Curso de música – Lección nº5
5. La duración de las notas
La música es un arte que se desarrolla en el tiempo, como el cine, la danza o el teatro (la pintura, la escultura, la fotografía e incluso la literatura se desarrollan independientemente del tiempo). Por lo tanto, necesitaremos establecer la duración de los sonidos. Para ello utilizamos las figuras musicales.
La altura de la nota ya le hemos determinado a través del círuclo negro dentro del pentagrama. Bien, no siempre es negro, a veces puede ser blanco (más exactamente, el borde negro, pero el interior blanco). Estos círculos constiutyen la cabeza de la nota. La forma del resto de la nota es la que nos dice cuánto dura.
Ahora vamos a dar duraciones relativas, o sea, que esta nota dura tantas veces esta otra (veis que utilizo nota y figura indistintamente… bueno, así es, lo siento).
Además, no sólo puede haber sonidos… sino también silencios. Vamos, que no suena nada. Estos silencios pueden tener distinta duración; pero para hacer más sencillas las cosas, lo que hay es un silencio por cada una de las figuras, son la misma duración. Así que veamos en el siguiente cuadro las figuras y sus nombres, junto con los silencios correspondientes, para así presentarlas a todas (o, por lo menos las principales), y luego ya vermos duraciones y ejemplos.
| Nombre | Figura | Silencio |
| Redonda | ||
| Blanca | ||
| Negra | ||
| Corchea | ||
| Semicorchea | ||
| Fusa |
Primero, unas puntualizaciones:
- Como ven, la redonda no tiene “palo”, sino sólo la cabeza de la nota.
- Los silencios de redonda y blanca se pueden confundir. Mucho ojo: el de redonda cuelga de la 4ª línea, mientras que el de blanca descansa sobre la 3ª.
- A partir de la corchea, se van añadiendo “rabitos” al palo de la nota. Teóricamente hasta el infinito, aunque no tendría mucho sentido. Yo sólo he visto, después de la fusa, las semifusas y las garrapateas (y sí, es el nombre, tonto, pero cierto).
- Los silencios de corchea en adelante funcionan igual que las figuras, se añaden rabitos al palo diagonal principal.
Ahora veamos cómo se relacionan las duraciones de estas figuras y silencios. Es muy, muy fácil. A medida que descendemos hacia la parte inferior del cuadro, vamos reduciendo a la mitad la duración, mientras que si subimos, la doblamos.
Así, 1 redonda dura lo mismo que 2 blancas, que 4 negras, que 8 corcheas, 16 semicorcheas o 32 fusas. Por lo tanto:
- 1 redonda = 2 blancas
- 1 blanca = 2 negras
- 1 negra = 2 corcheas
- 1 corcheaa = 2 semicorcheas
- 1 semicorchea = 2 fusas
¿Cuántas negras durarían lo mismo que 6 corcheas? 3. ¿Y cuantas fusas? 24.
Alguien ahora podría decirme que cuántos segundos dura es una negra, por ejemplo. Mi respuesta es: no lo sé. Lo juro: ni idea. Eso depende de lo rápido o lento de la pieza… lo que se denomina el tempo. Lo que hemos visto es una duración relativa entre las diferentes figuras
Para que todo queda claro, veamos algunos ejemplos.

Por cierto, habrán visto tres símbolos nuevos en la partitura anterior:
- Esa especie de C que hay después de la clave de sol es una indicación del compás. Los compases ya los explicaré otro día. Por ahora, basta con que sepan sabes que ése símbolo en concreto indica que cada compás consta de 4 negras o de conjuntos de figuras equivalentes a 4 negras.
- La línea vertical que atraviesa el pentagrama aproximadamente a la mitad sirve para separar un compás del siguiente y así poder facilitar la lectura. En la partitura anterior tenemos, por lo tanto 2 compases (ya sé que hay una barra más al final, pero es porque no he podido hacer la imagen sin ella)
- La negra = 60 que hay al principio, sobre el pentagrama, nos dice que en esta pieza, en 1 minuto deben entrar 60 negras. Más fácil: que 1 negra dura 1 segundo. Así, tenemos ahora la duración absoluto de las figuras
Ya ven que el sonido de piano se atenúa muy rápidamente. Pero he preferido éste al de un clariente, por ejemplo, para que puedan diferenciar exactamente cuándo empieza cada nota. Ahora pasemos a ver 2 compases de blancas.

Introduzcamos negras en las segundas partes de cada compás.

Y ahora con 2 silencios: el primero de negra y el segundo de blanca. Ojo, el piano se atenúa, pero aún así notarán cuándo acaba la nota.

No dirán que esto es muy difícil. Compliquémoslo un poco introduciendo corcheas y semicorcheas:

Ejem, me he pasado, ¿no? Vamos, vamos, que no se diga que no son capaces de seguirlo. Eso sí, hay alguna cosa nueva y alguna que otra curiosa.
Lo primero es lo nuevo: la agrupación de corcheas y de figuras de menor duración en el mismo “golpe” del compás. ¿Ven esas dos notas unidas casi al final del primer compás? También están en el segundo compás. Además, en este último también hay una agrupación de cuatro notas. Veámoslas señaladas con círculos rojos.

En realidad el primero y el segundo grupo no son más que corcheas. Lo que pasa es que cuando están juntas y pertenecen a mismo “golpe” del compás (o tiempo, que es más correcto), sus “rabitos” se juntan.
Como ya habrán adivinado, el último grupo, el de cuatro notas, al tener dos barras horizontales, deben ser cuatro semicorcheas juntas… y así es.
¿Por qué se hace esto? Pues, nuevamente, para facilitar la lectura; y si no, veamos cómo quedaría si no hubiéramos hecho esos grupos.

Uf. Es bastante más lioso. El que estén agrupados nos facilita la lectura.
De idéntica forma, quizás podríamos unir las 2 semicorcheas que aparecen al principio del segundo compás, pero no queda muy bien (no es que esté mal, ojo), ya que el silencio que va después de la 2ª semicorchea quedaría visualmente fuera de esa especie de grupo… hay que tener en cuenta la siguiente máxima: la escritura debe facilitar la lectura.
Otra cosa que hay que comentar es que ven que he puesto al principio unas corcheas con sus silencios. Al principio choca un poco verlos juntos, porque son signos ambos un poquillo retorcidos, pero bueno, al escuchar el ejemplo espero que hayan oído tanto las notas como los silencios. Pongamos el último ejemplo:

Bien, lo que hay que decir de este último es que casi al final tiene un grupo que contiene notas diferentes: 1 corchea y 2 semicorcheas… lo ven claramente por el número de barras horizontales que unen los palos de las notas. Y es que esas tres notas constituyen la tercera parte del segundo compás, así que se juntan. Como adivinarán, las únicas notas que no pueden juntarse, por carecer del “rabito” (no se si estoy hablando de figuras musicales o de anatomía, ejem) son las redondas, las blancas y las negras.
Hala, por hoy es suficiente. Hasta aquí habrán aprendido algo (espero) sobre:
- Las figuras musicales.
- Sus correspondientes silencios.
- Sus duraciones relativas.
- Cómo ponerlas en el pentagrama.
El próximo día les contaré más sobre los compases y sus diferentes tipos. Hasta entonces, ¡adios a todos!.

Al fin los organizadores del
Os voy a situar. Estamos en Coruña, C/ Riego de Agua, 33-35. El bajo está ocupado por una cafetería: La Barra. Para los que no la conozcan, esto no les dirá nada, pero les voy a contar qué clase de local es. De los de toda la vida… y lo digo literalmente, ya que se inauguró en 1928. En él uno puede tomarse un café, una cerveza, una copa sin prisas: leyendo un periódico, juegando una partida de parchís, cartas o dominó, charlando durante horas, escribiendo una carta o lo que sea que uno haga. Es más, puede estar sin hacer nada, que nadie le pondrá mala cara. Porque el tiempo allí no importa… no le retiran las cosas de la mesa, echándole miradas furibundas del tipo Hala, arreando, que así puede venir otro cliente. Todo lo contrario, las personas que trabajan (y las que trabajaron en algún momento) en La Barra siempre han sido tremendamente amables, dispuestos a hacer una broma o a discutir por el resultado de un partido de fútbol; y todo sin perder la profesionalidad. Porque no he visto nunca camareros más eficaces: tantas mesas que atender y no cometen ni el más mínimo error.
Esto es así porque nunca quisieron crear un ambiente particular, así que no existe la música y el único sonido es el de la televisión, situada en la pared, en un extremo de la barra y que, por cierto, apenas se oye, para que así no perturbe las conversaciones de los parroquianos. Si hay un sonido característico es el de los dados en los cubiletes del parchís y el de las fichas de dominó estampandose sobre las mesas de mármol (no soy experto geólogo, pero creo que son de ese tipo). La decoración brilla por su ausencia… unos cuantos carteles y poco más. Eso sí, con los enormes ventanales llega y sobra (las mesas que dan a ellos son las más solicitadas).

















Si Ulises levantara la cabeza, se hubiera retirado de la guerra de Troya que retrata la última película de Wolfgang Petersen… poca inteligencia se requirió para tamaña empresa y sí ingentes cantidades de soldados. Incluso el detalle del caballo casi se escamotea en la película de la mínima importancia que se le da; vamos, lo sacaron porque hay que sacarlo, pero en realidad no les agradó, que es un caballo de madera e inmóvil, no se carga a nadie, ni siquiera con sus astillosas pezuñas. Petersen está muy, pero que muy lejos de sus mejores obras: El Submarino (1981) y En la Línea de Fuego (1993).