En la Unión Soviética de la época de Krushev se les dio por construir nuevos barrios con edificios en forma de torres en los arrabales de las ciudades. Lo de vivir en estrechez soviética, con cocina y baño compartidos por varias familias, se ve que ya les estaba cansando… y es que en el período que siguió a la revolución de Octubre había que conformarse con eso, pero medio siglo después como que el proletariado ya había había esperado bastante para vivir el tan cacareado paraíso del pueblo. Esos conglomerados de torres se llamaron cheryomushki debido a los árboles que se plantaban a su alrededor: cerezos alisos (черёмуха [cheryomuja]). Por cierto, estos árboles de hoja caduca son muy comunes también en toda la mitad norte de España.
Cerezo aliso
Volvamos a Rusia. El 24 de enero de 1959 se estrena una opereta en Moscú. Su título: Moscú, Cheryomushki. El género es muy popular en la Unión Soviética, tanto como los musicales en occidente. Por si fuera poco, esta première tiene un interés añadido: la alegre música de opereta ha sido obra del serio y atribulado Dimitri Shostakovich . Al caer el telón, las críticas aseguran un gran éxito. Así, el musical viaja a las principales ciudades rusas y también a los países del Pacto de Varsovia.
Como sucede en occidente, sólo había que esperar un poco para verlo trasladado a la gran pantalla. El resultado, dirigido por Gerbert Rappaport, se estrena en 1963 y se llama, reduciendo el original, Cheryomushki.
El sello discográfico Decca ha editado este film este verano. Al verlo en la estantería de la tienda, mi curiosidad pudo conmigo: ¿un musical soviético? ¿con Shostakovich? ¿en cine?… ¿qué pinta tendrá esto?
Cheryomushki (1963)
La película más parece un musical español de los de Marisol que una producción de Brodway o del West End: pastelera y por momentos de un cursi que tira de espaldas. La historia, según el libreto y guión de Vladimir Mass y Mijail Chervinsky, narra las peripecias de una serie de parejas, unas jóvenes y otras no tanto, que buscan piso en el Moscú de los años 60 en uno de esos nuevos barrios, un cheryomushki. Los problemas aparecen cuando intentan que les asignen los apartamentos y les den sus llaves, ya que tendrán que lidiar con la corrupción de los burócratas que se encargan de distribuir los pisos de marras. Por supuesto, todo eso aderezado con una historia de amor de lo más pastelera.
En un argumento así, la crítica a la sociedad de la época es evidente, pero, qué quieren que les diga, muy superficial; el régimen no hubiera permitido otra cosa. Todo estaba más controlado que en la Península Ibérica, donde el censor asombrosamente dio su visto bueno a las feroces visiones de Luis Gª Berlanga y Marco Ferreri, que dieron ácidas opiniones sobre la vivienda, el primero indirectamente en El verdugo y en Plácido y el segundo directamente en El pisito.
¿Y la música? Pues no nos engañemos, no ayuda a mejorar la opinión. No es la ligereza lo que no me gusta de ella, eso se permite y se acepta sin rubor (esto es un musical, y un musical popular y ligero). Lo que pasa es que las canciones son simplemente malas y la mayoría no pegan ni con cola, ralentizando la acción en exceso. Por si fuera poco, las voces son excesivamente operísticas para el cometido asignado; es más, los actores no es que se esfuercen mucho por hacer el playback a lo pregrabado en estudio.
Llegados a este punto, me preguntarán si hay algo que merezca ser salvado de la quema. Pues sí, no todo va a ser negativo. Primero, el número musical del conserje y el administrador, bien resuelto tanto musical como fílmicamente (incluso las voces, por una vez, son totalmente creíbles). Segundo, algún momento en el que el sarcasmo musical de Shostakovich sale a relucir (pero sólo un poquito, no se crean). Y en tercer lugar, el número en que una de las parejas, la formada por Masha y Sasha, se imaginan su nuevo hogar, unas escenas en las que precisamente eso, la imaginación en los decorados y las soluciones en cuanto a las imágenes, consiguen imponerse a la noña cursilería.
Así, que si usted es completista shostakovichiano, apasionado del cine ruso o fan incondicional de musicales exóticos, compre este DVD. Si no lo es, ni se moleste: película y música absolutamente olvidables.