A principios de los años 70, las editorial Buru Lan publicaba los tebeos de Carlitos, que es como se conoce en España a Charlie Brown, el “héroe” de la tira cómica Peanuts, de Charles M. Schulz. Aquí tienen la portada de uno de ellos:
Tuve la suerte de que mis padres y otros familiares me compraran los tebeos de Carlitos (y muchos otros más) en cuanto aprendí a leer. El anterior es el nº4 de la colección, publicado en 1971, cuando yo tenía 4 ó 5 añitos. Por cierto, los 3 primeros se los presté, vía un conocido, a una productora para hacer unos documentales sobre la historia del cómic hará unos 15 años y no he vuelto a verlos. Menos mal que tengo todavía el resto de la colección.
Carlitos es uno de los personajes de tebeo más conocidos y seguramente más universales. Schulz creo una de las dos pandilla de chavales de cómic más famosas (la otra es la de Mafalda, del argentino Quino). Esta pandilla de clase más o menos acomodada no estaba tratada como un tebeo infantil, si bien el dibujo sencillo podía hacernos creer esto último. Todo lo contrario, Schulz formó un pequeño microcosmos de la sociedad humana en general y estadounidense en particular, explorando a través de ella cuestiones que pertenecían más al mundo de los adultos que al de los niños. Es más, puede que incluso el tema estuviera entresacado del ambiente infantil, pero las reacciones y la forma de hablar eran, indudablemente, las de alguien que había dejado atrás esa etapa y que poseía un grado de percepción de la psicología humana fuera de lo común. (Otro punto que hermana con fuerza Carlitos y Mafalda)
El propio Carlitos es un chollo para cualquier psicoanalista. Pesimista, depresivo, ingenuo, enamoradizo, estoico, un tanto mordaz y con un profundo deseo de agradar a los demás. Hay algo que jamás será: un triunfador (lo que resulta paradójico en la sociedad estadounidense, en la que el éxito y el triunfo parecen ser objetivos personales y colectivos). Ya sea intentando dar una patada al balón de fútbol americano o plantado en el montículo del pitcher cuando juega al béisbol, Carlitos casi siempre es superado por las circunstancias… tomando éstas la forma de esa dictatorial niña llamada Lucy, de su aventurero perro Snoopy o de un aparentemente pacífico árbol (en realidad, un implacable devorador de cometas).
Mas Carlitos no es el único protagonista principal. Hay otro. Tan importante que con el tiempo ha ido fagocitando al niño cabezón con jersey de rayas en zig-zag. Este personaje es el perro de Carlitos, un beagle que responde al nombre de Snoopy (pueden saber algo sobre el beagle pinchando aquí). Snoopy es el arquetipo del aventurero imaginativo, de aquél que disfruta de su existencia, del que se las apaña para salir indemne o vencedor de cualquier trance, del que dice la última sarcástica y lapidaria frase de la conversación. Tumbado de espaldas en el tejado de su caseta, crea un mundo imaginario y es capaz de aislarse del real, cual Walter Mitty canino (hace poco les hablé precisamente del creador de Mitty, el escritor James Thurber). Memorables son las tiras en que se convierte en aviador de la 1ª Guerra Mundial en constante batalla con el Barón Rojo.
Carlitos y Snoopy, ellos dos, son los pilares de esta tira. Pero alrededor de ellos giran una multitud de personajes inolvidables. El nervioso y asustadizo Linus, siempre buscando su mantita, el pianista Schroeder, adorador de Beethoven, al que interpreta en su piano de juguete, Cochino, al que siempre le rodea una nube de polvo y basura, la insufrible Lucy, cuya única misión en la vida diríase que fuera fastidiar a Carlitos, la intelectual Marcie y muchos más. Incluso hay alguno del que se habla, pero que nunca aparece (un precedente de Vera y Maris, las esposas de Norm y Niles en las series de TV Cheers y Frasier): la chica pelirroja, por la que Carlitos pierde el corazón.
Y, cómo no, la personificación de la libertad, uno de los preferidos de todos los lectores, sobre todo de los adultos: Woodstock, el pequeño pajarito que es el secretario y protegido de Snoopy. Unos simples trazos a los que Schulz le aporta una personalidad inolvidable.
Charles M. Schulz empezó a dibujar la tira de Carlitos en 1950. Y siguió haciéndolo toda su vida, hasta que falleció en el añ0 2000. Medio siglo. Así de cómodo se sentía entre ese grupo de chavales.
Ahora la editorial Planeta DeAgostini está publicando en español la edición integral de las tiras diarias y dominicales (hasta el momento ya ha publicado 3 tomos). Una magnífica oportunidad para redescubrir el mundo de Carlitos y sus amigos.