El horror y la música
Se cumple estos días el 60º aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz por parte del ejército soviético. Los músicos, al igual que el resto de la humanidad, también perdieron parte de sus más grandes esperanzas en estos campos de la muerte. Los tres compositores más conocidos que murieron a manos de los nazis, precisamente en las cámaras de gas de Auschwitz, son Pavel Haas (1899-1944), Hans Krasa (1899-1944) y Viktor Ullman (1898-1944). Ninguno de los tres había cumplido los 50 años cuando fueron asesinados en el mismo año, así que dejaron muchísima música por escribir. ¿Cuánta? Para eso, volvemos nuestra vista a otro compositor que logró sobrevivir el horror nazi: el francés Olivier Messiaen (1908-1992).
Messiaen tuvo la suerte (si que a esta jugada del destino puede denominársela así) de acabar en el campo de trabajo Stalag VIIIA en la ciudad de Görlitz, Silesia, con lo que se libró de la suerte que corrieron Haas, Krasa y Ullman. No sólo eso, sino que en las duras condiciones de un prisionero de los nazis en un campo de trabajo compuso una de sus obras más estremecedoras: el Cuarteto para el Fin de los Tiempos.
Desde luego, para un católico practicante como Messiaen, organista de la Iglesia de la Trinidad de París, tal título tiene un significado muy esclarecedor, más teniendo en cuenta su situación personal en esos momentos. Pero más allá de esa evidente relación entre el Libro del Apocalpsis y el Holocausto, el Fin de los Tiempos supone una promesa de de paz y amor eternos, por lo que el tiempo deja de tener significado. Una esperanza infinita. Y eso lo transmite esta obra como pocas en la historia de la música. El movimiento final del Cuarteto tiene una cualidad de éxtasis místico insuperable, dejando que la música se eleve hasta los registros más agudos del violín en un lento decrescendo, con lo que Messiaes no permite vislumbrar, entrever por una rendija el Reino de Dios más allá de la muerte. Independientemente de las ideas religiosas que cada uno pueda tener, no me cabe duda de que la paz eterna que se desprende cuando el último sonido se ha extinguido por fin es apreciable por cualquiera.
En cuanto a la parte técnica de la obra, ¡qué decir! Empezando por la extraña configuración del cuarteto. Ya saben que lo habitual es el cuarteto de cuerda: 2 violines, 1 viola y 1 violoncello. Mas en Silesia, Messiaen no tenía esa formación a mano, así que este cuarteto es para otra bastante más inusual: clarinete, violín, violoncello y piano. Y esto es gracias a que otros músicos amigos suyos fueron compañeros de penurias en el campo de concentración. De hecho, se estreno allí mismo, ante los guardias y prisioneros del campo, lo que constituye un oasis de civilización y humanidad dentro del terror nazi.
No sólo la formación es peculiar, sino que incluso los movimientos también lo son: son más aquellos en los que no participan todos los instrumentos que los que tienen un dúo o un solo como intérpretes. El más famoso: el movimiento Abismo de los pájaros, que interpreta el clarinete de forma solista.
Por supuesto, en esta obra podemos encontrar a un Messiaen maduro en cuanto a su técnica compositiva: ritmos no retrogradables, modos, adición y sustracción de duraciones, etc. Es lo que tiene las obras maestras, que aúnan en sí una técnica compositiva depurada con un música que es capaz de llegar directamente a nosotros de la forma más pura, incluso en obras del S.XX (ya que no tiene que ver con la supuesta belleza de las melodías) que seguro que alguno piensa que eso no puede ser “bello”… pues sí, lo es, y el Cuarteto Para el Fin de los Tiempos es una demostración clara de ello (por si alguno tiene dudas, que la escuche y luego hablamos).
Hay un artículo muy interesante de Alex Ross escrito para The New Yorker sobre las circunstancias de la creación del esta pieza que, si sabeis inglés, os recomiendo que leais.
¿Quién dijo que la música no era importante? Cuando el mundo se derrumaba a su alrededor, Messiaen encontró un asidero en ella; cito textualmente:
Volviendo al principio: fue una suerte que Messiaen se librará de la muerte en aquella época. Desde entonces, ha seguido impartiendo sus clases a una gran cantidad de compositores (Boulez y Xenakis entre ellos) y proporcionado al mundo un gran cantidad de música increible (la Sinfonía Turangalila, Destellos del Más Allá, De los Cañones a las Estrellas, Chronocromie, etc.). ¿Qué hubieran podido ofrecernos Haas, Krasa y Ullman?

Según el diario
Las andanzas del ciego más famoso de las viñetas, Matt Murdock / Daredevil (o, como antiguamente lo conocíamos por estos lares: Dan Defensor… ¡qué delito tenía eso!) hace ya muchos meses que son relatadas a través de la máquina de escribir de
Esta vez en otro de los sitios fundamentales dentro del mundo del cómic en la internet española: el