El exceso en las bandas sonoras actuales

Uno de los males más arraigados en el cine moderno es su querencia, en general, por las bandas sonoras excesivas. Pareciera como si hubiera una letra pequeña en los documentos de producción que dijera que cada segundo y cada plano de la película tuviera que ser recubierto con la música de la banda sonora.

Si en el arte árabe de antaño existía lo que hemos dado en llamar miedo al vacío, cuya consecuencia era que cualquier hueco en los muros de muchos de sus edificios era rellenado con profusión de decoración vegetal o con frases extraídas del Corán, podríamos decir que el cine moderno tiene miedo al silencio.

Recuerdo como una experiencia cargante el visionado de la primera película de la serie de Harry Potter, con la música de John Williams taladrándo los oídos contínuamente. El dichoso tema principal, espléndido por otra parte, lograba causar el rechazo más absoluto debido a su omnipresencia. Supongo que las culpas deben repartírselas entre el compositor, el director y el productor.

Algunos deberían pensar más en si la película que están haciendo necesita música o no. Y si la necesita, de qué tipo y en qué medida. Yo les recomendaría que se pusieran en el DVD Todos los Hombres del Presidente (All the President’s Men, 1976, Dir: Alan J. Pakula), el excelente film que narra las pesquisas de los periodistas del Washington Post Carl Bernstein y Bob Woodward en pos del esclarecimiento de los hechos relacionados con el Caso Watergate, cuya banda sonora está compuesta por David Shire, especializado en productos televisivos.

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Lo primero que sorprende de esta banda sonora musical es su completa ausencia hasta bien entrada la película. Ni aparece en los títulos de crédito iniciales ni en los siguientes minutos. Tenemos que esperar 28 minutos y 28 segundos para oír la primera nota compuesta por Shire… y esa primera intervención musical no dura ni siquiera 1 minuto, acompañando y enfatizando la escena en que los dos periodistas rebuscan entre las fichas de préstamo de libros de la Biblioteca del Congreso alguna pista, momento en el que la cámara se aleja y abre su campo de visión, desde las fichas hasta situarse en el techo de la sala, mostrando la ingente tarea que les espera a Bernstein y Woodward no sólo en esa sala, sino en el caso completo. Un zoom inverso combinado con dos fundidos.

Aquí tienen las imágenes (todas ellas © Warner Bros. Entertainment Inc. y Wildwood Enterprises Inc.)…

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… y aquí la banda sonora que acompaña la escena. En ella he dejado el final del plano anterior y el principio del siguiente, por simples motivos de completitud:

Extracto de la BSO de Todos los Hombres del Presidente (MP3 – 00:59 – 289 Kb)

Esta sencilla y corta pieza musical, que se ha hecho esperar casi media hora, también establece el clima que impera en el film. Unos tenues acordes (creo que en piano y arpa) nada triunfales (todo lo contrario: tristones, grises, oscuros) separados por una gran cantidad de silencio: dos que sirven de introducción y el tercero da paso al ritmo sobre el que los trombones (quizás con alguna trompa), también suavemente, tocan tres intervalos de segunda ascendentes, cada uno de ellos en una zona más elevada que el anterior, una música que parece ir a la búsqueda de algo. La forma en que estos intervalos son ejecutados por los trombones, un instrumento poderoso que tocando suavemente en los graves suena inquietantemente amenazador, establece la atmósfera adecuada no sólo a la escena, sino parte del intríngulis de la película: escondido en el sistema hay algo podrido que Bernstein y Woodward están empezando a sacar a la luz.

Esta intervención musical termina con un repetitivo arpegio ascendente en el arpa (siempre temo equivocarme al reconocer los instrumentos… espero que sepan disculparme cuando ocurra… ¡a lo mejor ha sucedido ya!), un motivo que yo atribuyo a la labor rutinaria de investigación, un trabajo constante, gris, laborioso y necesario para descubrir la verdad que está detrás del Watergate. Un motivo que además no finaliza, sino que se queda colgado en el aire: la investigación no ha terminado, sino que acaba de empezar.

El resto de los momentos en que existe banda sonora musical en la película son similares (aparece algún tema distinto, pero de parecido carácter). He contado cuántas veces hay música en todo el metraje y, si no he cometido ningún error, son 13 (incluida alguna de música diegética y algunas que podrían considerarse como un único bloque). Si sumo la duración de todas ellas salen unos 12 minutos (más o menos). Si tenemos en cuenta que la película dura unos 132 minutos, el porcentaje de banda sonora músical es de un 9,1 % del tiempo total. O sea, muy rarificada y dispersa. En el cine actual, me juego lo que sea a que este porcentaje debe estar entre el 50% y el 75% (y seguramente más cerca del 75% que del 50%)

Pero no por ello menos efectiva. Y eso es lo que importa, porque la banda sonora no es sólo la parte musical, sino también las conversaciones, los ruidos del ambiente y, por supuesto, el silencio. Todas estas cosas son muy importantes en un film que habla de secretos contados a media voz en garajes oscuros, de conversaciones en exteriores para evitar los micrófonos ocultos y de redacciones de periódicos donde, como muestra su magistral escena final, el ruido de las máquinas de escribir y los teletipos puede ser más poderoso que las fanfarrias políticas.

Categorías: Cine & TV, Música

Liberación

- ¡Eh, usted! ¿Es Vandeleur?

- Sí

- Soy Bobby Stout

- ¿Qué tal?

- Vaya día. Mírelos, ¡están como locos!

- ¿Le han liberado alguna vez?

- Me he divorciado dos veces. ¿Eso cuenta?

- Sí, eso cuenta

Conversación entre el Tte. Coronel Vandeleur, del ejército británico (personaje real), y el estadounidense Coronel Stout (ficticio) en medio de la algarabía popular en la liberación de Eindhoven (Holanda) por el Grupo de Guardias Irlandeses de Vandeleur durante la Operación Market Garden (17 al 25 de septiembre de 1944); diálogo extraído de la película Un puente lejano (A bridge too far, 1977, Dir: Richard Attenborough)
Categorías: Citas

Powers online

Powers es un comic con guión de Brian Michael Bendis y dibujos de Michael Avon Oeming con un nivel de calidad superior a la media. Si no lo conocen, ahora tienen la oportunidad perfecta (si leer en inglés no es un problema para ustedes, claro), ya que se está publicando on-line su primer arco argumental, ¿Quién mató a RetroGirl? (aviso, retroklang no tiene nada que ver con este asesinato). No se publica todo de golpe, sino a razón de una pagina diaria; por ahora llevan ya casi 70 (que son más de 3 números de la serie). Para leerlo, sólo tienen que pinchar aquí.

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Portada de la edición española de “Powers: ¿Quién mató a RetroGirl?” (Ed. Planeta-DeAgostini)

El cómic combina el género policíaco con el superheróico. ¿Cómo? Sencillo. En el mundo hay personas con poderes y otras sin poderes. Pero los crímenes implican a unos y a otros. Los detectives Christian Walker y Deena Pilgrim son los encargados de esclarecerlos, tratando con personajes que pueden ser superhéroes, supervillanos, villanos a secas o gente normal.

Por lo tanto, no es un tebeo de superhéroes al uso. Es más, yo ni lo considero así. Para mí es un cómic policíaco que se desarrolla en ese ambiente superheróico, puesto que la dinámica de la obra responde a las pautas policíacas, mostrando las superheróicas en contadísimas ocasiones.

Por lo demás, los guiones son bastante entretenidos (unos mejores que otros) y el dibujo es magnífico, deudor de la serie de animación de Batman diseñada por Bruce Trimm, pero también de la propia concepción gráfica de Bendis (sí, del guionista… es que también es dibujante, aunque de forma muy esporádica y casi limitada a sus inicios). En resumen, un comic de lo más entretenido.

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Portada de la edición estadounidense de “Powers: Who killed RetroGirl?” (Ed. Image Comics)
Categorías: Comics

¡Chan chan cha chaaaaaan!

Esta mañana de sábado, como casi todas las mañanas de sábado, estaba sentado yo en un silla de madera. De esas de tijera. Delante de mí había un extraño aparato con varias varillas metálicas entrelazadas que agarraba con fuerza unas hojas de papel blanco manchadas por unos símbolos negros. Para completar la escena, yo tenía un tubo de metal pegado justo debajo de mi labio inferior. Si esta imagen estuviera sacada de una película de David Cronenberg, sería para echarse a temblar. Pero no era una peli, sino el ensayo de la banda de alumnos y aficionados que me da cobijo (o sea: silla, atril y café). Pensándolo bien, también es para echarse a temblar.

Estábamos empezando a preparar el repertorio de un próximo concierto. Un concierto muy especial, porque será en una fiesta popular (con comida, que en Galicia una fiesta de un pueblo sin comida es, además de anatema, tabú y seguramente esté expresamente prohibido en el Estatuto de Autonomía de Galicia) y tocaremos al aire libre. Digo que es es especial no por la fiesta; eso casi mejor, porque así la gente nos juzgará más benévolamente. A ver quién es el guapo que es capaz de criticar nuestros tempi cuando está haciendo gimnasia mandibular con un trozo de pulpo á feira. El público ya lo tenemos ganado antes incluso de sonar la primera nota. No, es especial porque será al aire libre y constituirá una excelente oportunidad para cogernos un resfriado que dure hasta las navidades. Y si llueve y hace viento (vamos, lo típico de noviembre), acabaremos apretujados debajo de la carpa en plan Banda de los Hnos. Marx.

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John Williams

Bueno, a lo que iba, que yo en realidad quería contarles algo que me pasó en el ensayo. Estábamos enfrascados con un popurrí de música compuesta por John Williams (sí, el de Superman, Indiana Jones, etc.). En concreto, sonaban las saltarinas notas que anunciaban el tema de los informativos de la cadena de televisión NBC, cuando, sin aviso previo: ¡CHAN CHAN CHA CHAAAAAAAN, CHAN CHA CHAN, CHAN CHA CHAAAAAAAN!.

Vale, entiendo que escrito de esta forma es difícil de reconocer, pero hagan un esfuerzo. Vamos allá. Concéntrense. Cierren los ojos y traten de imaginar un pesonaje de película de aspecto amenazador, todo vestido de negro (capa y casco incluidos) en un ambiente de ciencia ficción. Suena la música: ¡CHAN CHAN CHA CHAAAAAAAN, CHAN CHA CHAN, CHAN CHA CHAAAAAAAN!.

Acojona, ¿verdad? Hombre claro. Como debe ser. Porque si hay un malo, malo… pero malo de verdad, magna cum laude, ese es Darth Vader. Un tipo que no tortura a princesas para arrancarle información sobre el paradero de la flota rebelde. No, ¡qué va! Para él eso es poca amenaza. Una chiquillada de parvulario. Darth Vader actúa a lo grande. A escala cósmica. Darth Vader se carga el planeta natal de la chavala (especies en peligro incluidas). Con un par y una Estrella de la Muerte, que es algo que siempre viene bien llevar en el bolsillo.

Un tipo que, puestos a ser malo, escoge uno de los peores delitos: ser traidor a los suyos, a los Jedi, una panda de amigos que se creen mejores porque su sangre está colonizada por no sé qué bichitos, mira tú… lo que hace que traicionarles sea más una obligación moral que una opción personal.

Un tipo cuya espada láser es roja. Nada de azul o verde o violeta (este último un completo espanto dentro del fabuloso mundo del diseño de espadas láser que pudo verse en la última trilogía de La Guerra de las Galaxias… que es la primera… aun siendo la última… por ahora… joder, ya me he liado). No, la de Vader es roja, que se note que su luz es sangrienta, que sus fotones se han llevado por delante a cientos de enemigos y ex-amigos.

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Darth Vader, de profesión, malo malísimo

Y si ahora viene alguno de ustedes con el cuento de que en el fondo Darth Vader es un buenazo porque que al final salva a su hijo y se carga al Emperador, queda advertido: le rebanaré su lindo cuello. El Retorno del Jedi (que es el retorno de Vader a la orden Jedi, en un funesto título spoiler semejante al de El Retorno del Rey tolkienano… ¿se imaginan si Agatha Christie hubiera titulado una de sus novelas El asesino es Sir Robert McMurray?) … repito: El Retorno del Jedi debió acabar con Vader dando muerte a su hijo, en plan tragedia shakesperiana, y falleciendo luego él mismo a consecuencia de las heridas recibidas, quizás con un poquito de ayuda del Emperador, por eso de mejor matarlo antes de que me quite el trono, que está muy crecido ahora. O sea, con Vader siendo malo malísimo hasta el último de los títulos de crédito finales.

A un “colega” así hay que darle la música más adecuada a tamaña maldad. Y John Williams se encargó de componer un tema que, en mi opinión, es el más memorable de toda la saga galáctica (sí, incluso más que el tema principal): la Marcha de Darth Vader. Dicen que de Marcha de Darth Vader nada, que es la Marcha Imperial y a quien representa es al Emperador, porque cuando suena por primera vez es cuando éste va a visitar a Vader en El Imperio Contraataca. Mentira cochina. ¿Por qué? Porque cuendo suena, ¿en quién pensamos todos? ¿En el Emperador? ¡Ja! Y un cuerno. Pensamos en Darth Vader. Y, miren, no hay más que “escuchar” la opinión del propio compositor: John Williams se encarga de dejárnoslo bien clarito, ya que sí, la titula Marcha Imperial, pero entre paréntesis escribe Tema de Darth Vader. Na hay ninguna duda, era en él y no en el decrépito Emperador en quien pensaba cuando estos sonidos tomaban forma en su cabeza.

Esta es una música que transmite maldad. Pero no una maldad a escala humana. No. Es algo mucho mayor y a la vez más enraizado en el interior de las personas. Una maldad opresiva y que no admite desviación alguna. Machacona. Extenuante. Una especie de locura berserker. Una maldad casi contagiosa.

Y a eso iba, porque cuando hemos empezado a tocar, ¡CHAN CHAN CHA CHAAAAAAAN, CHAN CHA CHAN, CHAN CHA CHAAAAAAAN!, de repente me han entrado unos sudores fríos y unas ganas tremendas de dominar el mundo. ¡Qué digo el mundo!… ¡¡¡¡EL UNIVEEEEEEERSO, BWAAA-HA-HA-HAAAA!!!!

Qué sensación más rara. Qué extraña magia (negra) encierran esos acordes, ese tenebroso ritmo (lógico, es el de la Marcha Fúnebre de Chopin) y esa fanfarria, que hace que te pongas a segregar adrenalina a chorros. No entiendo como algún equipo de fútbol no la ha escogido para motivar psicológicamente a sus jugadores. Si esto lo pones por los altavoces del estadio cuando sale el equipo de casa, sus jugadores se meriendan al contrario. Y los del equipo visitante se quedan acoquinados en el banquillo, temblando de miedo.

Hagan la prueba y escúchenla en sus casas. Pero ojo con las consecuencias.

Para oír la Marcha Imperial (Tema de Darth Vader), pinchen aquí. En esa página búsquenla entre las que le ofrecen y pinchen listen.

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Foto firmada por John Williams en la que vemos de Darth Vader charlando “amistosamente” con la Princesa Leia
Categorías: Música

XTC: Black Sea (1980)

Hay dos tipos de tiendas en las que me suelo perder buscando en sus estanterías y expositores artículos que me llamen la atención por uno u otro motivo: librerías y tiendas de discos y películas. Así, rastreando y dejándome las yemas de los dedos de tanto pasar los discos, he podido descubrir grupos y compositores que luego se han situado entre mis favoritos. Y de esa forma di con el disco que hoy traigo a este blog.

Estas incursiones eran bastante habituales en Madrid Rock, tienda ya desaparecida y que en su momento era una de las joyas de la corona musical de la zona centro de Madrid, junto con Discoplay y otras más pequeñas que estaban entre la Plaza del Callao y la del Convento de las Descalzas (ya ni me acuerdo de sus nombres). Hacía ya tiempo que una portada de un disco había tocado mi fibra aventurera-musical. Una portada con cuatro tipos en traje de buzo ante un fondo marino pintado. O sea, esta:

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Portada de “Black Sea”

Pertenecía al LP Black Sea, publicado en 1980 por el grupo inglés XTC (nombre que hacía referencia al juego de palabras que se produce al tener una pronunciación similar a la de la palabra éxtasis). Esto de que el nombre del grupo fuera unas siglas a mí siempre me ha gustado, para qué nos vamos a engañar. Luego a lo mejor la música era una basura, pero…

El nombre y la portada, después de verlos repetidamente en el expositor, acabaron por hacer mella en mí, así que acabé comprándomelo. ¡Qué bien hice! Gracias a ello pude descubrir a uno de los mejores grupos que han dado las Islas Británicas. Y con el nivel que hay allí, eso es poner el listón muy alto.

Los chicos de XTC habían debutado unos años antes, en 1977, con un EP llamado 3D, cuya canción estrella era la primeriza Science Friction. Unos meses más tarde, en enero de 1978 ve la luz su primer LP: White Music. En él, XTC se sitúan estilísticamente en una combinación de punk-rock y new wave. Para que se hagan una idea, un poco a la manera de los primeros The Police. Las canciones son saltarinas y desprenden una enorme energía. La voz de Partridge es ligeramente gritona, abrasiva y con unos fabulosos toques cavernosos en sus graves, mientras que la de Moulding es más uniforme y melódica (ambos son los cantantes asimétricos del grupo: aproximadamente 3/4 partes de las canciones suenan con la voz de Partridge, mientras que el otro 1/4 queda a cargo de Moulding… y es que cada uno suele cantar aquella canción de la que es autor) .

Después de dos nuevos LPs (Go 2, también de 1978, y Drums and Wires, de 1979), se produce un significativo cambio. En Drums and Wires se añadía un nuevo estilo a los anteriores, el pop… pero no tenía el peso específico suficiente, como si los XTC estuvieran tanteando el suelo que pisaban. Una vez anclados sus pies en terreno firme, el grupo abre el grifo, haciendo que el fluido musical pop que sale de él se combine con el sonido original de la banda. Resultado: Black Sea.

Un LP con un buen puñado de buenas canciones, desde el principio, donde ese enérgico riff inicial de Respectable Street abre el fuego, hasta la oscura, gótica, salvaje e hipnótica Travels in Nihilon, que contrasta con sus más inmediatos precendentes en el disco (Burning with optimism flames, con su acelerada voz, y Sgt. Rock is going to help me, un homenaje de Partridge a uno de sus personajes de comics favoritos, el Sargento Rock de DC Comics). Precisamente Travels in Nihilon, con su abrumadora densidad, es la canción que me hizo comprender que estos chicos sabían hacer bastante más que canciones pegadizas.

La instrumentación del grupo no puede ser más clásica: guitarras, bajo y batería. Los teclados, aunque existen, no tienen mucha presencia en este disco (en el futuro irán cobrando más protagonismo). En cuanto a los tempos, dominan los rápidos y los medios; el único tema lento es The Sonambulist (que no estaba en el LP original, pero luego fue incluido en el CD). Desde luego, no es un álbum que uno pueda escuchar para relajarse; todo lo contrario, está lleno de música que activa las semicorcheas de nuestra sangre y que lanza al aire compases de alto voltaje. Vamos, que no hay cabida para dulces baladas.

XTC nunca han sido un grupo de esos que arrasan. Para nada. Ni su música está hecha para llenar estadios, ni para adoptar poses mesiánicas. Ni siquiera hacen actuaciones en directo, más que en contadísimas ocasiones (y contadísimas es eso, contadísimas): es un grupo de estudio “a la fuerza” desde que Partridge desarrollo un insoportable miedo escénico a principios de los años 80. Además, los angulosos sonidos que exhibían en sus primeros discos no parecían poder proporcionarles éxitos masivos.

Lo que sí consiguieron fue crear un pequeño grupo de seguidores que continuamente iba creciendo (no conozco a nadie que, una vez los ha conocido, haya renegado de ellos). Poco a poco o tacita a tacita, que diría Carmen Maura, han logrado establecerse en lo que normalmente conocemos como grupo de culto. Pero no uno cualquiera, de esos que escuchan tres gatos. Nada de eso: su justa fama de grandes creadores de canciones, elegantes y versátiles, es reconocida por casi todos los profesionales y aficionados, y cada disco de ellos es siempre recibido con alegría, sobre todo teniendo en cuenta que no se prodigan y pasan años entre ellos.

Para terminar, aquí tienen vídeos de cuatro canciones del álbum Black Sea (una de ellas con dos extras en directo). Son las que he podido encontrar en YouTube.

Respectable Street

General and Majors (y sí, uno de los “generales” es Richard Branson, el dueño de Virgin Records, sello que editaba en ese momento a XTC)

Towers of London

Burning in optimism flames (en directo en la WDR)

Respectable Street (de la película “Urgh! A Music War”)

Respectable Street (en directo en la WDR)
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Trasera de “Black Sea”
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Categorías: Música, Otras músicas

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