Misterios, cristales, ojos, libros y 3 Carlos

Yo supongo que es porque soy de ciencias. ¿El qué? Hombre, muy fácil: desentrañar misterios, entender el funcionamiento de las cosas. Y es por eso por lo que hace ya muchos años, cuando todavía estaba en la universidad, le pedí a Carlos, el de la óptica, que cuando le llegaran los cristales para mis gafas, que me llamara a casa porque quería ver cómo los cortaba y se los colocaba. Y eso hizo cuando los recibió (al fin y al cabo, cada vez que iba a la revisión o a por líquido para las lentillas, siempre hacía un pequeño descanso para tomarse una caña): me llamó y yo bajé a ver cómo era el proceso. Ahora no podría hacerlo porque en muchas ópticas ya no suelen cortarlos ellos mismos, sino que mandan las monturas y se las devuelven con los cristales ya puestos, y también porque otro Carlos me atizó con el láser en mis ojos hace 6 años y pico para quitarme la miopía y el astigmatismo que tenía desde los 7 años.

Esa operación fue otro momento “ciencia”: la enfermera me aplicaba las gotas anestésicas en los dos ojos (yo me operé ambos a la vez porque ¿a qué esperar para ver mejor?) y me preguntaba si estaba nervioso, a lo que yo le respondía a la gallega: ¿es que tengo que estarlo?. Y también porque cuando tenía una especie de microtomo posicionado en el ojo bien abierto gracias a las pinzas, preparado para cortar un trozo de cristalino, le preguntaba al oftalmólogo-cirujano qué estaba haciendo. Voy a cortar un trozo de cristalino, decía él. Y yo, ah, muy bien, pues nada, sírvete tú mismo. Y a continuación me callé, que no era el momento de andar moviendo la mandíbula.

Todo esto viene a que cuando me gusta saber cómo funcionan y cómo se hacen las cosas. Así que cuando en la puerta de la Biblioteca de la Diputación de A Coruña vi que ese mes daban un curso de encuadernación con una duración de 3 ó 4 días, corrí a apuntarme. Yo no sé a ustedes, pero a mí, saber cómo se hacía físicamente un libro me parece la mar de interesante. Y le iba a poder quitar el misterio a eso de libro cosido a mano, con guardas y encuadernación en piel

Allí me tope con el tercer Carlos de este post, Carlos Rey, quien, sabiendo que la mejor forma de aprender algo es hacerlo, desde el primer minuto nos puso a cortar, coser y pegar. Evidentemente no era un curso exhaustivo, sino una pequeña iniciación al mundo de la encuadernación. Logré desentrañar parte del misterio, por lo menos en lo que respecta a una encuadernación básica y, como quería hacerme unos apuntes, me volví a hacer el cursillo el mes siguiente para afianzar aquello que había aprendido en el primero (mi memoria es bastante limitada y necesito machacar por encima para que me quede bien grabado en mi cabeza). Conseguí hacer un documento de Word “apañaíto”, con sus dibujitos y todo (en el estilo macarrónico del que ya he hecho gala alguna vez).

De sendos cursos todavía conservo los libros en cartoné y tela que hice, que, modestia aparte, parecían hechos por un profesional y no por un completo novato como era yo. No eran unos títulos en concreto, sino con páginas en blanco, para que cada uno los dedicara a aquello que más le apeteciera. Yo todavía no los he estrenado. No acabo de decidirme. Pero o poco me conozco o, al final, uno será para recetas de cocina y el otro para apuntes sobre música.

Incluso estuve a punto de construirme mi propia prensa y mi propio telar, pero para esto se necesita una habitación un poco más adecuada de la que tengo en casa, en la que libros, piano y ordenador comparten espacio. Por lo pronto, he aparcado el proyecto… pero soy muy cabezota y seguro que dentro de tiempo vuelvo a pensármelo (hay un buen lote de tebeos a los que les vendría bastante bien una encuadernación).

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Carlos Rey, semioculto por la prensa, colocando una cabezada en la parte superior del lomo de un libro.

Hoy, al salir de la oficina a tomar el café de media mañana, me he encontrado a Carlos Rey y lo primero que me ha dicho es aquíseencuadernapuntocom. ¡Dios, le ha pasado como al Alonso Quijano, que tanto libro le ha vuelto loco! No, hombre, no, lo que me estaba diciendo es la dirección de la web que con tanto trabajo y cariño ha estado creando, dedicada a ese arte al que le ha dedicado (y le sigue dedicando) una parte de su vida: la encuadernación.

Yo ya voy a tirar el documento de mis apuntes a la papelera de reciclaje del Windows, porque lo que el ha colgado de su web es perfecto para todo aquél que quiera aprender, repasar o saber por pura curiosidad. Desde las encuadernaciones básicas hasta las artísticas más elaboradas, desde el dorado hasta un repaso de los hierros característicos de cada época. Es una web que todavía no ha sido terminada (verán que hay temas que todavía no tienen enlace), una especie de work-in-progress, ya que Carlos ha preferido no esperar a tenerla terminada completamente e ir pudiendo ofrecer aquello ya elaborado (buena elección).

Si, como yo, quieren quitarle el misterio a la encuadernación y aprender cómo es físicamente un libro, les aseguro que nadie mejor que Carlos Rey para llevarlos de la mano por ese apasionante mundo, así que sigan mi consejo: pasen por Aquí se encuaderna y disfruten de sus enseñanzas.

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Un hierro con el nombre del maestro.
Categorías: Enlaces, Libros y Revistas

Democracia, opinión y delito

No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo.

François-Marie Arouet “Voltaire”(1694 – 1778), escritor y filósofo francés.

Las democracias de hoy parecen haber olvidado el espíritu de Voltaire en muchos aspectos, pero especialmente en cuanto afecta a las opiniones de los ciudadanos. Para ilustrarlo, les pondré un trío de casos que hemos comentado un amigo mío y yo a la hora del aperitivo, justo después de salir del concierto matinal que nos ofreció en el Museo de Bellas Artes un viejo conocido de estas páginas: el Grupo Instrumental Siglo XX, al que se sumaron el contratenor Flavio Olivier y el director José Luis Temes; como dentro de poco volveré a verles en un nuevo concierto, ya les hablaré de ambos en un post próximamente. Los tres casos que voy a exponer no tienen el mismo peso ni los considero igual de importantes, pero sí clarifican lo que las opiniones valen hoy en nuestra sociedad.

El primero es bastante simple. Estábamos hablando de las últimas películas que habíamos visto y en un momento dado (y no recuerdo por qué) salió a la palestra el film de Alejandro Amenábar Mar Adentro. En Galicia esta película tuvo más seguimiento y aceptación debido a que Ramón Sampedro nació en Porto do Son y murió en Boiro, localidades ambas de la costa sur de A Coruña. Me decía mi amigo que cuando él le decía a alguien que la película le parecía mala, a continuación se veía casi obligado a decir que él está de acuerdo con la eutanasia. Vamos, a separar su opinión personal sobre el tema sobre el que gira el film de la que tenía sobre la película como obra artística. Tiene razón, la gente tiende a creer que ambas opiniones van de la manita, vaya usted a saber por qué.

El segundo caso es similar, pero pasamos de una opinión particular a la obra de un escritor. Quizás ustedes recordarán el caso. Hernán Migoya publicó en el año 2003 el libro de relatos Todas putas. En él se incluía el cuento El violador, en el que un hombre hace apología y defiende el hecho de que él sea precisamente eso, un violador. La polémica que se montó en su momento, liderada por una sensible y ofendida iluminada llamada Miriam Tey, a la sazón Directora del Instituto de la Mujer, fue, cuando menos, bochornosa. Bochornosa porque ella (y los que como ella opinaban) decía que el libro era denigrante para la mujer, argumento harto estúpido por ser el relato una obra de ficción. El mismo razonamiento podría darse a La Cabaña del Tío Tom o a las obras de teatro de Tenesse Williams, en las que la sociedad sureña de los EE.UU. no sale muy bien parada que digamos. La clave estuvo, una vez más, en confundir lo relatado con las opiniones personales del autor. Si los “ofendidos” triunfaran, al final un escritor jamás podría incluir en sus novelas perversos y malvados personajes, ya que sólo se admitirían aquellos con alma noble y pura. Al final, la sangre no llegó al río y el libro de Migoya siguió en las tiendas (y seguramente con mejores ventas de las inicialmente previstas, mira tú). Eso sí, a la Directora Miriam Tey se la dejó en el cargo, aún cuando semejante cruzada la incapacitaba, a mi modo de ver, como cabeza visible de un organismo público.

Si este segundo caso ya tenía más efectos en al vida de la gente, sobre todo en la del escritor, el tercero nos afecta a todos y supone un peligroso e inaceptable recorte en los fundamentos de los sistemas de gobierno europeos. Esto es, en los fundamentos de la Democracia. En el pasado mes de abril, los ministros de justicia de los países miembros de la Unión Europea se reunieron para sacar adelante una ley que considera delito la negación del Holocausto (esto es, el genocidio premeditado de judíos y otras minorías llevado a cabo en la Alemania nazi).

Voy a imitar a mi amigo y voy a aclarar que el Holocausto sí existió. Esa es mi opinión y no sólo eso: también la realidad. Ahora bien, el que un tipo diga en un artículo de periódico, una conferencia o cualquier otro acto que aquel espantoso genocidio no existió no creo que deba ser considerado como delito. La razón es muy sencilla. En una democracia, las opiniones no deben ser consideradas delitos. Si lo fueran, ¿seríamos libres para opinar, para expresar en público aquello que pensamos? La respuesta, evidentemente, es que no. Y eso es una grave carga de profundidad contra los fundamentos democráticos.

Deberíamos informar, poner los medios necesarios para que la gente pueda conocer los temas y reflexionar sobre ellos. En definitiva, para que se formen una opinión. Pero no la opinión que a nosotros nos gustaría que tuvieran, sino la de ellos, sea igual o radicalmente diferente que la nuestra. Porque la democracia consiste en poder defender que los demás pueden no opinar lo mismo. Incluso que pueden estar equivocados y, aún así, defender su derecho a equivocarse.

Pero si no están convencidos con este posicionamiento y piensan que esta ley será buena e incrementará nuestra tolerancia y la convivencia entre nosotros (cosa que dudo), permítanme que proponga un par de leyes similares, a ver que piensan.

La primera será una ley que tipifique como delito la negación de las teorías científicas vigentes sobre la creación de la Tierra y del hombre. Para ser más específico, propongo que si en una iglesia, el cura lee el Génesis, sea detenido inmediatamente y encarcelado. Y si sale un creacionista a defenderlo, hala, a hacerle compañía.

La segunda será especialmente bien acogida por los astronautas. Si algún viandante es entrevistado en la calle sobre la llegada del hombre a la Luna y dice que él cree que fue todo un montaje y un engaño, se deberá llamar a los agentes de la policía para que le hagan pasar la noche a la sombra (sin que le ilumine la luz de la Luna, por supuesto). Y después imponerle una multa ejemplar, que así llenamos las arcas del estado.

Evidentemente son leyes estúpidas. ¿A mí qué más me da que un tipo diga que la Creación se llevó a cabo en 6 días o que el Sr. Gutiérrez diga que la NASA es una casa de timadores? Me pondrán parecer tontos, pero no delincuentes. Igual de ridícula es la Ley Antinegacionista del Holocausto, por más que la quieran disfrazar como barrera antineofascismos, ya que la propia ley es, a su estilo, fascista, pues niega las bases democráticas: la razón, el respeto y la libertad.

Categorías: Miscelánea

Aviso

Parece ser que el servidor de Mediamax, donde desde hace un tiempo, y por motivos económicos derivados de la alta tasa de transferencia de mi servidor principal, estoy guardando los archivos de audio que sirven de ejemplo para algunos de los posts de esta web… prosigo, parece que Mediamax me la ha jugado después de que este pasado fin de semana hicieran tareas de mantenimiento. El resultado es que la mitad de los archivos que tengo allí no se pueden bajar, ni se ejecutan en el reproductor de audio de su ordenador ni tampoco pueden dejarlos en su equipo con el viejo método de “Guardar como…”

Estoy tratando de arreglar el desaguisado. Por lo pronto, les pido disculpas si al intentar oír algún ejemplo en los posts que los contienen, lo único que consiguen es un frustrante y silencioso vacío.

Ya les avisaré cuando vuelvan a estar todos disponibles (crucen los dedos).

Actualización: Soy incapaz de arreglarlo. he probado un poco de todo, subir archivos de nuevo, renombrarlos, moverlos de una carpeta a otra, bajar la calidad,… Así que he mandado un correo al servicio de soporte técnico de la compañía, correo al que me han respondido rápidamente comentándome que es un tema que ya están mirando ellos (no debo ser el único). Bueno, pues a esperar tocan.

Categorías: Música

The Decemberists: "Sixteen Military Wives"

Sixteen military wives
Thirty-two softly focused brightly colored eyes
Staring at the natural tan
of thirty-two gently clenching wrinkled little hands
Seventeen company men
Out of which only twelve will make it back again
Sergeant sends a letter to five
Military wives, whose tears drip down through ten little eyes

Cheer them on to their rivals
Cause America can, and America can’t say no
And America does, if America says it’s so
It’s so!

And the anchorperson on TV goes…
La de da de da

Fifteen celebrity mimes
Leading their fifteen sordid wretched checkered lives
Will they find the solution in time
Using their fifteen pristine moderate liberal minds?

Eighteen academy chairs
Out of which only seven really even care
Doling out the garland to five
Celebrity minds, they’re humbly taken by surprise

Cheer them on to their rivals
Cause America can, and America can’t say no
And America does, if America says it’s so
It’s so!

And the anchorperson on TV goes…
La de da de da de-dadedade-da
La de da de da de-dadedade-da

Fourteen cannibal kings
Wondering blithely what the dinner bell will bring
Fifteen celebrity mimes
Served on a leafy bed of sixteen military wives

Cheer them on to their rivals
Cause America can, and America can’t say no
And America does, if America says it’s so
It’s so!

And the anchorperson on TV goes…
La de da de da de-dadedade-da
La de da de da de-dadedade-da

Página oficial del grupo: The Decemberists

Categorías: Música, Videos

El cómic perfecto

Hace ya mes y medio que cerró sus puertas el 25º Salón Internacional del Cómic de Barcelona y los aficionados todavía están haciendo masajes cardíacos a sus bolsillos por la gran cantidad de novedades que pudieron agenciarse. Menos mal que yo no me paso por allí y que prefiero distribuirlas a lo largo de más tiempo para que el gasto parezca menor. De entre todas las novedades, hay una que, aunque supone la tercera edición en España, por su calidad es un tebeo que no debe faltar en ninguna casa que se precie de gustar del noveno arte. Se trata de la edición absolute de Watchmen, de los británicos Alan Moore y Dave Gibbons, presentada ahora en un formato ligeramente mayor al original (que es el único pero que le pongo: a mí, los tebeos no me gustan ni más grandes ni más pequeños, sino como fueron pensados por sus autores y editores).

Las ediciones de Watchmen en la piel de toro son como un testigo que va pasando de mano en mano. Comenzó Ediciones Zinco en formato comic-book, con los 12 números que componen la serie. Muuuuchos años más tarde Norma Editorial publicó la obra en un único tomo, que es el que tengo yo (también tenía los originales estadounidenses, ya que seguí la serie conforme se publicaba en los EE.UU., pero al salir la edición de Norma, se los dí a una amiga; al fin y al cabo, y aunque me defiende en inglés, siempre entenderé mejor una traducción al español, y además, como ya les he dicho en alguna ocasión, soy mínimamente fetichista para las dedicatorias, primeras ediciones y demás parafernalia). Ahora es Planeta-DeAgostini la que nos lo vuelve a traer, siguiendo la edición absolute, que cuenta con unas 50 páginas de material extra. El precio, 35 euros.

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Portada de la nueva edición de “Watchmen” a cargo de Planeta-DeAgostini

En los años 80, la industria del comic americano mainstream, liderada por los superhéroes de Marvel y D.C. languidecía con historias más o menos rutinarias. Había algunas series que puntualmente podían destacar (la Patrulla-X de Claremont y Byrne, el Daredevil de Miller y Mazzucheli,…), pero la norma era una muy extendida mediocridad en la que los riesgos que corrían los editores eran mínimos.

La mencionada Daredevil ejerció de espoleta para que la industria comenzara a pensar que podían hacerse historias de superhéroes bastante más serias (y, ya puestos, oscuras) que las que se venían desarrollando,a cercando si cabe un poco el tono hacia el cómic europeo. Así, D.C. dejó que el guionista de dicha serie (y eventual dibujante en muchos de sus números) Frank Miller se marcara una historia a medio camino entre la ciencia-ficción, los superhéroes y las historias de samurais japoneses. El resultado fue Ronin, seis número que salieron a la venta en 1983 en los que Miller continuaba la experimentación narrativa que inició en Daredevil. El tebeo suponía un gran salto adelante, pero le faltaba algo. Ese algo lo consiguió en 1986 en su siguiente envido tebeístico: El Regreso del Caballero Negro (The Dark Knight Returns), una historia en cuatro números en la que un Batman ya jubilado regresaba de su retiro para, con métodos fascistoides, sacar al mundo de la alcantarilla donde se había metido. El cómic gustó a todo el mundo: a los lectores, a los críticos, a los editores y a toda la profesión. Miller había dado en el clavo. Y D.C., la editorial que lo publicó, encontró la senda por la que los superhéroes empezarían a transitar.

Y para demostrar que ya no había vuelta atrás, ese mismo año empezó a publicar una miniserie de doce números cuyo origen era, curiosamente, una operación puramente comercial.

Así es, D.C. se había hecho con los derechos de otra editorial, Charlton Comics, que había dejado el negocio justo ese mismo año, y buscaba la forma de integrar los personajes de ésta (The Question, Blue Beetle y otros) en su propio universo poblado ya por Superman, Batman, Wonder Woman, Green Lantern y el resto de los héroes de la casa. Para ello, se puso en contacto con Alan Moore, el guionista inglés que ya había dado muestras de su buen hacer en La Cosa del Pantano (Swamp Thing), también de D.C., y Miracleman (publicado en la revista inglesa Warrior). Moore, en vez de hacer eso, sólo se basó en los personajes de la Charlton para crear unos parecidos y poder hacer una historia autoconclusiva en 12 números, dejando que otros integraron a aquellos héroes en el universo D.C. En otras palabras, paso del encargó y presentó una nueva idea. En D.C. debieron de quedar fascinados con lo que, con la ayuda de otro británico, el dibujante Dave Gibbons, Moore ideó: un gigantesco mecanismo de precisión en el que cada página, cada viñeta, cada punto de vista,… todo, absolutamente todo, encaja como en un puzzle hiperdimensional.

El argumento de Watchmen es, en principio, de lo más sencillo. Incluso banal. Los antiguos componentes de un grupo de de superhéroes están siendo atacados, asesinados, apartados.

Dije en principio porque Moore desarrollará a lo largo de la serie una gran cantidad de historias secundarias que enriquecen increíblemente la trama principal. Historias referentes a los diversos personajes perfectamente entrelazadas con al acción principal, bien con flashbacks, con relatos en paralelo, etc.

También en principio porque además Moore aprovecha cada viñeta para retratar la sociedad a través de esa del tebeo, que no sino la nuestra con algunas variaciones. Algo así como un reflejo ligeramente deformado. Así, los conflictos políticos, sociales, raciales, sexuales, de pareja así la violencia, el futuro, la compasión, el amor, la locura, el desarrollo tecnológico, la soledad y muchas otras cosas tienen una parte realmente importante en el relato.

Por otra parte, el aspecto formal de Watchmen es de lo mejor que puedan haber degustado en toda su vida de lectores de cómics. Para ello, Moore detalló minuciosa, neuróticamente, cada detalle que aparecía en cada viñeta: tipo de plano, angulación, elementos que debían poder observarse en la imagen, posiciones de los personajes, etc. Podía especificar todas y cada uno de los graffitis que debían verse en una pared como la hora que debía señalar el reloj que porta en su muñeca un personaje y que apenas se ve. Gibbons aceptó el trabajo de poner en imágenes esa visión de Moore y lo hizo de forma insuperable gracias a su trazo detallado y limpio, con diseños que estan a medio camino entre la ciencia-ficción, el cine negro y la estética de los años 50. En cristiano: un depurado y estilizado pulp.

Si los textos y las imágenes serían ya seuficientes para hacer ingresar a Watchmen en el Olimpo de los cómics, las relaciones entre ambos y la forma en que Moore y Gibbons se sirven de elementos gráficos y narrativos hacen que, en mi opinión, este tebeo sea una absoluta y perfecta obra maestra (no tengo ningún reparo en etiquetarlo como tal). Un ejemplo de estas estructuras que conforman el subtexto del cómic y que se erigen en símbolos icónicos son las imágenes circulares que comienzan con la pin del smiley con la mancha de sangre cruzando se ojo que aparece en la mismísima portada del nº1. En ella tenemos tres elementos: círculo, smiley y trazo diagonal (mancha). Éstos aparecen durante todo la obra (todas las imágenes de este post son © D.C. Comics):

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Portada del nº1: vista parcial de un pin con un smiley cuyo ojo derecho es cruzado por una mancha de sangre.
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Portada del nº10, en la que se muestra un radar. Los reflejos, las marcas de los objetos que se acercan y la traza radial del propio radar tienen la misma estructura gráfica que el smiley anterior.
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Portada del nº6, en la que vemos el reflejo de una nave en el cristal de unas extrañas gafas. Una traza sobre el polvo acumulado en el cristal completa la estructura.
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Si pasamos al interior de este nº6, la primera página nos ofrece de nuevo la imagen de portada en su primera viñeta (todos los números siguen esta pauta: la portada es el verdadero inicio de la lectura) y, si observan la viñeta nº7, verán que se repite. Por cierto, la disposición de viñetas en una rejilla de 3×3 es la base de todas las páginas, bien así o en combinaciones de ellas (hay alguna página que se lo salta por razones de narración). No son necesarios virtuosismos gráficos de ningún tipo para dar fluidez a la historia.
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En esta ocasión, no tenemos la traza que simbolizaría la original mancha de sangre, pero sí un elemento esférico, una bola de cristal con un castillo rodeado de agua con virutas en suspensión que simularían nieve cayendo. En el se reflejan los ojos de la persona que lo sostiene en la mano: un claro smiley que sonríe gracias a un reflejo. En este caso, no hay nada que recuerde a la mancha de sangre.
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La tercera viñeta de esta secuencia vuelve a mostrarnos un círculo (el sol a través de una ventana) y la traza en la condensación que sobre el cristal se ha formado. No hay smiley, pero el color amarillo proporcionado por el Sol es suficiente.
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En esta imagen, la portada del nº11, hay una traza sin nada más. Su silueta es casi exacta a la de la mancha de sangre y está hecha nuevamente sobre un cristal. En este caso el cristal tiene una capa de hielo o nieve y unos dedos han abierto una estrecha “ventana” por la que podemos ver algo de su florido interior
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Por último, en la portada del nº2 pueden observar una imagen que aunque no comparte la estructura, sí tiene reminiscencias de ella: una cara sobre la que cae un lluvia diagonal.

Los anteriores son sólo ejemplos de una sola de las estructuras simbólicas que hacen que el lector, aun sin ser consciente (en un primer momento) de ellas, retiene en su cabeza y cuyos patrones reconoce inconscientemente para producir más conexiones entre los diferentes momentos del relato.

Por supuesto, hay más. Los relojes que, partiendo inexorablemente de las 11:48, se acercan inexorablemente hacia las 12:00 (12 minutos en 12 tebeos). Eso no quiere decir que la acción dure 12 minutos, sino que Moore y Gibbons se las arreglan para dar la sensación de que hay un destino al que el relato se dirige.

Más: la famosa estructura simétrica del nº5, tanto a nivel de diseño de página como de acción. Un encaje de bolillos que tiene su sentido si se lee detenidamente.

Más: la filigrana temporal ideada para el número en el que se nos cuenta la historia del Dr. Manhattan, en el que la relatividad del tiempo y la omnisciencia son factores decisivos. Un número que es a la vez duro, delicado, frío y humano.

Más: la historia paralela que surge de un cómic de piratas leído por uno de los personajes secundarios. Una historia que acompaña ciertos acontecimientos, puntuándolos, y que supone un elemento esencial para la comprensión moral de lo que se desarrolla en Watchmen.

Más: La ominosa pregunta ¿Quién vigila a los vigilantes? (Who watches the watchmen?), cuyo original es la frase que escribió Juvenal en su Sátira IV a finales del S.I y principios del S.II (Quis custodiet ipsos custodes?). Esta frase aparece en folletos y pintadas a lo largo de la serie, recordándonos tanto la trama principal (¿quién está detrás de todo?) como las implicaciones morales y legales del hecho de tener unas fuerzas de seguridad (en último término, unos gobiernos) que no responden ante nadie.

En otros blogs he leído que toda esta utilización de métodos narrativos, conexiones y subtextos impone; se diría que puede llegar a asustar al lector. Que dotan a la obra de una frialdad, de una perfección que, paradójicamente, hace que no sea perfecta. Que hacen que uno se pierda en los innumerables detalles que la pueblan. Si quieren saber mi opinión, me parecen paparruchas. Precisamente ese es uno de los puntos fuertes de Watchmen y hace que la lectura deje lo intrascendente para acercarnos a problemas universales, permitiéndonos una identificación con la narración.

Además, Watchmen está poblado de los suficientes elementos sentimentales (dicho sin carácter peyorativo) como para calentar un poco ese implacable frío. No voy a entrar en detalles porque quizás develaría detalles esenciales para aquellos que no han leído el tebeo, pero les aseguro que los hay. Sólo volveré a nombrar ese fascinante nº4, en en que esa pretendida frialdad esta teñida de un enorme nostalgia.

En definitiva, Watchmen es ese tebeo que todos aquellos a los que les gusta la lectura deberían leer. Una piedra angular en la historia de los cómics.

Los críticos literarios de la revista Time Magazine Lev Grossman y Richard Lacayo lo incluyeron dentro de su selección de las 100 mejores novelas en lengua inglesa desde 1923 al día de hoy. Cada uno tiene sus gustos y estos señores tendrán los suyos, pero que sea el único tebeo que pongan al lado de novelas de autores como Pynchon, Doctorow, Greene, Bellow, Fitzgerald o Faulkner algo querrá decir.

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