Short Ride in a Fast Machine (John Adams)
Esta es la explicación que John Adams (Worcester, Massachusetts, EE.UU., 1947) dio de su pieza Short Ride in a Fast Machine (Corto paseo en una máquina veloz), estrenada en 1986. Desde luego, la música que propone en ella transmite una poderosa sensación de movimiento, de velocidad, de vértigo. Un vehículo musical que se pone en marcha y parece imposible de parar. Como si se nos hubiera roto el freno del coche y pisáramos su pedal desesperadamente sin conseguir que se parara.
Pura adrenalina que Adams consigue inyectarnos con una simple caja china. Este instrumento es la mar de simple: un bloque de madera (en inglés se llama así, wood block) con una caja de resonancia que tiene su “salida” en la abertura longitudinal. El material suele ser madera dura (por ejemplo, la teca) o un plástico adecuado. Se toca dejándola descansar sobre la mano, cuya palma debe ahuecarse un poco, y golpeándola con una baqueta dura (su cabezal es de madera, nada de fieltro, corcho u otro material). Tiene el siguiente aspecto:
Pueden ver un pequeño video para escuchar una caja china real pinchando en el siguiente enlace extraído de The Sound Exchange (un proyecto de la Philharmonia Orchestra): Kevin Hathway nos enseña unas cajas chinas (MOV) (Kevin Hathway es percusionista coprincipal de la Philharmonia Orchestra).
La caja china es uno de los componentes básicos de la gasolina que propulsa esta veloz máquina musical, lanzando a lo largo de casi toda la partitura el siguiente mensaje con sádica obstinación (así lo describe Adams)
Ya ven, son sólo tres negras, acupando cada una de ellas la mitad de su parte del compás de 3/2. Eso sí, no vale tocarlas con desgana, de eso nada: el angulito sobre ellas nos dice que hay que acentuar todas y cada una de las negras.
¿Cómo suena esto? Oigámoslo (tengan en cuenta que es un archivo MIDI, no una ejecución real… así que más que una caja china, parece un metrónomo):
Otro ingrediente del carburante rítmico lo encontramos en los clarinetes. Les voy a explicar como logran introducir más impulso a la música gracias a un sencillo (y bien antiguo) truco. Un clarinete va a tocar tres notas, fa-sol-do, en corcheas. Repetirá esa secuencia una y otra vez.
El compás es de 3/2, que es ternario y cada una de sus partes es ocupada por una blanca. Estas partes es lo que está machacando inmisericordemente la caja china. En los clarinetes, estas tres partes se las he señalado con los corchetes rojos inferiores. Acuérdense que en cada parte del compás (1 blanca) “caben” cuatro corcheas (1 blanca = 2 negras = 4 corcheas).
Pero claro, la secuencia que repite el clarinete sólo tiene tres notas y su acentuación natural recae en el do que culmina esa miniescala ascendente: algo así como ta-ra-rá, ta-ra-rá, ta-ra-rá, ta-ra-rá. Vamos, que está formando cuatro grupos de tres corcheas, señalados en el dibujo con los corchetes superiores azules.
La longitud final, 12 corcheas, no varía (12 es múltiplo común de 3 y de 4), pero mientras que la caja china divide el compás en tres partes, el clarinete lo hace en cuatro. Y ambos grupos sólo coinciden al principio de cada compás, como muestran los corchetes azules y rojos.
Vamos a oír al clarinete solo:
No es el único clarinete. Un segundo va a hacer lo casi mismo que el primero. La secuencia será la misma, fa-sol-do, pero estará desfasada una corchea con respecto a la que toca el primero. ¿Cómo? Fácil, empezará en el sol, haciendo que su secuencia sea sol-do-fa. Voy a ponerles los ejemplos de audio ralentizados para que se note mejor.
A ver, el primer clarinete hace
… que suena así:
El segundo, desfasado una sola nota (empieza en el sol, en vez de en el fa) hace lo siguiente:
… sonando tal que así:
Oigamos los dos a la vez:
Lógicamente sus acentos caen en sitios diferentes debido al desplazamiento relativo de esa miniescala, tal y como les muestro con los corchetes de colores en la siguiente imagen:
Ahora unamos estos clarinetes a la caja china. Recuerden que esta última sigue la división ternaria del compás de 3/2, mientras que los clarinetes “funcionan” con un cuaternaria virtual gracias a sus acentuaciones. Y, para colmo, ellos dos tampoco se ponen de acuerdo. Pueden verlo en la siguiente imagen (no les pongo el pentagrama de la caja china, pero sí los corchetes rojos que indican su división ternaria)…
… y escucharlo a continuación, esta vez a su velocidad real:
Otra forma en que Adams imprime aceleración a la música aparece también al principio en las trompetas. Primero tocan tres negras en cada una de las partes del compás, de forma idéntica a la caja china:
Luego sustituye el último silencio del compás por otra negra, repitiendo la anterior. Así, en vez de tener tres grupos de 1 nota (no contaré el silencio), tiene dos de dos notas. Dos grupos pudieran parecer al oído más lentos, pero el que estén formados por dos notas hacen que los perciba con mayor vivacidad, como si las dos notas se atropellaran la una a la otra. El primer grupo, además, entra en síncopa; esto es, en la zona débil de la parte del compás (su segunda mitad); aunque eso puede ayudar algo, dada la combinación de acentos y ritmos de la obra, yo minimizaría ese efecto: me parece más importante el tener ahora dos notas contra una de antes.
Justo después, vuelve a acelerar las cosas: la segunda negra de cada grupo será sustituida por dos corcheas. Al haber más notas, percibimos una velocidad mayor.
Ahora escuchen la secuencia de la trompeta, sin ningún instrumento más. Estén atentos a esas aceleraciones.
Ahora, junto con los clarinetes y la caja china. Ah, verán que hay más de una trompeta, tocan notas distintas, pero siempre siguiente idéntico ritmo (por cierto, los cambios armónicos que van creando también contribuyen a una más clara percepción de la velocidad).
Fíjense que todas estas cosas las ha realizado el compositor sin alterar ni el compás (sigue siendo un 3/2) ni tampoco el tempo de la obra, que es rápido de por sí: blanca = 152, lo que quiere decir que en cada minuto deben caber 152 de esas figuras o, lo que es lo mismo, a una velocidad de 0,40 blancas/segundo.
Por cierto, que la indicación de tempo que añade Adams es bastante significativa, ya que clarifica el carácter de la obra: Delirante. Más claro, agua.
Short Ride in a Fast Machine es una pieza corta (entre 4 y 5 minutos) ideal para servir de entrante a un concierto. Extrovertida y accesible para todo el público, es un ejemplo de que, a pesar de sus detractores, el minimalismo puede ser tan atractivo como cualquier otra técnica compositiva si se sabe aplicar bien y se tiene los suficientes oficio, talanto e inspiración.
Antes de pasar a una interpretación de la obra a cargo de la Orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por Simon Rattle, les voy a contar una pequeña anécdota doble que he descubierto en internet cuando estaba buscando material para este post. Cuando se quiso interpretar esta obra por primera vez en los Proms londinenses (uno de los festivales de música clásica más populares), coincidió con el fallecimiento de la Princesa Diana (1997). Resultado, suspendieron la interpretación ya que la obra era excesivamente alegre para ese momento. El segundo intento tampoco llegó a buen puerto: se retiro por idéntico motivo debido al ataque del 11-S a las Torres Gemelas (2001). En definitiva, tuvo que esperar al año 2004… siete más tarde de cuando se tenía pensado. En este caso el short ride (corta vuelta) se convirtió en un viaje (temporal) bastante largo, ¿no?.
















