuidora y los autores (si no, no las venderían a ese precio, seguro).

Otro elemento que hay que tener en cuenta es que, lo quieran o no, el formato de fichero digital está aquí para quedarse, evolucionando en la dirección que sea. No ocupa espacio, lo que lo hace ideal para la vida y los espacios de hoy en día. Así que más vale que las compañías empiecen a no pegarse con él y a idear formas de cambiar sus líneas de negocio. Algunos artistas ya lo están haciendo y saben que donde pueden ganar el dinero es en los conciertos.

Continúo con este post un poco diarréico en su estructura añadiendo que es una pena que el mecenazgo y el empleo artístico no sea más potente hoy en día. Circunscribiéndolo al mundo de la música, el mecenazgo puede querer decir que una empresa o unas personas encargan a un compositor una obra, igual que podemos encargar un armario a un carpintero ebanista. Se le paga por la obra. Los derechos de reproducción, de edición o de lo que sea quedan anulados. Es una forma de funcionar anclada en la relación entre cliente y artista que no me parece descabellada., porque, por favor, antes de contestar, piénselo bien. ¿Acaso usted va por Bilbao y le cobran por observar el exterior del Museo Guggenheim? No, ¿verdad? El arquitecto ya fue pagado por los dueños del Guggenheim, y el museo amortiza ese coste ya que el edificio atrae visitantes. Resultado: todos ganan.

Nombré también el empleo artístico, que quiere decir que tengo a un artista en nómina. Por ejemplo, un compositor puede crear composiciones para una orquesta determinada con la que trabaja estrechamente durante un tiempo de contrato, pongamos cinco años. O sea, como cualquier trabajador. Yo, cuando creo un código informático o un algoritmo para mi departamento, no pretendo que me paguen cada vez que se usa, ya que lo están haciendo todos los meses gracias a un concepto: salario.

En fin, termino aquí este post en el que doy algunas de mis opiniones sobre el asunto del canon digital y los derechos de autor. Sé que más parece una verborrea que un post, pero me ha salido así. Es lo que es. Son libre ustedes de opinar, siempre y cuando no insulten ni ofendan… algo que hay que tener en cuenta, ya que más de una web ha sido multada por el juez por ello. Yo no soy millonario (por lo menos hasta mañana sábado, día de la Lotería de Navidad), así que no me jodan, ¿eh? Va en serio.

Categorías: Miscelánea

Estoy vivo. . . o así

Este post tiene una única finalidad: dejar constancia de que sigo vivo.

Soy consciente de que he tenido un tanto abandonado el blog este último mes. Mis disculpas. Sirva como excusa el que he tenido que hacer una serie de laboriosos trabajos contrarreloj en la oficina, lo que me ha obligado a casi vivir en ella (no fui el único: había tanta gente en el departamento por las tardes como por las mañanas). Y, claro, cuando podía descansar, hacía eso, descansar. De hecho, hasta he dejado de asistir a mis clases de flauta las dos últimas semanas, no he podido jugar ningún partidito de tenis con mi colega Alex (los de la piscina climatizada de al lado lo han agradecido porque se han librado de que les lluevan pelotas de tenis enviadas a las nubes por nosotros con nuestra legendaria destreza, envidia de Nadal y Federer), la actividad social se ha reducido al mínimo y anteayer viernes, después de tres semanas de intentos infructuosos, pude hacer un hueco de 20 minutos para cortarme el pelo en la peluquería de al lado del curro.

Pero bueno, esta semana espero volver a una cierta normalidad (esto suena raro en la semana anterior a las Navidades, lo sé) y, si bien hay previsto otro sprint laboral de similares características para enero, procuraré que no afecte tanto a mis otras actividades. Cruzo los dedos.

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