Historias de un cocinillas

El pasado domingo me regalaron un libro. ¿Cuál es su titulo? ¿Y su autor? ¿De qué va?…. Vaya, son ustedes unos impacientes. Les diré algo sobre él.

Si ustedes han entrado a la cocina de su casa alguna vez con intención de echar mano de cucharas, platos, sartenes y fogones para cocinar un sabroso manjar, descubriendo que no hay forma humana posible de que tenga un aspecto mínimamente similar al que aparece en la foto que ilustra la receta que estamos siguiendo paso a paso, este es su libro.

Si sus estanterías tienen más libros de cocina de los que realmente necesitan, este es su libro.

Si han comprando el último “gadget” culinario porque se han dado cuenta de que no pueden vivir sin él un minuto más… y a los dos días han descubierto que es otro trasto más en su larga serie de instrumentos de cocina inutilizados, este también es su libro.

Si quieren pasar un rato divertido y verse reflejados en varias (o bastantes) situaciones gastronómicas, no les quepa ninguna duda: este es su libro.

Aquél que quiso freir un huevo y fracasó en el intento, aquél que no sabe cuánta cantidad es un pizca, descubriendo que no es una medida del Sistema Métrico, aquél que es es incapaz de calcular el tiempo de cocción a partir de la frase Se saca del fuego cuando esté o se siente frustrado cuando el número de ingredientes exóticos inencontrables de la receta supera a los habituales… esa persona tiene una cita ineludible con “El perfeccionista en la cocina”, del inglés Julian Barnes, que refleja en estas páginas su experiencia como cocinillas aficionado. El autor de El loro de Flaubert e Inglaterra, Inglaterra propone una cómica reflexión sobre el acercamiento (o quizás sería mejor decir enfrentamiento) del ciudadano de a pie al “retorcido” mundo de la cocina de casa. No se lo pierdan: una lectura perfecta para esas vacaciones que se avecinan.

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Título: El perfeccionista en la cocina
Autor: Julian Barnes
Editorial: Anagrama
Colección: Panorama de Narrativas nº638
Año: 2006
ISBN: 84-339-7101-8
Precio: 15 €
Categorías: Cocina, Libros y Revistas

They Might Be Giants: Bastard Wants to Hit Me

El dúo norteamericano They Might Be Giants (abrevidamente concidos por TMBG), compuesto por John Linnell y John Flansburgh, son uno de los grupos más interesantes de la escena musical alternativa de las últimas dos décadas, practicando un pop-rock directo que combinan con el gusto por la experimentación.

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Les recomiendo encarecidamente que visiten su web, donde encontrarán una “subweb” de su último proyecto, que es nada más y nada menos que un álbum dirigido a los niños para que aprendan el abecedario: Here Come the ABCs. También podrán ver un buen puñado de simpáticos videos del grupo, así podrán escuchar unas cuantas de sus canciones y hacerse una idea más precisa de su música.

Si no consiguen ver ningún video allí, bueno, por lo menos les dejo algo en este post, gracias a YouTube (¡cómo no!). Se trata de la canción Bastard Wants to Hit Me, extraída de su CD “de adultos” de 2004 The Spine. Después de verlo, la moraleja que podemos entresacar de él es saludar siempre a todo aquél que nos salude, aunque no lo conozcamos absolutamente de nada. Por si las moscas.

Categorías: Música, Otras músicas, Videos

Escapando de la prisión

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He leído el siguiente comentario del recientemente fallecido György Ligeti en The Rest is Noise, el blog de Alex Ross, crítico de música de The New Yorker. Fue pronunciado en una conferencia en el Conservatorio de New Jersey en 1993 y en él está la esencia de su particular búsqueda musical, que felizmente llegó a buen puerto, apartándose de la férrea disciplina impuesta por Darmstadt y encontrando un sonido personal y perfectamente reconocible (disculpen la traducción macarrónica):

Cuando eres aceptado en un club, sin haberlo pedido y sin haberte dado cuenta de ello, adquieres ciertos hábitos [mentales] sobre lo que está o no de moda. Decididamente, la tonalidad estaba pasada de moda. Escribir melodía, incluso melodías no tonales, era tabú. El ritmo periódico, la pulsación, era tabú, algo impensable. La música se producía “a priori”. [...] Esto estuvo bien mientras era algo novedoso, pero el paso del tiempo lo convirtió en algo anticuado. Ahora no hay ningún tabú; todo está permitido. Mas uno simplemente no puede volver a la tonalidad, ese no es el camino. Debemos encontrar una nueva vía que no vaya ni hacia atrás, ni siga la vanguardia. Así, yo me encuentro en una especie de prisión: un muro es la vanguardia, el otro es el pasado, y quiero escapar.
Categorías: Música

Carlitos

A principios de los años 70, las editorial Buru Lan publicaba los tebeos de Carlitos, que es como se conoce en España a Charlie Brown, el “héroe” de la tira cómica Peanuts, de Charles M. Schulz. Aquí tienen la portada de uno de ellos:

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Tuve la suerte de que mis padres y otros familiares me compraran los tebeos de Carlitos (y muchos otros más) en cuanto aprendí a leer. El anterior es el nº4 de la colección, publicado en 1971, cuando yo tenía 4 ó 5 añitos. Por cierto, los 3 primeros se los presté, vía un conocido, a una productora para hacer unos documentales sobre la historia del cómic hará unos 15 años y no he vuelto a verlos. Menos mal que tengo todavía el resto de la colección.

Carlitos es uno de los personajes de tebeo más conocidos y seguramente más universales. Schulz creo una de las dos pandilla de chavales de cómic más famosas (la otra es la de Mafalda, del argentino Quino). Esta pandilla de clase más o menos acomodada no estaba tratada como un tebeo infantil, si bien el dibujo sencillo podía hacernos creer esto último. Todo lo contrario, Schulz formó un pequeño microcosmos de la sociedad humana en general y estadounidense en particular, explorando a través de ella cuestiones que pertenecían más al mundo de los adultos que al de los niños. Es más, puede que incluso el tema estuviera entresacado del ambiente infantil, pero las reacciones y la forma de hablar eran, indudablemente, las de alguien que había dejado atrás esa etapa y que poseía un grado de percepción de la psicología humana fuera de lo común. (Otro punto que hermana con fuerza Carlitos y Mafalda)

El propio Carlitos es un chollo para cualquier psicoanalista. Pesimista, depresivo, ingenuo, enamoradizo, estoico, un tanto mordaz y con un profundo deseo de agradar a los demás. Hay algo que jamás será: un triunfador (lo que resulta paradójico en la sociedad estadounidense, en la que el éxito y el triunfo parecen ser objetivos personales y colectivos). Ya sea intentando dar una patada al balón de fútbol americano o plantado en el montículo del pitcher cuando juega al béisbol, Carlitos casi siempre es superado por las circunstancias… tomando éstas la forma de esa dictatorial niña llamada Lucy, de su aventurero perro Snoopy o de un aparentemente pacífico árbol (en realidad, un implacable devorador de cometas).

Mas Carlitos no es el único protagonista principal. Hay otro. Tan importante que con el tiempo ha ido fagocitando al niño cabezón con jersey de rayas en zig-zag. Este personaje es el perro de Carlitos, un beagle que responde al nombre de Snoopy (pueden saber algo sobre el beagle pinchando aquí). Snoopy es el arquetipo del aventurero imaginativo, de aquél que disfruta de su existencia, del que se las apaña para salir indemne o vencedor de cualquier trance, del que dice la última sarcástica y lapidaria frase de la conversación. Tumbado de espaldas en el tejado de su caseta, crea un mundo imaginario y es capaz de aislarse del real, cual Walter Mitty canino (hace poco les hablé precisamente del creador de Mitty, el escritor James Thurber). Memorables son las tiras en que se convierte en aviador de la 1ª Guerra Mundial en constante batalla con el Barón Rojo.

Carlitos y Snoopy, ellos dos, son los pilares de esta tira. Pero alrededor de ellos giran una multitud de personajes inolvidables. El nervioso y asustadizo Linus, siempre buscando su mantita, el pianista Schroeder, adorador de Beethoven, al que interpreta en su piano de juguete, Cochino, al que siempre le rodea una nube de polvo y basura, la insufrible Lucy, cuya única misión en la vida diríase que fuera fastidiar a Carlitos, la intelectual Marcie y muchos más. Incluso hay alguno del que se habla, pero que nunca aparece (un precedente de Vera y Maris, las esposas de Norm y Niles en las series de TV Cheers y Frasier): la chica pelirroja, por la que Carlitos pierde el corazón.

Y, cómo no, la personificación de la libertad, uno de los preferidos de todos los lectores, sobre todo de los adultos: Woodstock, el pequeño pajarito que es el secretario y protegido de Snoopy. Unos simples trazos a los que Schulz le aporta una personalidad inolvidable.

Charles M. Schulz empezó a dibujar la tira de Carlitos en 1950. Y siguió haciéndolo toda su vida, hasta que falleció en el añ0 2000. Medio siglo. Así de cómodo se sentía entre ese grupo de chavales.

Ahora la editorial Planeta DeAgostini está publicando en español la edición integral de las tiras diarias y dominicales (hasta el momento ya ha publicado 3 tomos). Una magnífica oportunidad para redescubrir el mundo de Carlitos y sus amigos.

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Categorías: Comics

24 semanas

Lean este anuncio de la Orquesta Sinfónica de Galicia para cubrir la plaza de concertino de dicha formación.

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El sueldo no está nada mal: 62.873,26 euros anuales brutos. Tiene truco, ya que dice que el número de semanas de trabajo anual será de 24. Además, serán a convenir. Así que voy a reconvertir la cifra a sueldo sobre 48 semanas de trabajo (52 que tiene el año menos 4 de vacaciones)

62.873,26 *48 / 24 = 125.746,52 euros

¿No está nada mal, verdad? Ejem, hagamos una comparación con el sueldo de otra persona. No la de cualquiera, sino una que cobre su salario de la Administración, lo mismo que el concertino (la orquesta depende del Consorcio para la Promoción de la Música, que es una organismo autónomo público mantenida económicamente por el Ayuntamiento de A Coruña y la Xunta de Galicia en su mayor parte).

Además, como el concertino se supone que es un cargo de responsabilidad en la orquesta, he de escoger a alguien de la Administración que también tenga cierta responsabilidad.

A ver, a veeeeer. Por ejemploooooo… el Presidente del Gobierno Español. No me sé su sueldo, así que déjenme consultar la Ley de Presupuesto Generales del Estado para 2006… vale, leo que para este ejercicio, su salario es de 87.552,12 euros.

O sea, que el concertino cobra un 43,62 % más que el Presidente Zapatero. Hombre, esto sí que no está bien. Porque el concertino tocará de puta madre, no digo que no, y le habrá costado lo suyo hacerlo de esa manera, con mucho sacrificio. No lo dudo. Pero vamos, llegar a ser Presidente del Gobierno también cuesta lo suyo.

Y en cuanto a responsabilidad, no hay color. Si el concertino se equivoca en su solo, pues no pasa nada. No hay muertos, la economía no se resiente y a lo único que hará frente es a un abucheo del público, a una bronca del director y, si el error se vuelve a repetir, a la resolución de su contrato. Pero si el que mete la pata es el Presidente del Gobierno, convendrán ustedes conmigo en que sus consecuencias pueden llegar a afectar a mucha gente, ¿verdad?

Es cierto que el concertino tendrá que buscar casa y el Presidente ya la tiene (el Palacio de la Moncloa). Que uno tiene que ir a la compra y el otro come gratis. Pero si nos ponemos así, también es cierto que el Presidente es Presidente las 24 horas del día, 7 días a la semana. Si surge un asunto urgente a las 03:00 de la noche del sábado al domingo, se jode y tiene que levantarse y atenderlo. Al concertino no creo que le pase eso.

En fin, que lo de los sueldos públicos (ya que ambos lo son) en este país tiene bastante que rascar. Si la orquesta fuera privada, pues pueden pagarle lo que les dé la gana. Por mí, como si le dan al concertino 1.000.000 euros por actuación. Su problema. Pero como su presupuesto se alimenta principalmente de fondos públicos, pues ya no me parece tan bien, miren ustedes. Que somos una modesta ciudad de provincias, no Montecarlo. Y él su concertino, no un David Oistrakh resucitado.

Ahora que me acuerdo…¡todavía nos falta pagar al resto de los integrantes de la OSG!

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