Estos días he meditado bastante acerca de si la pieza de la que voy a hablar hoy debía o no encuadrarla dentro de la serie Música Visual. Y es que hay razones tanto para etiquetarla así como para dejarla aparte.
En 1929, la editorial Heinrichshofen, especializada en música para películas mudas, encargó a varios compositores que crearan una música que acompañara a un escena imaginaria de cine. Ojo: imaginaria… vamos, que no existía, ni había un guión, ni actores, ni proyector, ni película. Nada.
Uno de esos compositores fue nada más y nada menos que Arnold Schoenberg (1874-1951), el creador del sistema dodecafónico, una de las piedras angulares de la música del siglo pasado. Recogió el simbólico guante en forma de encargo y produjo algo que era todavía más simbólico: el Acompañamiento para una escena cinematográfica, op.34 (Begleitungsmusik zu einer Lichtspielscene) (1930). De hecho, la idea de una música para el cine ya venía rondándole la cabeza a Schoenberg desde hacía un tiempo, pero eso de tener que someterse a algo preexistente (la película, rodada por otras personas) no era algo que le agradara especialmente. Así, un encargo de música para el cine sin cine parecía la solución natural.
Llegados a este punto, entenderán mis dudas para incluir o no esta obra en esta serie de posts: es una música visual sin imagen de referencia alguna.
O quizás sí la halla. Y no una, sino un conjunto de imágenes: aquellas formadas por lo que el arte cinematográfico había aportado en su primera época. Si además tenemos en cuenta que en Alemania, durante la República de Weimar, surgieron nombres como W. F. Murnau, Fritz Lang, G.W. Pabst, Paul Wegener, Robert Wiene, etc. y dieron al mundo películas como El Gabinete del Dr. Caligari, Metrópolis, El Dr. Mabuse, Nosferatu y otras muchas con esa estética expresionista tan marcada, podríamos considerar que todo ello se funde en un crisol y sirve como base para la música que compuso Schönberg.
Nosferatu (1922, F.W. Murnau)
Dr. Mabuse: El Jugador (1922, Fritz Lang)
El Gabinete del Dr. Caligari (1919, Robert Wiene)
Metropolis (1927, Fritz Lang)
El Golem (1920, Paul Wegener)
Los Nibelungos (1924, Fritz Lang)
La fotografía enormemente contrastada, los decorados retorcidos, los rostros densos, las sombras que cobran vida, la expresión visual del recién descubierto inconsciente humano… todo ello contribuye a crear un ambiente y un carácter conflictivo, agresivo, incluso corrupto y malsano. ¿No creen que de las imagenes se desprende algo terrorífico? ¿Quizás un peligro que acecha en el línea que separa las luces de las sombras?
Ahora vean cómo subtituló a su pieza Schoenberg: Drohende Gefahr (Peligro amenazante) – Angst (Miedo) – Katastrophe (Catástrofe). Son una señal que nos lleva por ese mismo camino. Es más, a veces me pregunto si eran algo más, un aviso con connotaciones sociales y políticas (la obra se estrenó en 1930).
Aún con estas tres subdivisiones, no hay ninguna interrupción entre ellos; la obra consta de un único movimiento. Antes de oír la primera nota, la sola lectura de sus partes instala en nosotros un cierto estado de ánimo. Nos preparan para la música que se esconde tras ellos.
Pero no crean que Schoenberg lo puso fácil. De eso nada. Es más, ni siquiera escribió estos “subtítulos” en la partitura, de forma que no se sabe exactamente dónde terminan unos y empiezan los otros. Evidentemente, los musicólogos e intépretes han establecido ciertas referencias, pero, como todo aquello que es interpretable, es, en último término, sólo una hipótesis.
La orquestación es muy simple, ya que se supone que debía poder ser interpretada por un pequeño conjunto en un teatro como acompañamiento a esa película inexistente. Así, tenemos los vientos a uno y una sección de cuerda reducida.
La obra comienza con una breve introducción, un mínimo preludio que desemboca en la primera exposición de la serie dodecafónica, a cargo del oboe:
Arnold SCHOENBERG: Acompañamiento para una escena cinematográfica (Exposición de la serie por el oboe) (MP3 – 00:16 – 129 Kb)
Pueden ver la serie del puño y letra de Schönberg. Ojo con los sostenidos, becuadros y bemoles, que, aunque en algunos momentos no parezca la mismo, sí que lo es. Son las primeras líneas en verde y negro (las segundas líneas son la inversión de dicha serie, comenzando en otra nota, lab en vez de mib):
Si analizan la serie, verán que hay unos cuantos intervalos de 3ª menor, lo que hace que a veces, durante la obra, aparezcan brevemente, cual espectros medio entrevistos en las sombras, pasajes con cierta tendencia tonal. Musicalmente, es como si Schoenberg hubiera querido hacer una especie de híbrido para que el público pudiera asirse en algún momento a algo conocido.
A partir de la exposición por el oboe, la serie se configura como un tema que es variado cada vez más profundamente. Aquí tienen una muestra. Ojo, que el tema es reconocible sólo por ciertas trazas que quedan de él… pero si están atentos creo que las percibirán:
Arnold SCHOENBERG: Acompañamiento para una escena cinematográfica (Una variación rápida de la serie) (MP3 – 00:07 – 52 Kb)
Después del primer gran crescendo, los especialistas dicen que empieza la segunda parte, Miedo, justo cuando unas células repetitivas, nerviosas, se apoderan de la sección de cuerda. La de viento-madera se une a esta congoja también con notas repetidas en pequeños grupos:
Arnold SCHOENBERG: Acompañamiento para una escena cinematográfica (Inicio de
Miedo) (MP3 – 00:26 – 207 Kb)
Al final de esta parte se produce el clímax de la la pieza:
Arnold SCHOENBERG: Acompañamiento para una escena cinematográfica (Clímax) (MP3 – 00:36 – 286 Kb)
Esas cuerdas graves preparan la tercera parte, Catástrofe, que funciona a modo de coda final.
Ahora permítanme ahora una pequeña disgresión para hablarles del principio del último movimiento del último cuarteto de cuerda de Beethoven, el Op.135. Éste se inicia con un reducido motivo que Beethoven relaciona con la pregunta Muß es sein?, que podría traducirse algo así como ¿Debe ser?, pregunta a la que el propio compositor responde un minuto más tarde: ¡Debe ser! (parece ser que esta pareja pregunta-respuesta es un homenaje a Händel, compositor al que Beethoven consideraba el más grande de la historia). Oigamos ambas a continuación, la pregunta y la respuesta:
Ludwig van BEETHOVEN: Cuarteto de cuerda en fa mayor, op.135 (¿Debe ser?) (MP3 – 00:12 – 98 Kb)
Ludwig van BEETHOVEN: Cuarteto de cuerda en fa mayor, op.135 (¡Debe ser!) (MP3 – 00:29 – 230 Kb)
Schoenberg hace la misma pregunta que Beethoven, y para ello utiliza esas cuerdas graves cuyo eco todavía se conserva en nuestros oídos:
Arnold SCHOENBERG: Acompañamiento para una escena cinematográfica (Cita de Beethoven) (MP3 – 00:15 – 101 Kb)
Pero Schoenberg no responde con un Es muß sein! (¡Debe ser!), sino que deja que la pregunta se disuelva en un lento lamento. No sólo eso, sino que la música es incapaz de volver siquiera a la serie dodecafónica inicial. Apenas se inicia en sus primeras notas, se interrumpe:
Arnold SCHOENBERG: Acompañamiento para una escena cinematográfica (Intento de recuperar la serie) (MP3 – 00:25 – 202 Kb)
Perdiéndose en la distancia sonora, estos intentos fracasados culminan la obra. La catástrofe que ha venido anunciándose se ha cumplido. Se ha ido generando compás a compás, instaurando un clima angustioso desde el primer momento, y el resultado es un vacío, la incapacidad de dar marcha atrás, de resolver satisfactoriamente un conflicto, al igual que ocurre en las películas que, juntas, configurarían las imágenes que podrían ilustrar a esta música inquietante.