El otro día les hablé de El Ala Oeste, una de las mejores series de TV que pueden verse en la actualidad. Su argumento nos muestra los intríngulis políticos que se cuecen en la Casa Blanca y, por extensión, en el Congreso y en el Senado. Algo que tiene en común con la película de Otto Preminger Tempestad sobre Washington (Advise & Consent, 1962), uno de sus mejores films en mi opinión. Si quieren averiguar si mi afirmación es o no cierta y viven en España, sólo tienen que conectar la TV esta noche de domingo en La 2, sobre las 00:30 horas (como siempre, excelentes películas en la madrugada que da paso a la semana laboral, muy hábiles, sí señor… ya saben, programen su vídeo).
Lo que pasa es que yo ahora tengo mis dudas de que en realidad los senadores voten leyes para mejor gobierno de la sociedad. A mí me da que se aburren mucho. ¡Con ese lenguaje tan alambicado que tienen las leyes y que hace que de tan ambiguo uno no sepa cómo interpretarlas! Imagínense si tienen que leerlas tooodos los días una y otra vez. ¡Un coñazo!. Así que hay que buscar alguna forma de distraerse. ¿Cómo?
Yo ya lo he averiguado. He robado la cartera de uno de los senadores, ésta:
Lógicamente he podido leer su contenido, esos papeles que luego consultan con tanta asiduidad e interés y puedo desvelarles aquí y ahora, en petit comité, que lo que sus señorías hacen para no morirse de tedio es… ¡resolver sudokus!.
Sí, de verdad, lo juro, también se han apuntado a la última moda en pasatiempos. ¿No se lo creen? Bueno, pues entonces ya me dirán que hacen estos senadores. Sudokus, está clarísimo. Lápiz, papel, enfrascados en su tarea, ayudados por sus amiguetes, que los hay muy complicados.
Pero no crean que esta es una afición limitada a unos cuantos miembros del Senado. No, nada de eso. Es general. Es más, yo creo que es condición sine qua non para ser miembro de esta institución. La prueba de que es una actividad extendida y casi obligatoria para ellos la pueden encontrar en la siguiente imagen, previa a una votación. Los sudokus en las mesas, hay grupitos por doquier intentando resolverlos, senadores sentados mirando al papel desesperadamente porque no dan con la solución,… Miren, está claro, aquí, si no resuelves el sudoku, no votas.

Todo este ajetreo para los ratos libres tiene su recompensa: al final de cada legislatura se hace pública la lista de los mejores resolviendo este típico pasatiempo japonés. El que ha logrado completar un mayor número de ellos es nombrado Presidente del Senado. Suele ser un tipo que rellena las casillas en blanco del sudoku a una velocidad pasmosa, oigan. Vean en la siguiente imagen cómo es el único que ya está tranquilo porque ha resuelto el de la votación de hoy y está sentado viendo como los demás estrujan sus neuronas. Por cierto, el tipo de la fila de delante está copiando de su compañero, que venga un ujier a expulsarle del hemiciclo.
En fin, ¿verdad que pensaban que la política era otra cosa?
Ya puestos, si quieren saber más sobre sudokus: