El compositor checo Bohuslav Martinu (1890-1959) pasó por la ciudad italiana de Arezzo, situada a medio camino entre Florencia y Perugia, en el año 1954. Allí pudo contemplar los frescos dedicados a la Leyenda de la Santa Cruz con que el pintor renacentista Piero della Francesca (1415-1492) decoró la Capilla Mayor de la Iglesia de San Francisco. De vuelta a su casa, en Niza en aquella época, compuso unas así llamadas por él “pinturas sinfónicas”, en las que más que una música programática, quiso captar las sensaciones y emociones que le produjo la obra de del pintor italiano. Por lo tanto, no cabe aquí buscar una traslación musical del arte pictórico, sino la percepción que un espectador, Martinu, tiene de él. Así, los Frescos de Piero della Francesca se convierten en una aproximación interiorizada, subjetiva, de la experiencia artística o, más bien, de la contemplación del arte.
Bohuslav Martinu
La obra posee una música muy fragmentaria, sin grandes desarrollos, aunque con una orquestación por momentos opulenta, por momentos refinada. No hay que olvidar que Martinu es deudor de:
- los impresionistas musicales, con Debussy a la cabeza,
- el Renacimiento, por medio de los madrigalistas ingleses,
- las formas concertantes del Barroco y
- el propio folklore checo
Todo esto hace que en su música no se hallen en primer término las fórmulas que desde el Clasicismo hasta nuestros días se vienen utilizando, principalmente los desarrollos que son propios, por ejemplo, a la forma sonata. Y es que cualquiera de las deudas antes referidas se encuentra más cómoda en las formas breves, los apuntes básicos, los trazos primarios.
La obra se divide en tres movimientos que paso a describirles someramente (y disculpen si no lo hago con suficiente precisión; si alguien quiere corregirme en algo o aportar su granito de arena, los comentarios están a su disposición):
- Andante poco moderato El movimiento está estructurado en base a una célula descendente de carácter lírico, un motivo rítmico rápido formado por dos grupos de notas y un movimiento oscilante que será recurrente en toda la obra (y que la dota de un particular aroma orientalista, acrecentado por el uso de escalas ascendentes y descendentes en las maderas).
Les voy a poner un par de ejemplos de este movimiento. Primero el inicio de la obra, donde el movimiento oscilante y las escalas de las maderas ponen en movimiento la música:
Bohuslav MARTINU: Frescos de Piero della Francesca (Inicio del 1er mov.) (MP3 – 00:19 – 224 Kb)
El segundo es el tema, tremendamente lírico:
Bohuslav MARTINU: Frescos de Piero della Francesca (Tema lírico del 1er mov.) (MP3 – 00:33 – 389 Kb)
- Adagio Más lento y misterioso que el anterior, comienza precisamente con una oscilación, pero ahora trasladada de las cuerdas a las maderas. Tanto instrumentos solistas como reducidos o amplios grupos orquestales intentan, en uno u otro momento, llegar a establecer algún motivo melódico, pero sin claro éxito. Como muestra de esos intentos, les voy a poner el episodio en el que el violín, tocado con incuestionable estilo folklórico, lucha con el tapiz musical de fondo. No es que el resto de los instrumentos vayan contra él en el intento de buscar una melodía… más bien van todos contra todos. Parecen unos músicos tocando cada uno sin tener en cuenta a los demás.
Bohuslav MARTINU: Frescos de Piero della Francesca (Violín folklórico del 2º mov.) (MP3 – 00:32 – 386 Kb)
En todo caso, después de otros intentos similares (y fracasados en mayor o menor medida), al final, la música queda en suspenso y un recuerdo del movimiento oscilante se reproduce en los timbales
- Poco allegro Este último movimiento comienza combinado la oscilación de forma más rítmica, expresándolo más secamente al acentuarse por medio del xilófono. Por un momento, en un instante de pausa, las cuerdas parece que conseguirán llegar a un himno, pero son interrumpidas por la oscilación rítmica. Oigan a continuación cómo, por un breve espacio de tiempo, poco más de 10 segundos, la música adquiere una serenidad que desaparece tan rápida y misteriosamente como vino, haciéndonos preguntar si llegamos a oírlo realmente.
Bohuslav MARTINU: Frescos de Piero della Francesca (Himno del 3er mov.) (MP3 – 00:47 – 554 Kb)
Sólo al final, cuando toda la orquesta parece engullida por ella, se impone el himno que va ascendiendo hasta que, en vez de culminar en un clímax orquestal, va reduciendo sus efectivos orquestales hasta que la obra finaliza de una forma más serena.
A continuación voy a reproducirles un artículo de la página Web Gallery of Art, creada por Emil Kren y Daniel Marx, sobre el arte pictórico europeo entre los siglos XIII y XVIII, con buenas imágenes, biografías y alguna que otra visita guiada, con acertados comentarios. La página original la pueden encontrar aquí, pero como está en inglés, he decidido transcribir la parte en que describen la Capilla. Si les parece interesante y quieren profundizar un poco más, entren en ella y lean los comentarios dedicados a cada uno de las pinturas.
LA CAPILLA
El trabajo sobre la serie de frescos en la Capilla Mayor de la iglesia de San Francisco en Arezzo comenzó en 1452, cuando Piero della Francesca visitó la ciudad. El pintor florentino Bicci di Lorenzo trabajaba en la capilla cuando murió en 1452, dejando la decoración apenas comenzada. Piero probablemente empezó a trabajar justo después de la muerte de Bicci, cubriendo en pocos años las paredes de la capilla gótica con los frescos más modernos y avanzados (en términos de perspectiva) que el S.XV italiano podríahaber creado.
El Crucifijo del S.XIII con San Francisco ya estaba en la iglesia cuando Piero della Francesca pintó la capilla, aunque recientemente se ha colocado el altar principal.
Vista de la Capilla Mayor
LOS FRESCOS
El tema de las escenas ilustradas por Piero está extraído de la “Leyenda dorada” de Jacopo de Voragine, un texto del S.XIII que relata la milagrosa historia de la madera de la cruz de Cristo. Este texto popular, típico del amor medieval para contar acontecimientos milagrosos, inspiró otras series de frescos en los siglos XIV y XV en iglesias petenecientes a los franciscanos. El más importante precedente iconográfico para las escenas de Piero son los frescos de Agnolo Gaddi pintados para los franciscanos en la Iglesia de la Santa Croce de Florencia.
La historia cuenta cómo Adán, en su lecho de muerte, envía a su hijo Seth al Arcángel Miguel, quien le da algunos semillas del árbol del pecado original para que se las coloque a su padre en la boca en el momento de su muerte.
El árbol que crece en el sepulcro del patriarca es talado por el Rey Salomón y su madera, que no podía ser utilizada apenas para nada más, se coloca sobre un pequeño río para servir como puente. La Reina de Saba, en su viaje para ver Solomon y oír sus sabias palabras, está a punto de cruzar la corriente cuando milagrosamente tiene la visión de que crucificarán al Salvador en esos maderos. La Reina se arrodilla en devota adoración.
Cuando Salomón descubre la naturaleza del mensaje divino recibido por la Reina de Saba, pide que quiten puente y que la madera, que causará el final del reino de los judíos, se entierre.
Pero es encontrada más tarde y, después de un segundo mensaje premonitorio, se convierte en el instrumento de la Pasión.
Tres siglos más adelante, momentos antes de la batalla de Ponte Milvio contra Maxentius, el emperador Constantino tiene un sueño, en el que se le conmina a luchar en el nombre de la Cruz para superar a su enemigo.
Después de la victoria…
… su madre, Helena, viaja a Jerusalén para recuperar la madera milagrosa. Nadie sabe donde está la reliquia de la Cruz, excepto un judío llamado Judas. Éste es torturado en un pozo…
… y confiesa que él conoce el templo donde se ocultan las tres cruces del Calvario. Helena ordena que el templo sea destruido; se encuentran las tres cruces y se descubre la Cruz Verdadera porque resucita milagrosamente a un joven muerto.
En el año 615, el rey persa Chosroes roba los maderos, haciendo de ellos objetos de adoración. El emperador bizantino Heraclius emprende una guerra contra el rey persa para recuperarlos…
… y, derrotándolo, vuelve a Jerusalén con la Madera Sagrada. Pero una energía divina evita que el emperador haga su entrada triunfal en Jerusalén. Así que Heraclius, deshaciéndose de toda pompa y magnificencia, entra en la ciudad llevando la Cruz en gesto del humildad, según el ejemplo de Jesucristo.
Hay que tener en cuenta que el orden de ejecución de las escenas no corresponde al orden en que se desarrolla la historia. Esto es así seguramente debido a razones técnicas, ya que el andamio sólo se retiró después de acabar la parte superior de la pared. Además de las escenas descritas, Piero también pintó otros frecos no relacionados con la “Leyenda dorada”, que no incluyo aquí pero que pueden consultar en la página sobre esta obra a que me referí anteriormente.
Volviendo a la obra de Martinu, personalmente, lo que más me llama la atención de ella es la permanente utilización de ese movimiento de vaivén, oscilante, a lo largo de toda la obra. ¿Tiene algún significado extramusical? Si lo tiene, ¿en qué consiste? ¡Quién sabe! Quizás las idas y venidas de la madera de la Cruz de Cristo. O puede que sea una transposición musical de la duda que los hombres tienen ante la fe religiosa como consecuencia de las atrocidades del mundo (no olvidemos que se compuso una década después de la Segunda Guerra Mundial).
Y el final, sereno pero no demasiado, como guardando algo en su interior, como si no fuera del todo perfecto. Si Martinu quiso transmitir su impresión al contemplar los frescos de Piero, ¿por qué terminar su composición con algo que tuviera un débil destello de oscuridad? Y es que aunque la Cruz simboliza el fervor religioso, basado en la redención de la humanidad a través del sacrificio de Cristo, su historia, tal y como lo relata la “Leyenda dorada” y las pinturas de Piero, no deja de estar entrelazada con guerras, muertes y torturas. Después de todo, quizás el final del viaje musical intente expresar la marca que esos males han dejado en el símbolo religioso y reforzar la sensación de duda.
En fin, cada uno puede elaborar su propia interpretación. Háganse con una grabación y escúchenla detenidamente. Miren las pinturas y mediten sobre ambas obras. Anímense, por ahora eso no ha matado a nadie y es un sano ejercicio mental.
Retrato-caricatura de Martinu