Pumby de luto

Tengo en un armario unos cuantos números de la colección Libros Ilustrados Pumby. No recuerdo cuándo me los compraron, pero supongo que en la primera mitad de la década de los 70. Pumby es un gato que vive mil y una aventuras, ya sea en un reino bajo el mar, con unos indios o intentando atrapar a unos gángsteres. Por supuesto, siempre acompañado de Blanquita y Chivete.

Eran historias dibujadas con un estilo heredado de la tradición antropomórfica de Dysney, quizás un poco más naïf, pero a cambio con ese punto pop y surrealista de la Escuela Valenciana. Cuando unos años más tarde apareció la revista Don Miki, con sus Patomas, sus sagas como “La Dinastía de los Patos”, etc., algunos seguro que vimos inconscientemente en ellas una continuación a ese mundo que abrió para nosotros Pumby.

Esta semana murió José Sanchís, el creador de Pumby.

20110022
Portada del nº35 (“Aventura Submarina”) de las colección Libros Ilustrados Pumby.
Categorías: Comics

Minireseñas tebeísticas

Aquí van unas rápidas minireseñas de los últimos cómics que he leído:

AGENCIA DE VIAJES LEMMING, de José Carlos Gonzales (Ed. Astiberri):

Siguiendo la línea de La Peor Banda del Mundo, Fernandes vuelve con su pequeñas historias cargadas de ironía, poesía y surrealismo a partes iguales para llevarnos de viaje a una serie de ciudades imaginarias herederas directas de las ciudades de Italo Calvino. Pero si en La Peor Banda del Mundo su toque estaba lleno de originalidad, aquí nos llega con menos frescura, estancándose por momentos sin hacer evolucionar su estilo hacia otros lugares que no hubieran sido ya acertadamente frecuentados por aquellas fabulosa serie.

20110016

ASTRO CITY Vol.7 “LA EDAD OSCURA 1: HERMANOS Y OTROS EXTRAÑOS”, de Kurt Busiek, Brent Anderson y Alex Ross:

Las historias cotidianas de este peculiar mundo de superhéroes inspirado en los numerosos personajes de las editoriales más populares sigue siendo una baza segura en cuanto a calidad, que volumen sí, volumen también, se sitúa en ese notable alto con momentos de sobresaliente. En este volumen asistimos a la desconfianza del público hacia los héroes y cómo éstos se vuelven más retorcidos, se esconden y, en definitiva, sufren dudas y desdichas similares a las que sufrieron sus contrapartidas “reales” en los tebeos de los años 80. Todo desde el punto de vista de dos hermanos sin poderes: uno ladrón y otro policía.

20110017

LARGO WINCH 17: “MAR NEGRO”, de Jean Van Hamme y Philippe Francq:

Vuelve el millonario en vaqueros a nuestras librerías, comenzando su noveno díptico, por ahora centrado geográficamente en Turquía (que fue uno de los primeros lugares visitados por la serie) y Suiza, un volumen en el que el presidente del Grupo W tendrá que vérselas con misteriosas transferencias bancarias y el tráfico de armas en el Mar Negro. Como siempre, Largo Winch es un valor seguro dentro del polar de acción franco-belga. Una de mis series preferidas de siempre.

20110018

¡Puta guerra!

Jacques Tardi es uno mis dibujantes de comics preferidos. Muy personal (se le reconoce al primer vistazo), no poseeun estilo realista como Vance o Guillon ni tampoco ha sucumbido al de la últimas generaciones (que a mi juicio tienden excesivamente de la caricaturización y la simplicidad). En resumen, es capaz de ser lo suficientemente detallista sin perder la sensación de estar ante un tebeo.

En cuanto a sus dotes como guionista, es bastante competente: desde sus originales de Adéle-Blanc-Sec (recuperada estos meses por Norma en una edición integral) hasta sus adaptaciones de novelas de otros autores: la excelente serie del detective de los años 40 Nestor Burma (cuyos libros de Léo Malet empiezan a ser publicados en España por la editorial Libros del Asteroide) y la irregular El Grito del Pueblo (que adapta la novela de Jean Vautrin).

Uno de los temas recurrentes de Tardi es la Primera Guerra Mundial, conflicto en el que luchó su abuelo. Si no han leído El Soldado Varlot, deberían hacerlo, porque es un fascinante, crudo y emocionante relato, tan bien escrito como dibujado. El horror y la desesperación, la sensación de que aquel conflicto fue un absurdo y una carnicería se materializan ante nosotros en cada una sus viñetas.

Hace un par de meses Norma Editorial publicó un nuevo título del dibujante francés relacionado con aquella guerra: ¡Puta guerra!. Yo me acordaba de El Soldado Varlot y pensaba que si estaba la mitad de bien que éste, sería una buena compra.

20100065

Pero, oh, decepción. Verán, ¡Puta guerra! no es un mal comic; decir eso sería mentir y no ser justo. Es correcto… pero eso no me parece suficiente viniendo de Tardi. Apenas existe un hilo conductor de la narración, predominando más una visión histórica de la guerra, mencionando hechos y batallas. No se olvida del punto de vista del soldado de a pie, pero es un punto de vista descafeinado. No sé si el hecho de trabajar al alimón con el historiador Jean-Pierre Verney ha influido en ello, pero es indudable de que el comic es un tanto aséptico de más, algo que no me parece que case bien con el tipo de dibujo de Tardi, poco dado a las líneas geométricas. Esta sensación de frialdad está reforzada por la rígida planificación, que consiste casi exclusivamente en páginas de 3 viñetas horizontales (se diría un formato panorámico) y en la ausencia de bocadillos de dialogo, utilizando sólo cuadros de texto de apoyo casi exclusivamente descriptivos o que aportan datos de la contienda. Ahora que lo pienso, parece más un tebeo-documental que otra cosa, pero no uno como los que nos pueden haber ofrecido Joe Sacco, Guy Delisle o Marjane Strapi, que tienen (en diferentes temas) algo que hace que el lector se implique más en la historia: entrevistas y una aproximación periodística, un toque de humor o una historia vivida en primera persona. Si eso, el impacto de ¡Puta guerra! es mínimo.

No deja de ser curioso que la opinión de Tardi respecto de los conflictos bélicos en general y de la Gran Guerra en particular se dejen traslucir en el título del comic (¡Puta guerra!), dando una sensación de visceralidad de la que luego carece por completo su contenido.

Categorías: Comics
Tags: , ,

Gemma Bovery

Hace poco menos de un año conocí parte de la obra de la británica Possy Simmonds. Fue con motivo de la exposición de algunos originales suyos en la muestra Viñetas del Atlántico 2009. No soy fan de la exposición de originales y ya verán por qué.

Lo que vi me agradó. Una mezcla entre texto y dibujo que me pareció bastante atractiva. El apoyarse en un texto descriptivo o usar pocos o ningún bocadillo de diálogo no es nuevo; sin ir más lejos y por citar un ejemplo excelso, está el Principe Valiente de Hal Foster. Pero la diferencia es que en este último cada texto está asociado a una viñeta, meintras que en las páginas que vi en la exposición esto no sucedía. La relación entre texto y dibujo era más débil y casi podríamos hablar de estar en el límite entre tebeo y libro ilustrado (y no digo que sea eso, un libro con ilustraciones, pero espero que así puedan entenderme mejor). He aquí una página de su obra Gemma Bovery (no es de la edición española).

20100054

Así que, a pesar de mi reticencia a fiarme de una exposición, me apunté la obra y esperé pacientemente a que alguien la publicara en España, algo que sucedió hace un par de meses.

20100053

No es un mal tebeo. Pero tampoco es lo que me esperaba. Y precisamente por lo que más me atraía de él: la separación existente entre texto y viñetas.

Pero empecemos por el principio. La historia no es muy original: los amores y desamores de Gemma Bovery y su relación con la Emma Bovary de Beaudelaire. En Londres, Gemma tiene un amante que la abandona. Luego se casa con otro tipo y juntos se van a vivir al norte de Francia. Allí, el panadero local, casado, pero enamorado-a-distancia de Gemma, contempla (en parte) sus lances maritales y extramaritales. La conducta y peripecias de Gemma le comienzan a parecer las del personaje de Beaudelaire, así que, para evitar que el fatal destino que sufría Emma no se reproduzca en su amada Gemma, empieza a actuar como un demiurgo en la sombra.

Ya ven. No es original. Amores, desamores, idas, venidas, peleas, reconciliaciones y el juego novelesco es algo ya visto. Pero ese no es el problema, como tampoco lo es el equilibrado trazo del dibujo de Simmonds, en blanco y negro, lo suficientemente detallado y expresivo como para no considerarse una pura caricatura esquemática, pero tampoco llevado al extremo del realismo; un dibujo que me recuerda a los ilustradores de las páginas interiores de la revista The New Yorker.

El problema es que la desconexión entre el texto y la viñeta hace que la historia siempre mantenga una temperatura varios grados por debajo de lo que a mi me parece que le conviene. No me produjo más sentimientos que los que me ofrece un catálogo de maquinaria agrícola. Y ese es un gran inconveniente si de lo que se habla es del devenir sentimental de la protagonista, pues en ningún momento nos identificamos con ella ni, la verdad, con ningún otro personaje. Y es que no hay tensión, ni siquiera en los escasos momentos en que los que aparece un leve suspense.

Repito lo que escribí en el primer párrafo: no soy fan de las exposiciones de originales en las ferias de comics. La razón es que no proporcionan el disfrute de la obra completa, como sí sucede con la pintura. Sólo ves un trocito. Y, por mucha filosofía que le echemos, la parte no es el todo. En el caso de Gemma Bovery, la exposición prometía algo mucho mejor de lo que al final fue. Pues eso, una (pequeña) decepción.

Categorías: Comics
Tags: ,

Un Hércules rescatado del olvido

A mediados de los años 70, cuando yo tenía unos 10 ó 12 años, mis amigos se dividían en dos grupos que eran permeables entre sí (ya que sus componentes podían pertenecer también a ambos): los del cole y los del barrio. Entre los del barrio había un subconjunto: los del edificio.

Ahora no se ve mucho en las ciudades, pero antes los críos del edificio nos juntábamos para darle patadas a un balón de fútbol, irnos con las bicis a otros pueblos o comer el bocadillo de la tarde mientras jugábamos a las chapas.

Uno de estos amigos del edificio tenía en su habitación un tebeo que me dejaba siempre que se lo pedía… y se lo pedía muchas veces porque era fascinante por su colorido y por la historia que contaba. Se trataba de Los 12 Trabajos de Hércules, de Miguel Calatayud.

20100042
“Los 12 Trabajos de Hércules”, de Miguel Calatayud. Ed. Trinca (años 70)

Supongo que a la mayoría de los niños nos han interesado alguna vez el mundo mitológico griego (y su hermano menor romano). En él, y para un chaval de mi edad, los 12 trabajos herculinos eran el no va más de la heroicidad. Un tipo que iba en pos de animales salvajes como leones y jabalís, de otros mitológicos como la Hidra, un señor que era capaz de limpiar unos establos que, por lo que se deducía del texto, debían ser más grandes que el edificio más grande del mundo, y que encima poseía la picaresca de un ladrón para conseguir unas manzanas y un cinturón… en fin, ese tipo tenía que caerte bien.

Pero es que eso no era todo. El dibujo que materializaba esas extraordinarias aventuras era impactante: un glorioso colorido y unas imágenes modernas que poco tenían que ver con las otras aventuras que yo había leído hasta entonces. No es que fueran mejores, sino diferentes a los Asterix, Tintín, Mortadelo o Roberto Alcázar. Veías los dibujos de Calatayud (en esa época por supuesto ni sabía quién las dibujaba ni me importaba) y pensabas que Hércules, Euristeo, Hipólita y los demás personajes eran gente “a la última”, como la que adivinabas cuando veías la portada del single del Yellow Submarine (Calatayud bebe del estilo de George Dunning). Los colores eran espectaculares en su combinación y en su uso a modo de ilustración. Dicen que Calatayud consigue con ellos dar la sensación de movimiinto, algo que no comparto. Al contrario, a mí me da la impresión de una hermosa estaticidad, una similar a las de los códices medievales que pacientemente iluminaban los monjes con aquellos colores tan vivos. Era una modernidad que tenía su base en la antigüedad.

Y por supuesto, esa base también se remontaba a la Grecia clásica en la utilización de esquemas que encontramos en la decoración de dicha época: en jarrones, en frisos, en vajillas. Calatayud los tralada al tebeo en la posición corporal de los personjes, con sus perfiles forzados y también en la sucesión de figuras murales que muestran, por ejemplo, unas sirvientas portando vasijas o unos guerreros con escudos y lanzas. Estas dos formas de integrar el arte griego en el comic pueden observarse en la siguiente imagen (la primera página del tebeo (la viñeta con las cuatro sacerdotisas en procesión y, en la siguiente, la posición de Hércules a los pies del oráculo).

20100044
Primera página de “Los 12 Trabajos de Hércules”, de Miguel Calatayud. Ed. Trinca (años 70)

Este comic acaba de ser felizmente rescatado de su sueño de casi cuarenta años (se publicó en 1972) por la Ediciones de Ponent en una magnífica edición, con su cubierta renovada y una serie de artículos para poner en contexto la obra y el autor. Para mí, uno de esos tebeos que deben de estar sí o sí en la biblioteca de cualquier aficionado al tebeo. En realidad, en la biblioteca de cualquier persona que guste de leer y ver. Si bien Los 12 Trabajos de Hércules no es perfecto (sus abruptos enlaces entre aventuras no son de mi agrado, me dan la impresión de cierto descuido), pasar sus páginas y descubrir su imaginería pop es toda una delicia.

20100043
“Los 12 Trabajos de Hércules”, de Miguel Calatayud. Reedición por la Ed. Ponent Mon (2010)
Related Posts with Thumbnails

Entradas más antiguas