Ya saben que aquí en Coruña (y si no lo saben, se lo digo yo ahora) tenemos una de las mejores orquestas del país: la OSG (Orquesta Sinfónica de Galicia). Yo creo que sí, que es muy buena, pero como no he oído a las demás, me baso en las críticas que he leído en varios medios (no locales, que éstos siempre exageran con lo patrio). Así que es lógico que de vez en cuando me acerque a su sede, el Palacio de la Ópera (un edificio espantoso, ya puestos), a escucharla. No son muchas veces por temporada, ya que sólo voy cuando el programa o el intéprete tiene algún interés (para mí, claro).
El año pasado sólo pude ir a un concierto de los 21 de que constaba la temporada 2004-2005. Uno sobre compositores ingleses (Vaughan Williams, Elgar y Walton). Y no es que los demás conciertos me importaran un pito. No. Simplemente no pude conseguir una entrada que no fuera la de arriba arriba al fondo más al fondo, ni siquiera con 2 ó 3 semanas de antelación.
Al conocer el programa de la temporada 2005-2006, miré que conciertos me interesaban. Eché cuentas y, teniendo muy presente lo que me ocurrió el año pasado, decidí que compraría un abono. Hala, la casa por la ventana. Había tres días para apuntarse a los nuevos abonos: 22, 23 y 24 de septiembre, con horario de mañana y tarde. Así que allí voy, al Palacio de la Ópera, el día 22 por la tarde. Todo ufano. ¡Seré iluso!
Después de un buen rato buscando la entrada a las oficinas, porque, claro, la taquilla estaba cerrada, entro en ellas y digo:
- Hola, buenas tardes, me gustaría comprar un abono para esta temporada.
- Pues va a ser que no, me dice la chica que me atiende. No dijo eso, pero lo que dijo me causó el mismo efecto: Se han agotado.
- ¡¿Cómo?! ¡¿Ya?!
- Pues sí. Nosotros también estamos sorprendidos.
- Bueno, pues nada, ¡qué le vamos a hacer!. Oiga, por cierto, una pregunta: ¿cuánto aforo queda reservado para las entradas normales, las que no son de abono?
- Ninguna
Aquí pego un respingo, levanto las cejas y muestro mi mejor mueca de incredulidad. He debido oír mal, así que formulo de nuevo la pregunta.
- No, mire, me refiero a las entradas que se compran antes del concierto, las sueltas de toda la vida
La chica, muy amable, responde:
- Sí, esas, esas. Ninguna
Ah, vaya, oí bien.
- ¿Y eso? ¿Es que todo el aforo del Palacio es de abono?
- Sï
Uyuyuyyyyyy
- ¿Pero no hay una ley que obliga a reservar un porcentaje dado del aforo?
- Ya no. Eso era antes, ahora ya no existe esa limitación.
¡Alerta roja, alerta roja, Neptuno hundido!
- O sea, que si me apetece venir a un concierto este año, ya me puedo ir despidiendo, ¿no?
- Bueno, hay dos posibilidades. La primera es que en aquellos conciertos que son patrocinados por alguna empresa, ésta devuelva algunas de sus entradas, que se pondrían a la venta. La segunda es que, en vista de esta situación, seguramente se repetirán algunos de los conciertos el día antes o el siguiente y se emita un abono especial para ellos. Se está estudiando y sabremos qué conciertos y sus condiciones dentro de 1 ó 2 semanas. Si quiere, apunto su nombre y nº de teléfono y le aviso cuando se sepa.
- Pues sí, apúnteme, si me hace el favor y ya veremos si interesa cuando lo sepan.
Me apunta en la lista (hay otras treinta y pico personas ya en ella) y me despido.
Hasta aquí lo he descrito más o menos jocósamente. Hombre, su gracia sí que tiene: nunca quiero un abono, y cuando lo quiero, zas, no hay. Es como con las cabinas telefónicas, los guardias y los taxis. Pero ahora hablemos en serio. Es cierto que mi cabreo, rebote o como quieran llamarlo viene dado por la imposibilidad de conseguir un abono o entradas. Algo personal. Pero podemos hacer cierta reflexión.
- Los abonos pueden ser muy rentables para la OSG, no lo dudo, pero para adquirirlos hace falta hacer un gran gasto, no al alcance de todos. Pensemos, por ejemplo, en estudiantes, jubilados… bueno, ni siquiera eso, que con un salario mínimo de 513,00 €, cualquier trabajador puede considerar que un abono es un lujo fuera de su alcance. Desde este punto de vista, se convierte a la OSG en algo elitista.
- No todo el mundo puede disponer de su tiempo de forma tan clara como para poder ir a todos los conciertos. Ni a lo mejor le interesan todos. Así que el hecho de que no se reserven entradas juega en contra de estas personas. ¿Acaso alguno de nosotros va al cine de la misma forma? No, van cuando les apetece, ¿verdad? Pues olvídense de hacer eso con la OSG. O todo o nada. No hay término medio. ¿Que usted tiene un conocido al que le gustaría un día acompañarle a un concierto? Mejor regálenle un DVD de un concierto. Será más fácil. Ya ven, estupendo para la difusión de la música. En resumen, no se puede abonar todo el aforo.
- La renovación de abonos es una medida que va en contra de la idea de cultura en un estado democrático e igualitario. Si yo he tenido un abono la temporada pasada, si quiero, podré renovarlo para la siguiente… antes de que algún pimpollo novato en estas lides me lo “robe”. Teniendo en mente esa idea de que la cultura llegue a todo el mundo, parece que la forma más lógica de actuar sería apuntar a todas aquellas personas que quieren un abono en una lista (varias, una por cada sector, por lo de los precios y gustos a la hora de situarse en el auditorio) y luego, ante notario o de otra con cierta garantía legal, sortearlos. Unos años te tocará, otros no. Lo siento, todos iguales. Pero como todo el aforo no debería ser de abono, podrían tener la posibilidad de comprar una entrada unos días antes. Uno de los grandes males de la música clásica hoy en día es la falta de renovación en su público. Desde luego, el poder conservar un abono de una temporada a la siguiente no favorece que nuevos aficionados se incorporen a la música clásica en directo, ya que convierte la asistencia a los conciertos en una mera cuestión de “yo llegué antes (hace 10 años)”.
- Hay que plantear iniciativas para optimizar los aforos. Les pongo un método que indudablemente da cierto trabajo, pero que redunda en un mayor aprovechamiento del auditorio, una forma más justa de gestionar el abono vendido y un mayor sobrebeneficio económico para la OSG. Imaginen que yo he comprado un abono y no voy a poder ir al concierto nº15. Doy el aviso a la OSG por un medio comprobable (por ejemplo, correo electrónico con posterior confirmación) para que la OSG ponga a la venta la entrada correspondiente a mi abono para ese concierto a su precio normal. De lo que cobre por ella, la mitad (u otro porcentaje) me lo da a mí. Resultado: a) yo he recobrado parte de mi dinero, b) la OSG ha cobrado un plus más por una entrada (la ha vendido dos veces) y c) una persona que, de otra forma no hubiera podido ir al concierto, sí que puede asistir a él.
- También hay que plantearse las penalizaciones por la infrautilización de los abonos. ¿Que usted no va al 25% de los conciertos? Pues en los próximos 5 años no podrá adquirir un abono. Se fastidia. Haber ido.
- Si tanta afluencia hay, habrá que pensar que cada concierto tendrá que hacerse en dos días (o sea, dos funciones en días consecutivos). ¿Dará más trabajo a la hora de configurar los calendarios? Sï, es cierto. Pero tampoco es tan difícil. ¿Es más caro? También, pero habrá más gente (por abonos o por entradas).
- Por último, no debemos olvidar que, en el caso de la OSG, su presupuesto está en parte subvencionado por al Ayuntamiento de Coruña y por la Xunta de Galicia. Esto es: no es una organización privada. Es de todos y para todos.
En fin, el caso es que ya podemos tener una de las mejores orquestas de España, que por lo que a mi respecta, me va a dar igual, no podré disfrutarla. Ir a un concierto es ya una misión imposible. Llamen a Ethan Hunt.