Laconada

Estamos en época de Carnaval y en Galicia todo el mundo asistirá a una, dos, tres o a saber cuantas laconadas. ¿Y qué es eso? Muy sencillo, una comida de grupo (familia, trabajo, amigos, vecinos, lo que sea) en la que se da buena cuenta de uno de los platos más típicos de la región: el lacón con grelos. Yo ya tuve la ya tradicional laconada de la oficina el viernes pasado y aproveché para hacer unas fotos a los platos, por eso de que una imagen vale más que mil palabras.

El lacón se hace curando las patas delanteras del cerdo. Eso sí, el tiempo de curación no es tan largo como en el jamón. Una vez cocido, este es el estupendo aspecto que tiene:

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Y una vez cortado… ñam, ñam, qué pinta tan rica.

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Como el plato se llama lacón con grelos, éstos han de andar por algún sitio. Dejenme buscar por la mesa… ah, sí, aquí están:

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¿Y qué son los grelos? Pues son el tallo y hojas de los nabos. Hay mucha gente a la que no les gustan mucho debido a su sabor fuerte y un tanto áspero. Además, hay que cortalo cuando aún está tierno, luego no habría manera, estaría duro aún cociéndolo mucho. Antes era muy típico ir por las carreteras comarcales y en las entradas de los pequeños campos ver lotes de grelos puestos a la venta.

Con estos dos elementos se sirve también la cabeza del cerdo (la cachola) y las costillas. Aquí el personal suele estar dividido. Los hay, como yo, que prefieren la oreja, otros se reservan el morro en cuanto lo ven aparecer, otros no quieren ni ver la cabeza porque les da grima. Las costillas, en cambio, a mi no me gustan especialmente. Prefiero un poco más de lacón, por ejemplo, que un poco de costilla.

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Por supuesto, en una comida así no pueden faltar dos reconocidos clásicos de la cocina gallega: la patata y el chorizo. Aquí tienen una fuente con ambos… pueden observar cómo los comensales intentan hacerse con algo en pleno frenesí gastronómico atancando con tenedores y cuchillos. Pobrecitos, en sus casas se ve que no les dan bien de comer, jeje.

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El caso es que una vez cogido un poco de esto y un poco de aquello, este es mi plato, del que dí buena cuenta posteriormente:

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Por último, los postres típicos de Carnaval en Galicia: filloas y orejas. Bueno, donde vamos nosotros todos los años a celebrar esta comida no suelen poner orejas, pero sí filloas. De todas formas les explico lo que son las orejas: una masa frita, normalmente en forma de oreja, de ahí su nombre. Por encima se les pone un poco de azúcar glas. Hacerlas es un verdadero coñazo, eso sí. Pero no hay problema, se venden en cualquier panadería en estas fechas. Helas aquí:

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Las filloas son pequeños y finísimos crêpes, que se hacen en las antiguas filloeiras o en las actuales sartenes. En ellas, a diferencia de las crêpes, en vez de mantequilla, se unta un poco de tocino, pinchándolo con un tenedor para manejarlo mejor. Si hacer orejas es laborioso, hacer filloas, en cambio, es muy sencillo. A pesar de eso, también se venden hechas, pudiendo verse platos con montones de ellas como el siguiente:

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Para tomarlas, uno puede comerlas solas, sin nada, o bien rellenas de crema, de nata, con miel o con caramelo, por ejemplo. En cuanto a la temperatura, unos las prefieren frías, otros calientes. A nosotros nos dieron unas rellenas de crema y otras regadas con caramelo; en ambos casos, calientes. Las filloas son muy ricas y realmente viciosas: uno estaría comiendo un montón hasta hartarse. Entre mis compañeros se ve que tienen mucho éxito, porque desaparecían nada más traerlas a la mesa. Casi no me dio tiempo a coger la cámara. Vean, si no, cómo consigo hacer la foto captando a un “ladrón de filloas” en pleno acto delictivo:

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Categorías: Cocina

Unas cuantas manías

Cada cual tiene sus pequeñas e intransfereibles manías. Nada grave. Omalaled, de Historias de la ciencia (blog que espero que ustedes lean regularmente, porque aprenderán muuuuchas cosas interesantes), me pasó este meme sobre cinco extraños hábitos personales. Ya saben que lo de los memes no es algo que a mi me ilusione especialmente… en confianza, trato de participar en los menos posibles… pero como éste me ha hecho sonreir al leer las pecularidades de diferentes personas, me he dicho que a lo mejor a otros les pasa lo mismo con mis manías. Así que aquí van, no sin antes dejar claro que tengo muchas más, seguro, pero éstas son las que me han venido a la cabeza ahora:

  • Forro todos los libros que compro con plástico transparente no autoadhesivo, aunque sean míseras ediciones de calidad ínfima. Esto me viene de cuando iba a la universidad y los leía en los medios de transporte. En aquél entonces acababan hechos una piltrafa, así que empecé a forrarlos. Bueno, eso y que algunas personas a quienes les dejaba alguno me lo devolvían en tal estado que podía tirarlo directamente a la basura. Así que, aprovechando que no soy nada fetichista para estas cosas, los forro… y me da igual si es una edición de Siruela como si es de Alianza Editorial Libro de Bolsillo.
  • Soy incapaz de leer un sólo libro a la vez. No, tengo que leer varios al mismo tiempo, que pueden ser 3 ó 4, y además también hay que añadir varios tebeos y revistas. Vamos, que en la mesilla se juntan un mínimo de 10 lecturas entre unas y otras. Bueno, me gusta variar, ¿pasa algo?
  • Soy incapaz de estudiar o leer en una biblioteca. Cuando tengo que estudiar, ya fuera en mis tiempos de estudiante o ahora, por el motivo que sea, jamás piso una biblioteca. Su ambiente de silencio sepulcral me desconcentra. Cada ruido, por débil que sea, cada movimiento de las personas que están en mi misma mesa, cada usuario que cruza la sala, hace que levante la cabeza y me quede mirando. Y con cara de pocos amigos. Yo sólo iba a las biblioteca de mi escuela después de comer para echar una cabezada. Palabra. El caso es que estudio mejor con música (da igual la que sea, clásica, jazz, pop, rock duro…), y normalmente sigo el ritmo con 1 ó 2 lápices sobre la mesa, en plan batería experimentado (otra cosa que no podría hacer en la biblioteca). Pero donde mejor estudio, incluso mejor que en casa, es en un bar. Y si llevo un walkman, discman o MP3 para seguir oyendo música, mejor. De verdad. No tengo ningún problema para concentrarme allí, entre discusiones de fútbol, partidas de dominó, la tragaperras, la tele a toda pastilla y los sonidos de mis auriculares. Es más, me acuerdo que hace ya casi 15 años, un compañero de clase y yo estábamos encasillados con un arduo problema de sistemas de coordenadas cuando estamos programando un software para seguimiento de satélites que teníamos que hacer para una asignatura de la carrera. La solución apareció ante nuestros ojos mientras lo discutíamos en un bareto del barrio ante unos folios, unos bolígrafos, unas cañas y una ración de oreja. Cada uno es como es, me temo.
  • Hablando de cafeterías. Cuando echo el azúcar del sobre al café en ellas, lo abro arrancando una fina tira del lado más corto del rectángulo que forma. Una vez echado el azúcar en la taza, introduzco la tira en el sobre ya vacío, lo enrollo por ese lado corto, avanzando paralelamente al largo y luego retuerzo el cilindro que se formó. Para terminar, deposito “la obra de arte” en el plato, al lado de la taza. ¿Suena complicado? Pseudoorigami de andar por casa.
  • Jamás escucho la radio o música alguna hasta después de haberme duchado, vestido y haber desayunado. Vamos, hasta que salgo a la calle. Es más, tengo un legendario mal carácter hasta ese momento. Ya puestos, tampoco me apetece ni la más mínima conversación: mejor ni dirigirme la palabra. Peligro. Muerdo. Silencio, yo lo que quiero es empezar el día en silencio. Puro momento zen.

Teóricamente tenía que pasar este meme a 5 personas más… pero miren, no: si alguno de ustedes quiere seguirlo, es libre de hacerlo, bien en los comentarios de este post o en su propio blog o página web. Que lo quiere seguir usted, bien; que no quiere seguirlo, pues también bien. ¿Queda claro? Vale. Y dejen de hablar ya, joder, que todavía no desayuné. GRRRRRRR.

Categorías: Miscelánea

Keith Jarrett – The Köln Concert (1975)

¿Qué disco de jazz debía de ser el primero para ser protagonista de un post? Cuando escribí el post de O.M.D. – Dazzle Ships (1983) no me planteé en absoluto esta pregunta. Simplemente lo escogí porque el día anterior lo había estado escuchando. Y sin embargo, me la hago para el de jazz. Sea por la causa que fuere, una vez planteada la pregunta, la elección era obvia para mí, ya que The Köln Concert, de Keith Jarrett tiene dos características que lo hacen ideal para este post: ser uno de los mejores álbumes de jazz y ser el primer disco de este género que tuve en mi vida, cuando yo era un adolescente de 14 ó 15 años.

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Keith Jarrett – The Köln Concert (1975)

Keith Jarrett, nacido allá por 1945 en Allentown, niño prodigio del piano, más tarde formó parte de los grupos de Art Blakey, Chris Carter y Miles Davis, pero supongo que sus amplias inquietudes hicieron que se fuera despegando de ellos para crear un sonido y un universo propios. Y es que, aparte de ser miembro de uno de los tríos más respetados junto con el batería Jack DeJohnette y el contrabajista Gary Peacock, Keith Jarret es un explorador musical, que lo mismo se adentra en el jazz más etéreo como ofrece sus versiones de la música de uno de sus compositores preferidos, Johann Sebastian Bach, cuyo lenguaje le ha influido tanto.

Jarrett toca varios instrumentos, pero aquel para el que parece haber nacido es el piano, con el que también ha ofrecido conciertos en solitario. Uno de ellos fue el que dio en la ciudad alemana de Colonia el 24/01/1975.

¿Qué tiene ese concierto de especial? Bueno, verán, ya saben que en el jazz tiene mucha importancia la improvisación. Lo que pasa es que ésta muchas veces suele ser a medias, esto es, que antes de salir a escena (justo antes o la semana anterior, o antes de la gira, cuando sea) se pactan, por llamarlo de alguna manera, las líneas principales armónicas, estructurales, melódicas, rítmicas, etc. Digamos que se establece el armazón y luego la improvisación va decorándolo. La diferencia es que Jarrett improvisó el concierto completamente, de principio a fin, sin ningún plan preestablecido de antemano. ¡Más de una hora de música instantánea!.

Improvisar es un terreno peligroso. Lo mismo sale basura que música celestial. Depende muchísmo del momento. A mi no es algo que me convenza… creo que algo meditado tiene más probabilidades de dar en el blanco que un disparo al azar (aunque no sea totalmente al azar). Supongo que se podría decir que las cosas pensadas pierden frescura, cosa que es, más que discutible, falso. Eso no quita para que las veces que la improvisación musical da en blanco, dé la impresión de que las puertas del cielo se abren ante nosotros.

En el caso del concierto de Colonia, alguien podría decir que la improvisación estuviera ya prediseñada de antemano, como suele ser habitual, que Jarrett ya tenía un molde para ofrecer al público y que luego fue rellenándolo. Bueno, uno siempre tiene un bagaje técnico, bien del instrumento, bien de la música en sí, pero no es suficiente. También debe haber detrás un enorme talento y una visión clara y penetrante de aquello que se quiere conseguir. Hay una anécdota en la Wikipedia que puede arrojar cierta luz sobre cómo se enfrentaba Jarrett a estos conciertos, en absoluto planeados hasta que se sentaba al piano .

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Jarret caminando hacia el piano

Parece ser que en alguna de estas actuaciones, Jarrett salio a escena, se sentó en la banqueta del piano, abrio la tapa y se quedó contemplándo el teclado varios minutos, sin tocarlo, como esperando a que una surgiera chispa que arrancara el motor. Lógicamente, el público empezaba a impacientarse. ¿A qué demonios espera para empezar? Supongo que alguien entre ese público pensó que la espera ya había rebasado lo soportable o cierta cortesía inicial, así que abrió su boca y le gritó: ¡Re sostenido!, momento en el que Jarret dijo Gracias y empezó a improvisar a toda velocidad a partir de esa nota.

Si piensan que las condiciones en que se encontraba Jarrett aquel 25 de enero eran las ideales para el arte improvisatorio, están equivocados, ya que a una noche de insomnio debido a un fuerte dolor en su espalda hay añadir el hecho de que no pudo tocar en su piano de siempre, un Stenway. El caso es que aún así, pudo dar un memorable concierto que, gracias a la técnica, a perdurado en el tiempo y ha podido ser disfrutado por todos los aficionados a la música. Tanto que incluso han sido editadas partituras con la música del concierto, algo que parece, como mínimó, antinatural, tratándose de música improvisada, espontánea.

¿Y qué música ofrece Jarrett al respetable? Algo muy alejado del jazz-fusión y la vanguardia que imperaba por aquél entonces: cuatro movimientos (para que encajaran en las cuatro caras del doble LP original) luminosos, íntimos, extrovertidos, delicados, alegres, melancólicos, líricos, resplandecientes. Una música que está tan cerca del oyente que escuchándola en casa, uno cree por momentos que en su salón hay un piano y un tal Keith Jarrett tocándolo exclusivamente para él.

Desde su mismo inicio…

Keith JARRETT – The Köln Concert (Inicio) (MP3 – 00:34 – 200 Kb)

… la música va avanzando en estado de gracia, surgiendo de la nada, con Jarrett en comunión musical con el recinto, con el público, con ese día del mes de enero de 1975, vaya usted a saber con qué más. El pianista no es alguien que dé un concierto como si fuera un acto rutinario, sino que crea algo único, entregándose totalmente en ellos… compruébenlo en la siguiente imagen (no es el de Colonia, sino otro):

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Jarrett en acción en otro concierto

Los glissandos, los obstinatos, las hermosas frases líricas, las secuencias de acordes,… todo crea una atmósfera especial. No sólo para el público, sino también para él mismo, que, como le sucede a otros pianistas, a veces se abandona al puro placer de la música que está creando y exclamando o canturreando, juguetea con ella:

Keith JARRETT – The Köln Concert (Exclamación) (MP3 – 00:15 – 79 Kb)

En fin, si no han oído nunca este disco, busquen en su fonoteca más cercana o averigüen si algún amigo o familiar lo posee. Pierdan una hora de su vida escuchándolo, sin interrupciones y sin hacer nada más. Sólo escucharlo. Quizás luego crean que no ha sido en absoluto una hora perdida.

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Una de las manos ‘culpables’
Categorías: Música, Otras músicas

Antes de leer un comic

Pues antes de leerlo, alguien lo dibuja. Y sobre este proceso, Felops me pasa un enlace la mar de interesante, en el que el dibujante Kazu Kibuishi nos muestra cómo dibuja, entinta y colorea Cooper, uno de sus trabajos on-line.

Categorías: Comics

Loa a la mentira

En Microsiervos he leído hoy esta frase/cita que me ha hecho mucha gracia y que tiene su parte de razón.

Cualquier idiota puede decir la verdad, pero para mentir hace falta tener imaginación
Jaume Perich
Humorista
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