Hoy voy a volver mi vista atrás y comentar una noticia de hace casi tres meses. Ya que no lo hice en su momento, no veo por qué no puedo hacerlo ahora. A veces las noticias son viejas dos segundos después de darlas a conocer, por lo que revisar alguna de vez en cuando tampoco viene mal.
Por favor, vean el edificio que aparece en al siguiente imagen:
Se trata del nuevo Palau de les Arts de la ciudad de Valencia, obra de Santiago Calatrava. Se inauguró el día 8 de octubre de este año que está a punto de acabar con un concierto de campanillas con Lorin Maazel, Angela Georghiou y Roberto Alagna como estrellas rutilantes. El acto fue anunciado hasta la saciedad en informativos de radio y TV, por no hablar de los periódicos. Es de esos eventos en los que importa más la publicidad que cualquier otra cosa. Para la ciudad, para sus gobernantes y para el creador del edificio. Pero echemos un vistazo al resto de las cosas, algunas creo que bastante importantes.
Qué es y qué no es una inauguración
Quiero estar seguro de no cometer una equivocación, así que acudo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, a ver qué dice sobre esta palabra:
Dar principio a una cosa con cierta solemnidad / Abrir solemnemente un establecimiento público / Celebrar el estreno de una obra, de un edificio o de un monumento / Iniciar algo nuevo /Adivinar supersticiosamente por el vuelo, canto o movimiento de las aves.
Quitando la última y ornitológica acepción, creo que la cosa parece clara. A ver si lo he entendido. Se hace algo, se inaugura y su utiliza.
En el caso del Palau de les Arts no parece que haya sido así. Se hace, se inaugura y se sigue trabajando durante ¡un año más!. Ya se utilizará cuando cuadre… que me juego el cuello a que casualmente coincidirá con unas cercanas elecciones al Ayuntamiento, a la Generalitat o al Estado. Piensa mal y acertarás.
Una cuestión monetaria
Sólo les voy a dar dos cifras, para que vean a) lo bien que se presupuesta en este país, y b) lo fácilmente que se le puede sacar dinero a la Administración (o sea, a todos los ciudadanos).
Presupuesto inicial (1996) = 85 millones de euros.
Coste final = Se estima en más de 300 millones de euros.
Si señor, ajuste fino.
Permítanme que convierta los 300 millones de euros en las antiguas pesetas, que a veces así nos damos cuenta de lo caro que resulta todo. El Palau va a costar… ¡50.000 millones de pesetas! Dato: el PIB español de 2004 fue de 780.000 millones de pesetas. O sea, que el Palau se lleva el 6,41% del PIB de 2004.
Veo, veo
Pues va a ser que no. ¿Saben que hay más de 150 localidades desde las que no se puede ver total o parcialmente el escenario?
Se lo voy a repetir, porque a lo mejor cree que han leído mal: desde más de 150 no podrán ver todo o parte del escenario.
Vamos a ver (es un decir), ¿qué clase de proyectos se hacen en este país? Da igual si lo ha diseñado Calatrava o mi vecino recién licenciado en arquitectura: un auditorio moderno no puede permitirse de ninguna forma que alguno de sus espectadores no vea la totalidad de la escena. Es simplemente inaceptable.
El culpable (sí, culpable, porque esto tiene delito) no sólo es el creador del proyecto (Calatrava en este caso), sino también aquellos arquitectos del Ayuntamiento o la Generalitat que le dieron el visto bueno, que supongo que algo tendrían que decir (quiero pensar que el proyecto sería adjudicado en concurso público).
Eso sí, aquí nadie se hace responsable de tamaña chapuza.
Bueno, pues eso es lo que ha ocurrido en Valencia y aún pagarán por el edificio, ya verán.
¿Me se escuchaaaa?
Según los asistentes al concierto de inauguración, la acústica de la sala no es muy buena. Algo sorprendente para un edificio de más de 300 millones de euros, que deber ser que se los han gastado en la grifería de los baños en vez de en lo que debían de gastarlo.
Dicen que para conciertos va a dar un sonido excesivamente brillante y que quizás mejore en las óperas, al situar la orquesta en el foso. También dicen que los mosaicos estilo Parque Güell de Gaudí que hay en la sala no ayudan para nada al sonido.
Todos somos valencianos.
La orquesta que tocó a las órdenes de Lorin Maazel en el concierto de “inauguración” estaba formada por músicos valencianos, formada ad hoc para la ocasión.
Esto no tendría la menor importancia si no fuera por dos detalles:
1. Maazel, Georghiou y Alagna no son valencianos (que yo sepa). Vamos, que la tropa más vale que sea de la tierra, pero los solistas, ni por asomo, oiga.
2. Que Valencia tiene ya una orquesta, la Orquesta de Valencia, con sede en el Palau de la Música i Congressos. Seguramente no todos sus integrantes serán valencianos, pero no por ello dejan de representar a la ciudad. Parece un desaire innecesario.
Futuro.
En fin, ya veremos cómo se gestiona este nuevo espacio musical en el futuro, a ver si logran que no sea un monstruo anquilosado desde su nacimiento, creado sólo para grandes acontecimientos. Necesitará de una enorme programación de conciertos y, sobre todo, de actividades relacionadas con el mundo de la música para amortizar el enorme gasto que ha generado y pasar a ser realmente parte de la vida musical de la ciudad. Espero que lo consigan, más en una tierra como la valenciana, tan ligada a la música.